martes, 18. febrero 2003
Jaime, 18 de febrero de 2003 0:13:59 CET

La Tercera República


Jeb Bush, todo un gobernador de Florida y hermano del presidente de Estados Unidos (¿de tal astilla tal astilla?), soltó ayer que Aznar era el presidente de la República de España. Para espanto de muchos, imagino, ya que después de las manifestaciones del sábado, los más asustadizos igual ven al coco en todas las esquinas. Aunque, por supuesto, otros tantos ya estarán sonriendo maliciosamente ante un nuevo ejemplo de la supuesta incultura norteamericana, como si no encontráramos ejemplos de pifias de políticos en el resto de países del mundo.
Sin ir más lejos, en el nuestro. Y es que esta metedura de pata de Jeb Bush me recuerda a las piquiponadas de las que habla Màrius Serra en su Verbàlia. Piquiponadas en honor a Joan Pich i Pon, que fundó dos diarios, llegó a alcalde de Barcelona (impuesto por Madrid en 1934, durante la Segunda República, justamente) y que hablaba sin vergüenza ninguna de la batalla de Waterpolo o del conflicto nipojaponés.
Las piquiponadas, claro, son abundantes. En una ocasión, en el mismo balcón del Ayuntamiento, Pich expresó su satisfacción por cierto reconocimiento público, asegurando: "Por fin me han ajusticiado". En otra, en la que agarró y alzó una espada, preguntó si parecía un radiador romano.
Pich, eso sí, usaba una lógica aplastante en sus lapsus linguae, como es evidente en este otro ejemplo que recoge Serra: "Lo necesario es que cada uno viviera (sic) en nuestra propia tierra. Entonces seguramente comenzaríamos a estar bien. Los franceses, en Francia; los ingleses en Inglaterra; los murcianos, en Murcia; los belgas, en Belgrado". Y es que en cuestiones geográficas no le ganaba nadie. No lo encuentro en este libro, pero creo que fue también el propio Pich el que aseguró que si las cosas se ponían negras, metía todos sus dineros en un barco y, hala, hacia Suiza.


 
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