viernes, 28. noviembre 2003
Jaime, 28 de noviembre de 2003 10:57:54 CET

Look after the pennys and the pounds will look after themselves


Los asesores de Michael Jackson le recomiendan que no se gaste más de un millón de dólares al mes. Y es que un millón de dólares se le quedan a uno en nada, y yo lo sé bien porque, aunque este jueves tampoco me ha tocado la primitiva, he pasado buenos ratos imaginando lo que haría en caso de que fuera millonario.
En realidad, los gastos del cantante de plástico son fácilmente comprensibles y disculpables por cualquiera que sepa cómo está de cara la vida. Por ejemplo, todos sabemos lo que cuesta una hipoteca y durante cuánto tiempo hay que estar pagándola. Pues Jackson tiene que pagar cuatro por su rancho.
Eso por no hablar de sus deudas, que ascienden a 200 millones de dólares. Una vez le llegué a deber veinte euros a un amigo y aún me estoy recuperando del quebranto que esto significó en mi economía, así que no quiero ni pensar en qué puede suponer tener que devolver una cantidad semejante.
Parece además que Jackson se gasta cada mes 15.000 dólares en su dermatólogo. No me extraña, aún recuerdo lo que me costaban los potingues que compraba para combatir el acné. Y eso que yo no quería cambiar los granos de color: me conformaba con rebajar su volumen.
El cantante también desembolsó 180.000 euros para el mantenimiento de una máquina de helados, cosa comprensible en un padre de familia. Quién le dice que no al pequeño Prince Jackson, con esa mascarilla tan cuca y esa piel tan blanca como la de papá. Además, los helados no son baratos, ni mucho menos, y más cuando a uno le da por pedir copas con nata, caramelo y un chorrito de licor.
El artículo no hace referencia a los gastos de sus abogados. Y ahora esta partida se le va a disparar, con la última sorpresa que ha recibido. Los abogados son unos tipos muy peligrosos con el dinero, y no sólo en Estados Unidos. Cuidado, que nadie me malinterprete: no tengo nada en contra de los abogados, siempre y cuando se dediquen a los suyo y no molesten. Incluso tengo un amigo licenciado en Derecho y que trabaja en un bufete. Pero he de reconocer que no me gustaría tener cerca a un abogado en el momento en el que éste extiende una minuta.
Aún no he tenido que recurrir a ellos, pero pienso justamente en mi amigo y me doy cuenta de que no voy muy desencaminado. Y es que Paco es el que tiene el mejor coche del grupo y el que se gasta más dinero en ropa –aunque yo visto mejor-, pero también es el que acumula más deudas. Todas con una persona, Pedro, que es el único insensato que sigue atreviéndose a prestarle dinero.
El truco de Paco para zafarse de las deudas es muy simple. Cuando Pedro reclama lo que es suyo, le contesta diciendo que sí, que vale y que "ya haremos cuentas". Lo fundamental es usar el verbo en futuro, no sea que un lapsus le obligue a sacar la cartera. La cosa llega hasta el punto de que no es extraño que los mails de Pedro acaben con una posdata en la que explica que ya ha hecho cuentas por su cuenta y que le sigue debiendo 15 euros.
Paco acaba pagando y Michael Jackson no debe olvidar que sus abogados acabarán cobrando. Así las cosas, tendrá que hacer caso a sus asesores y apretarse el cinturón. Yo le propongo vender una de las llamas, no subirse al tío vivo más de una vez por semana y usar sólo los coches con motor diésel para moverse por su rancho. Con eso se ahorrará unos buenos miles, que siempre vienen bien.


 
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