martes, 29. junio 2004
Jaime, 29 de junio de 2004 16:26:58 CEST

Mala suerte


Había oído de gente a la que le había pasado, pero como siempre se trataba del amigo de un amigo, no me lo acababa de creer. El caso es que sí, que esas cosas pasan o, al menos, a mí me pasaron.
Lo primero que noté fue un tirón en la nuca. Inmediatamente después subí unos veinte metros en el aire dando volteretas. Una pausa de un par de segundos y abajo otra vez. A ratos variaba. En una ocasión, por ejemplo, me quedé rodando muy rápido a ras de suelo, sin subir ni bajar.
Al rato paré. Estaba tan mareado que me senté en la acera. Craso error. A los dos minutos noté un golpe en la espalda y me fui rodando por el suelo hasta golpear a un señor con traje y corbata. Logré disculparme antes de que el pobre tipo desapareciera, también rodando, por un agujero. Luego, otra persona -es que no miran por donde van- me golpeó a mí y fui yo el que cayó al hoyo, donde estaba el señor de antes, acompañado de una chica joven y de un tipo gordito que se la intentaba ligar. Nos saludamos amablemente y cruzamos un par de frases acerca del calor, que ya comenzaba a apretar.
Al rato noté como si me ataran con una cuerdecilla muy rugosa de los pies a la cabeza. Luego me sentí arrojado bruscamente al suelo, donde comencé a girar sobre mis pies. Fui perdiendo velocidad y acabé desplomándome.
Cuando ya creía que me iban a dejar en paz, me sentí de nuevo arrojado hacia arriba. Volé como unos quince o veinte metros, dando vueltas. Qué manía con las vueltas. Caí al suelo y se repitió la operación otras nueve veces. Contra lo que pudiera parecer, caí siete veces de cara y sólo tres de culo.
Después de esto, me dejaron de pasar cosas y pude volverme a casa. Llevo dos días sin dar volteretas y durmiendo sin problemas, pero no logró quitarme de encima la curiosa sensación de haberle traído mala suerte a vete tú a saber quién.


 
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