viernes, 7. febrero 2003
Jaime, 7 de febrero de 2003 10:40:54 CET

Por extensión


Los partidarios del ataque a Iraq suelen esgrimir, a modo de reproche, el supuesto antiamericanismo de quienes preferiríamos que no hubiera guerra. Dicen -y me refiero a Jiménez Losantos, César Vidal, Gabriel Albiac..., los de siempre- que más que en contra de la guerra estamos en contra de Estados Unidos.
El supuesto argumento también es usado cuando la crítica es hacia quienes detestan (detestamos) las barbaridades que ha perpetrado Sharon en Palestina. Quienes se atrevan a ver con malos ojos el asesinato de palestinos son etiquetados, sin más, de antisemitas.
Bastante absurdo, la verdad. Vendría a ser como decir que criticar a Aznar es, por abusiva extensión, ser un enemigo de España. O creer que quien piense que no es bueno que Berlusconi sea primer ministro y al mismo tiempo dueño de cadenas de televisión, está insultando a los italianos, a los telespectadores, a los empresarios y, ya puestos, a todos los calvos.
En definitiva, creo que se puede (y no tiene nada de raro) estar en contra de una guerra que va a causar, al menos, decenas de miles de muertos, sin dejar de pensar que Estados Unidos es una democracia en muchos aspectos envidiable. Merece la pena recordar el artículo que ayer firmaba en este sentido Lluís Foix en La Vanguardia: "La cultura política americana tiene muchas carencias. Pero el balance final en la perspectiva de todo el siglo pasado ha sido más positivo que el que haya podido ofrecer cualquier otro sistema". Y añade: "Estados Unidos, con Gran Bretaña y Suecia, son los únicos que no han tenido un régimen totalitario en los últimos doscientos años. Es un dato que está ahí y que no puede ser borrado por las torpezas que se han cometido desde Washington en Chile, Vietnam y otros puntos del planeta, incluso el abrazo del general Eisenhower al general Franco".
La cosa no cambia en lo que se refiere a Israel. Me parecen repugnantes los atentados obra de palestinos. Me parecen igualmente repugnantes las represalias. Y no hay por qué tomar partido y escoger entre dos errores, aunque falten aquí los necesarios matices.
En todo caso, suponer que alguien que no simpatice con Sharon es un antisemita vendría a ser como suponer que por el hecho de que me guste la cábala, preferiría expulsar a los palestinos de su tierra. O, al contrario, creer que por haber leído el Corán soy un peligroso simpatizante de los fanáticos islamistas.
Pero, claro, todo esto no quita que haya antisemitas que detesten a Sharon. O que muchos antiestadounidenses estén en contra de la próxima y probable guerra. Pero ser cualquiera de estas dos tonterías sólo demuestra poca cultura y menos inteligencia, independientemente de si se está en contra o a favor de cualquier cosa.


 
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