viernes, 7. julio 2006
Jaime, 7 de julio de 2006 16:22:40 CEST

En huelga


Los cincuenta y siete empresarios más ricos de España se declararon en huelga entre septiembre y diciembre de 2004. Los líderes de los diferentes sindicatos mayoritarios en estas compañías montaron en cólera en cuanto se dieron cuenta (seis días más tarde): "¡Han hecho huelga a final de mes para no firmar las nóminas!", aseguraron. En cuanto les explicaron que habían cobrado todos y que esos señores tan importantes no se encargaban de firmar esas cosas, se tranquilizaron, no sin poner cara de fiarse más bien poco de aquella gente.
Uno de los huelguistas, Amadeo Rojo --¡ja, ja, Rojo...!-- explicó en una entrevista televisiva que su objetivo era que la población supiera que los creadores de riqueza y de puestos de empleo también tenían sus problemas y sus necesidades. "Yo he perdido mi hierro del siete --afirmó--, y era mi hierro de la suerte. Con él gané a Sebastián Aguado".
Aguado --que aseguró que Rojo era un tramposo que movía la pelota cuando nadie miraba-- explicó en declaraciones a El País que los empresarios tenían jornadas laborales larguísimas, a veces de incluso tres horas, y eso cuando no tenían que ir a comer con clientes, "cosa que supone un claro riesgo para nuestra salud. No hay forma de mantener la línea y cuidar el colesterol".
"Yo además soy mujer --declaró Eva Sigüenza en Onda Cero--. Para nosotras todo es mucho más difícil. Tenemos que vigilar que trabajen nuestros empleados de la empresa y también los del hogar. No hay forma de que Celia María me traiga los yogures desnatados que a mí me gustan".
La huelga se alargó durante semanas, causando indiferencia entre los empleados y aburrimiento entre los periodistas. Al cabo de sesenta y cuatro sin trabajar, dos de los considerados líderes espirituales de esta iniciativa dieron la protesta por acabada. Lo explica Ernesto Terrón: "Estaba comiendo con García, de Chupitex, cuando le dije 'qué bueno aquello de la huelga', ¿no? Y entonces nos dimos cuenta de que aún no habíamos acabado la historia esa. Qué risa. Hicimos un par de llamadas para terminar aquello y regresamos a nuestros despachos. No echaba yo de menos ese sofá, ni nada".


 
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