martes, 12. septiembre 2006
Jaime, 12 de septiembre de 2006 9:21:35 CEST

Huelga de hambre


Matías Centollo lleva tres semanas en huelga de hambre y su estado de salud comienza a preocupar a los médicos, que creen que el pobre hombre podría quedar con secuelas irreversibles si no pone fin a su protesta.
Centollo fue multado hace alrededor de un mes por aparcar encima de un señor de Cuenca. "Y además la grúa se me llevó el coche --explica--. ¡No molestaba a nadie, aparcado sobre ese señor tan bajito!". Centollo se comprometió a ponerse en huelga de hambre, es decir, a no pasar más hambre hasta que le fuera devuelto el importe de la multa y el alcalde le presentara sus disculpas.
Así, en un día normal puede comer tranquilamente varias decenas de bollos variados, dos o tres filetes de ternera, la pechuga de algún ave, algún plato de arroz a ser posible con marisco, pasta con todo tipo de salsas y acompañamientos, doradas, atunes, merluzas y otros pescados, dos o tres ensaladas, un total de seis o siete bolas de helado, dos o tres yogures, algún flan y fruta variada, todo ello acompañado con un par de barritas de pan y regado con agua, vino leche y café. El objetivo es evitar que le entre el gusanillo y, con la entrada en actividad del hambre, se vean truncados sus esfuerzos por mantener la huelga.
Centollo ha recibido muestras de solidaridad de toda España, solidaridad que se ha mostrado en forma principalmente de repostería variada, que es lo que mejor aguanta los envíos postales.
Sin embargo, los dos médicos que controlan su protesta temen por la salud de Centollo Matías, que ha ganado ya más de veinte quilos y cuyas grasas saturadas están más saturadas que nunca. Y no es lo único: suda tanto que sólo se viste con una toalla enorme a modo de túnica y su colesterol ya tiene vida propia y responde al nombre de Juan. Además, el otro día una señora bajita le dio un abrazo solidario y aún están buscando a la pobre mujer.
Su abogado confía en llegar pronto a un acuerdo con las autoridades: "Porque si explota --amenaza--, la ciudad quedaría bajo una lluvia de empanadillas y bizcochos a medio digerir. Y luego ¿quién limpia toda esa porquería? ¿Eh? ¿Vas a ser tú, eh? Sí, te hablo a ti, vago repugnante".


 
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