viernes, 21. abril 2006
Jaime, 21 de abril de 2006, 9:46:56 CEST

Sant Jordi


Este domingo yo también firmaré ejemplares de mi autobiografía, El hombre más sexy del mundo, en varias librerías de la ciudad. Me encanta firmar libros por Sant Jordi. Por el contacto directo y humano que uno tiene con sus miles de lectores, algunos de ellos, lo reconozco, extras contratados por la editorial a cambio de un bocadillo. Recuerdo con especial cariño el año pasado, cuando presenté La gran novela americana. Cómo la gente se acercaba a pegarme patadas y puñetazos, cómo yo pedía por favor que me sacaran de allí y cómo finalmente me rescató la guardia civil en helicóptero. Sí, fue divertido. Aún conservo los recortes de prensa del día siguiente, que pusieron en su sitio a aquella turba de maleantes envidiosos de mi éxito y de lo bien que me sientan los trajes: "Justo linchamiento al escritor Jaime Rubio", "Los ciudadanos le dan a Jaime su merecido", "Barcelona llega donde la justicia no se atreve", "Las personas honradas dicen basta", etcétera. De todas formas, el libro no era tan malo. Al fin y al cabo, copié más de la mitad de otros autores, autores que están bien considerados o incluso muertos. Es más, creo que el comienzo enganchaba: "Una noche oscura y lluviosa de septiembre, Mark Hogan estaba lavándose los dientes mientras se preocupaba por qué ropa iba a ponerse aquella mañana. 'El tiempo está loco', pensó, 'lo mismo ahora hace frío y luego a mediodía estás sudando como un queso fuera de la nevera'. Pero el piloto del ovni que se dirigía raudo y veloz a la Casablanca aquella soleada tarde de julio no tenía problemas con el clima. 'Vengo en manga corta', pensaba Ujuz3, 'y traigo un jersey fino por si luego refresca'. Hogan aún no imaginaba que su amigo de la infancia Ujuz3 era más previsor que él. Sólo pensaba en la cena, sin imaginar que aquellos huevos fritos tenían otros planes. Hogan y Ujuz3, ah, amigos inseparables, almas gemelas separados por una mujer hacía ya lo menos cuatro o cinco horas, más de lo que alcanza la memoria de un pez común. Una mujer contemporánea, inteligente, bella y moderna, nel mezzo del cammin di sua vita, tirando para abajo. Ninguno de ellos sospechaba que en realidad aquella bella joven de blanca sonrisa, gafas de pasta y amante de los muebles de diseño y de las revistas holandesas de tendencias, se sentía en realidad... insegura. Y es que todas las familias felices se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera. Mientras tanto, un pez desmemoriado nadaba sin sospechar que Hemingway estaba al acecho, borracho y vestido de torero, sí, pero también armado con una caña de pescar. Ay, mísero de mí, y ay infelice".


 
Menéame Envía esta historia a del.icio.us
enlace directo