viernes, 20. junio 2003
Jaime, 20 de junio de 2003, 11:28:01 CEST

Hablar del tiempo


BTV estrena programa, El temps del Picó, dirigido y presentado, como el propio título indica, por Alfred Rodríguez Picó. La cosa consiste en media horita semanal hablando del tiempo: predicciones, preguntas de los espectadores, explicaciones de fenómenos meteorológicos. Y es que la meteorología es un gran tema. Se puede hablar del tiempo durante horas. Cuando uno no sabe qué decir, siempre puede recurrir a comentar el calor, el frío, el bochorno o la lluvia que hace. En consecuencia, si las cadenas de televisión tienen ratitos libres que no saben como llenar, es normal que acaben, también, hablando del tiempo. Así pues, la televisión se convertirá durante media hora en un gran ascensor. Hace calor, ¿eh? Sí, y eso que todavía no es verano. Pues dicen que va a llover. No me extrañaría: por el Tibidabo se veían unas nubes muy negras. ¿A qué piso va?


 
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jueves, 19. junio 2003
Jaime, 19 de junio de 2003, 22:39:36 CEST

En el súper


Llega con el carrito a la caja y comienza a amontonar la comida: el pan, la leche desnatada, la leche entera, los yogures, el queso. La cajera empieza a pasar los productos, y él sigue con los pimientos, los pepinos, los champiñones, las manzanas, el zumo de melocotón, y ella va pasando y al marcar el precio se oye un pip, y el continúa con el zumo de naranja, los filetes, las pechugas, el café y la cajera pasando y el pip sonando. Él vacía el carro y agarra una bolsa de plástico para ir guardando las cosas, mientras se oye pip, pip y más pip. La bolsa no se abre, ahora sí, ya está, y vamos metiéndolo todo por orden, primero la leche, luego el queso, pero la chica va muy rápido y se amontona todo; coge otra bolsa y agarra como puede la carne y los huevos, y los mete de cualquier manera, ¿no se habrán roto? La chica ya ha acabado de pasar la comida y dice veintitrés con cincuenta, mientras que él aún no ha guardado ni la mitad de lo que traía y tiene una bolsa en una mano y el pan de molde en la otra. No sabe si pagar o acabar de guardar la comida, ¿veinticuántos con qué? El labio inferior comienza a temblarle y la señora que estaba detrás suyo en la cola le mira con cara de perro; la chica espera, pero él está quieto y el labio le tiembla más deprisa, hasta que habla y dice por favor, un minuto más, treinta segundos y lo acabo todo, de verdad, por favor, sólo un minuto, pero el labio ya le tiembla demasiado y se pone a llorar. Pero nada. Son cuatro sollozos. Ya está. Se seca los ojos con las mangas de la camisa. Ya pasó, ya pasó. Saca la cartera y le da a la cajera un billete de veinte y otro de cinco. Qué pasa, piensa, no me mires así, que es culpa tuya.


 
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