Diga lo que diga Baudelaire, bailar con un cadáver es siempre desagradable. Hay que sostener todo el peso del cuerpo con un sólo brazo, el que rodea la cintura, sin poder ayudarse con el otro, pues hay que aguantar la mano de la inerte bailarina. Es complicado hacer según qué movimientos sin perder agilidad ni soltura al mismo tiempo que se arrastran cincuenta o sesenta quilos de peso. Otro motivo de incomodidad es que el cuerpo está frío y, dependiendo del tiempo que lleve muerto, puede incluso oler a podrido. Pero lo que más me molesta son las conversaciones. Nunca recibo una respuesta a un comentario o a una pregunta, lo cual me parece de muy mala educación. Comprendo que estando muerto sea difícil hablar, pero las formas y los buenos hábitos no se deben perder nunca.
Jaime, 6 de junio de 2002, 1:21:06 CEST
Regatear 2 (algo más agradable)
Las callejuelas del barrio de Plaka en Atenas bien merecen un paseo, a pesar de las tiendas para turistas repletas de partenones de plástico con lucecitas, bustos de filósofos, jarrones imitando la cerámica del periodo clásico, iconos ortodoxos y -aún no sé por qué- últimas cenas, con sus doce apóstoles y su beso de Judas.
Se suponía que en esas tiendas había que regatear: al parecer, nada le gusta más a un turista que alardear de haberse ahorrado dos o tres euros.
De todas formas, los dependientes eran muy considerados. Yo me quedé cinco segundos mirando un tablero de ajedrez, preguntándome por la relación entre el jueguecito y la ciudad, cuando se me acercó una señora que me dijo, en un italiano que me sonó perfecto, algo así como "cuesta siete mil dracmas, pero si te gusta te lo puedo dejar por cinco mil".
-Qué amables -me dijo Marta cuando salimos de la tienda (sin ajedrez)-: regatean por ti, para evitarte molestias. Dan ganas decir siga usted regateando, que me voy a tomar una coca cola aquí enfrente. Cuando llegue a un precio razonable, me avisa.
Jaime, 5 de junio de 2002, 16:24:36 CEST
Regatear
Se lo tendría que haber dicho a esa señora que he visto en el metro, escogiendo un par de discos de la manta: ¿cómo se puede ser tan miserable como para regatear a la hora de comprar compactos pirata a tres euros?
Jaime, 4 de junio de 2002, 15:52:38 CEST
Gestalt
Si el todo no es igual a la suma de las partes, dos más dos nunca sumarán cuatro.
Jaime, 3 de junio de 2002, 17:25:35 CEST
Un despacho
Pues no, Javi no hablaba mucho, por no decir nada. Apenas mediaba en las conversaciones: se limitaba a sonreír las gracias de Esteban y a dar tímidamente la razón a quien se quejara del trabajo, del calor o del tráfico. De hecho, nunca llegamos a saber realmente nada de él: su nombre y poco más. Se sentaba en esa mesa de allí, donde ahora está Natalia, al lado de Eva y frente a Esteban.
Le ascendieron como un año después de llegar a la oficina. A nadie le extrañó, ya te digo que el muchacho trabajaba bien y además no daba problemas. Le dieron el que ahora es tu despacho. Desde el primer momento ya notamos que no se encontraba a gusto: dejaba la puerta abierta, intentaba escuchar las conversaciones en las que nunca participaba, a veces incluso se atrevía a salir de allí con cualquier excusa -un café, normalmente-, aunque jamás fue capaz de iniciar una conversación.
Y sí, luego se marchó. A otra empresa. Cobrando menos y sin posibilidad de ascender, por lo que he oído. Nos pareció bastante idiota aquello de largarse. Dejó su despacho y volvió a una sala llena de mesas, sillas y ordenadores. Y de gente, claro. Gente con la que tampoco hablará, seguro.
Igual le gusta el olor.