jueves, 30. enero 2003
Jaime, 30 de enero de 2003 0:05:07 CET

El placer de encerrar


Hace ya tiempo que está de moda encerrar a gente en programas de televisión. La cosa comenzó, claro, con Gran Hermano, pero siguió con El Bus, Supervivientes, Operación Triunfo, Popstars, La isla de los famosos y demás.
La mecánica de estos concursos es sencilla. Consiste en meter a gente en un sitio, el que sea, y no dejarles salir en tres meses ni a comprar el periódico. Se supone que el morbo está en ver a un impresentable desayunando en calzoncillos, pero creo que no es poco importante la sensación de poder del espectador, que mantiene encerrado a ese pobre tipo hasta que decide darle la patada.
Lo último en el género es Hotel Glamour. Esta vez se encerrará a diez impresentables más o menos conocidos en un hotelito. Ya se conoce el nombre de tres de estos sujetos: Tamara, Dinio y Leonardo Dantés. Creo que no hay mucho más que decir. También creo que no tendré suficiente aguante como para comprobar si realmente hay algo más que decir.
Uno, eso sí, podría pensar en cierta mala leche por parte de los guionistas que han unido a esos tipejos con la palabra glamour, quizás para humillarles aún más con la burlita. Pero, seamos sinceros, el glamour siempre ha sido casposo. Vaya, yo no veo mucha diferencia entre Isabel Preysler y la ya mencionada Tamara: se dedican más o menos a lo mismo, es decir, a no hacer nada. Y, además, con la misma poca gracia.
Volviendo al tema de los encierros, igual esta tendencia televisiva es la causa por la que Aznar promete más cárceles y más condenas. A lo mejor cree que la generalmente abultada audiencia de estos programas no dudará en escoger la opción política que permitirá que se multipliquen las reclusiones.
Pero mejor dejar a un lado la demagogia barata y los chistes fáciles. Vayamos a lo práctico y pensemos en la forma de encerrar y, sobre todo, aislar a los creativos de Gestmusic. Igual es demasiado cruel, pero no estaría de más obligarles también a ver sus obras maestras. Incluido Crónicas marcianas.
Y, por cierto, si alguien piensa en acusarme de hipócrita que critica los mismos programas que luego ve a escondidas, quiero que quede claro que de toda esa porquería yo sólo veo Gran Hermano. Soy snob incluso con la telebasura: sólo me interesa la genuina.


 
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