viernes, 28. abril 2006
Jaime, 28 de abril de 2006 9:10:54 CEST

El misterioso caso de la cabeza perdida, 5: el desenlace


JAIME: A ver, adelante, pasen, pasen, como si esto no fuera MI casa. (Abre.) Oh, me lo temía.
(Entran Hans Adenauer y un cuerpo sin cabeza.)
HANS ADENAUER: Buenos días, traigo el cuerpo de Lord Ruffington.
CABEZA BUENA: Menos mal.
CABEZA GEMELA MALVADA: Maldición, el doctor Adenauer.
HANS ADENAUER: Sí, he descubierto tu juego.
CABEZA GEMELA MALVADA: ¿Cómo lo has sabido?
HANS ADENAUER: Porque cuando te fuiste, te llevaste este libro:

"¡Imprescindible!" - The New Medical Review

CABEZA GEMELA MALVADA: Sí, pero...
HANS ADENAUER: Entonces lo entendí todo: ¡tú escogiste las manos del psicópata sordomudo!
CABEZA GEMELA MALVADA: Ah, ah, sí, ¡y lo volvería a hacer!
JAIME: Si no le importa, doctor, ¿podría explicar qué ocurre aquí?
HANS ADENAUER: Ocurre que esta cabeza nos ha engañado a todos... ¡Sí que es el gemelo malvado!
CABEZA GEMELA MALVADA: ¡Lo soy, lo soy!
HANS ADENAUER: Pero tiene buen corazón. Por eso se fue a la India: porque era incapaz de comportarse como quería. No se soportaba a sí mismo y sólo podía ser buena persona lejos, donde nadie le viera. Cuando perdió las manos, no vino a Leibniz por casualidad. ¡Me buscaba! ¡Y sabía qué manos necesitaba! Unas manos malvadas para poder realizar sus sueños de sangre y destrucción... Y yo caí como un inocente.
JAIME: Tenía buen corazón... ¡Por eso luego quiso que le trasplantaran otro cuerpo!
HANS ADENAUER: Exacto. Tenía manos de asesino, pero seguía con su corazón de buena persona y, por tanto, con remordimientos. Con el cuerpo de un criminal, también tendría el corazón de un criminal.
CABEZA GEMELA MALVADA: Y si no hubiera habido rechazo, mi plan hubiera sido perfecto.
CABEZA BUENA: Hermano, quiero que sepas que estoy orgulloso de ti.
LADY RUFFINGTON: Ay, sí.
CABEZA BUENA: Eres realmente malvado y haces todo lo posible por superar tus limitaciones. Papá y mamá estarían muy contentos si te vieran.
CABEZA GEMELA MALVADA: No me hables de esos perdedores.
CABEZA BUENA: Ay, qué cosa más malvada de decir... Qué alegría.
JAIME: Un momento, ¿y cómo llegaron todos a parar aquí?
HANS ADENAUER: No es casualidad: el gemelo malvado sabía que su hermano estaba en Barcelona, de copichuelas con unos amigos, y fue tras él.
LADY RUFFINGTON: Lo que yo te diga.
CABEZA BUENA: Sólo charlaba con ellos, pichurrina mía. Casi no bebí nada. Un par de martinis.
JAIME: Nos dijo que su cuerpo se había fugado.
HANS ADENAUER: Mentira: él se fugó. Buscando a Lord Ruffington. Creía que si él era un hombre malvado de buen corazón, quizás su hermano sería un hombre bueno de mal corazón. Por eso necesitaba mi libro, para hacer el trasplante de cuerpo.
CABEZA GEMELA MALVADA: Sí, así es. Sólo quería poner las cosas en su sitio, cada cabeza con su cuerpo. Además, fue fácil. Estabas allí, en el bar, tambaleándote por la bebida...
LADY RUFFINGTON: ¡Ja!
CABEZA BUENA: Hmm... Qué raro... Igual me echaron algo en la Coca Cola.
CABEZA GEMELA MALVADA: Te secuestré cuando fuiste al lavabo y te llevé a un almacén donde comencé la operación, siguiendo las instrucciones e ilustraciones del libro. El problema fue que tu cuerpo, hermano, no tenía mal corazón: resultó ser un cobarde y un pusilánime y salió corriendo en cuanto vio la sangre.
CABEZA BUENA: Sí, bueno, es lo que hay, no soy Ricardo Corazón de León, precisamente.
JAIME: Bueno, menos mal, ya está todo claro. Pues ahora que cada cual recoja sus cabezas y sus cuerpos y os vais yendo a jugar a puzzles y asesinos a otra parte.
CABEZA GEMELA MALVADA: Me vengaré.
JAIME: Sí, pero en otra casa. Y llevaos también a Margaret.
LADY RUFFINGTON: Bueno, bueno, qué prisas. También nos podrías invitar a un café.
JAIME: No, que os lo bebéis.
(Intercambio de cabezas. El hermano gemelo malvado pone cara de frustración, aunque al menos se mira las manos y sonríe mientras se marcha. Las manos ríen pérfidamente en el lenguaje de los signos. Lord y Lady Ruffington agarran a Margaret Thatcher y van saliendo. Lord Ruffington comenta: "Qué alegría que mi hermano esté dejando en buen lugar el nombre de la familia". Hans Adenauer recoge el ejemplar de su libro y también se dirige a la puerta. Antes de salir, se gira y habla con Jaime:)
HANS ADENAUER: Espero que esto no salga de aquí.
JAIME: No se lo contaré a nadie.
HANS ADENAUER: No, me refiero a esa chaqueta que está en la silla. ¿Es tuya?
JAIME: Sí, ¿qué pasa? Bien chula que es.
HANS ADENAUER: Es repugnante. Sólo por eso merecerías que te metieran diez o quince años en la cárcel. Sucedáneo de polipiel... Lo más ridículo que he visto en mi vida.


 
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