jueves, 10. junio 2004
Jaime, 10 de junio de 2004 21:50:09 CEST

Da lo mismo


Eso de los nacionalismos es básicamente un sentimiento absurdo fundado en la manipulación de un pasado más o menos mítico. Este pasado o no existió o, si existió, no fue tan estupendo como se piensa. Lo mismo dan los reyes católicos, que Jaime I el Conquistador. Aunque, por supuesto, Jaime tenga a su favor el nombre.
Pero, claro, en realidad todos los sentimientos son más o menos absurdos y, en todo caso, yo no soy el más indicado para menospreciar lo absurdo de estos sentires, teniendo en cuenta que soy católico.
De todas formas, siempre es bueno sembrar algo de confusión. Al menos, es divertido. Y en el tema de los nacionalismos, hacerlo es realmente fácil. Aparte de las ya propuestas selecciones farmacéuticas, se me ocurre que un partido independentista español les pondría los pelos de punta a los nacionalistas tanto de Madrid como de Barcelona. Éste sería un movimiento que pediría la extirpación de las nacionalidades espúrias que no contribuyen a la españolidad más auténtica.
El problema -o la ventaja, según se mire- es que, de triunfar, el movimiento acabaría desprendiéndose no sólo de Cataluña, Euskadi y Galicia, sino que iría desgajando el resto de comunidades autónomas. Porque éstas también tienen lo suyo, pobres. Al final, el partido acabaría reduciendo España a su propia sede, en el mejor de los casos.
Una asociación política de signo complementario a ésta sería un partido dependentista catalán, que defendería no ya la unión de Cataluña con el resto del estado, sino su preeminencia sobre España. Cosa que no deja de tener su lógica, según se mire.
Estos majaras exigirían que la capital del reino fuera Barcelona y no ese villorrio elefantiásico de la meseta. Del mismo modo, se empeñarían en demostrar que el listo de los reyes católicos era Fernando y no la castellanucha.
Se podría dar un partido similar como mínimo en el País Vasco, teniendo en cuenta que Unamuno ya dijo eso de que era "español, español de nacimiento, de educación, de cuerpo, de espíritu, de lengua y hasta de profesión y oficio; español sobre todo y ante todo", cosa que no le impidió decir en otro momento que era vasco por los dieciséis costados.


 
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