jueves, 7. septiembre 2006
Jaime, 7 de septiembre de 2006 9:42:01 CEST

Entrevistamos (otra vez) a Osama Bin Laden


Después de cruzar el pasillo de Birguidín en jeep y atravesar la cordillera de Malokain en un destartalado helicóptero, bordeamos la selva de Sandochui en una vieja furgoneta robada a unos hippies hindúes. Después nos adentramos en la zona más peligrosa y desconocida del Pakistán: la región del Malakajan, llamada antiguamente Hindurreti.
Por aquellos caminos vigilados por mil ojos y quinientos kalashnikov ocultos entre las rocas, sólo podíamos ir en mula, ya que los coches no cabían entre las escarpadas paredes de piedra. Durante el viaje, agotador, nuestros guías no cesaron de lanzar mensajes con linternas a los vigías de las cordilleras por las que pasaríamos al día siguiente, vigías a los que no veíamos y a quienes había que avisar de que nuestro paso estaba permitido. En caso contrario, no hubiesen dudado en dispararnos entre ceja y ceja antes de preguntar y sin darnos siquiera tiempo para enterarnos de qué nos había matado.
Tras veinte días de camino, llegamos a la cafetería de El Corte Inglés de la avenida Diagonal, donde nos esperaba Osama Bin Laden tomando un granizado de limón.
--¿Qué tal?
--Muy dulce... Oh, te refieres a mí, yo hablaba del granizado. Sí, muy dulce, también.
--Señor Bin Laden...
--Sam, por favor, llámame Sam.
--Oh... Sam... Ah... Quería preguntarle...
--¡No! No te he traído aquí para que me preguntes cosas. Además, siempre acabamos hablando de mi supuesto "problema" con las mujeres. Y yo no tengo ningún problema con las mujeres. Si las tapo tanto es porque mi exagerada virilidad me llevaría a violarlas a todas si les viera apenas una aleta de la nariz.
--Sí, ya, pero, pongamos por caso, si una mujer desnuda se le acerc...
--Sólo te he traído aquí para que le digas al mundo entero que pienso seguir llevando el amor a todos los rincones de este planeta tan hermoso.
--(...)
--¿Qué pasa?
--Er... ¿El amor?
--Sí, el amor. ¿Piensas que soy cursi? Si creer en el amor entre las personas es ser cursi, llámame cursi. Si es delito ser cursi, me declaro culpable. Si ser cursi significa ser un afeminado, que me apedreen en Riad. ¡Tengo tantas ganas de abrazar a todo el mundo! A mí es que lo de la solidaridad entre los pueblos me apasiona.
--¿Y cómo encajan los atentados terroristas en este nuevo... er... delirio?
--Ah, perro infiel, cómo se nota que no tienes idea de nada de lo que ocurre en el mundo, rata ignorante, cerdo prosionista, estúpida vaca occidental...
--¿Podrías dejar de llamarme animales?
--Podría, pero no quiero, sucia lagartija adoracrucifijos. Si leyeras la prensa sabrías que el 11-S lo preparó la Cia, el 11-M es cosa de Eta y de los masones, y el 7-J es obra de unos jamaicanos descontrolados que no tenían nada que ver con la asociación benéfica que presido, es decir, Al-Qaeda, en español, Amor Eterno. ¡Soy inocente! ¡Yo no lo sabía, pero las teorías de la conspiración me han abierto los ojos! ¡Inocente! ¡Yo! ¡Y hermoso como una paloma blanca! Si quisiera, podría volver a mi apartamento de Nueva York sin usar mi nombre falso (Osomo Bon Lodon). De todas formas y entre tú y yo, te diré que los atentados que por algún extraño motivo recordaba más o menos vinculados a mi ong, no me parecen mal del todo, ya que también llevan a la felicidad y al amor.
--¿Cómo?
--Por supuesto, ¿acaso no los terroristas no nos hemos caracterizado siempre por ir dando abrazos cual teletubbie?
--Hombre, no sé yo...
--Sí, abrazos... Con nuestros cinturones cargados de explosivo plástico.
--Coño, Sam, no me jodas. Esa no es forma de demostrar el amor.
--Sí que lo es, según el Islam, que es la religión verdadera.
--¿El Corán dice algo de todo eso?
--Mi edición, sí. Mira, aquí lo pone.
--Eso es Daily Mirror de ayer. Abierto por la página del crucigrama. La 4 horizontal es "pinenut".
--Oh, gracias... Quiero decir, ¡comadreja católica, tus ojos capitalistas no te dejan ver la verdad!
--Cambiando de tema, ¿qué hay de lo tuyo con Whitney Houston?
--Lo he dejado ya... Tenía la muñeca destrozada. Y me sangraban los tímpanos de escuchar sus radiocasetes. Y ahora lárgate, que quiero acabarme el granizado antes de que se derrita. ¿Quieres un poco?
--No, gracias.
Pude volver a casa en metro, cosa que se agradeció.
Aunque me vendaron los ojos, para que no pudiera recordar el camino, y me obligaron a hacer varios transbordos de más.


 
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