miércoles, 3. mayo 2006
Jaime, 3 de mayo de 2006, 12:40:35 CEST

Sexismos


Obsesionado como estoy por la igualdad de sexos, en una ocasión le pedí a una joven que me pagara la cena. La mujer aseguró no conocerme y no estar cenando conmigo. Puede que esto fuera cierto, pero el resultado fue que, una vez más y debido al machismo imperante y a la excesiva comodidad de algunas mujeres que aún no han asimilado los cambios sociales que se han vivido durante las últimas décadas, me vi obligado a desembolsar una cantidad no poco importante de dinero por una cena más bien mediocre. La ensalada era digna de un restaurante de playa, el solomillo estaba demasiado hecho y la mousse de tres chocolates era más vulgar que un postre infantil de la Menorquina. En fin. Qué asco de mundo machista. De todas formas, hay que reconocer que entre hombres y mujeres hay diferencias insalvables. A no ser que intervenga la cirugía. En todo caso, hay algo que un hombre jamás podrá hacer, por mucho que le operen: llevar vida dentro. Siempre y cuando no se trague una ostra cruda. De todas formas, esas ostras no aguantan mucho. Ah, y las bacterias intestinales no creo que cuenten como "vida". Oh, sí, el milagro de la vida. Uno de los milagros más importantes que existen. Si no hubiéramos nacido, probablemente no estaríamos aquí. Qué razón tienen quienes dicen que una madre no puede ser mala, simplemente por el hecho de ser madre. Ahí están Hitler, Castro, Stalin, Gengis Kahn, Alejandro Sanz... Personas malvadas que jamás fueron madres. Si hubieran llevado vida en su seno, la sensibilidad les hubiera cambiado del todo. La sensibilidad, entre otras cosas. Es verdad esa otra cosa que dicen --hay que ver la cantidad de cosas que se dicen al cabo del día, es un no parar--: los hombres jamás sabremos lo que significa ser madres. Ni ser sardinas, por otro lado. Ni bicicletas. Ni cuadernillos de caligrafía. La de experiencias que atesoran los cuadernillos de caligrafía y nosotros moriremos sin experimentarlas.


 
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martes, 2. mayo 2006
Jaime, 2 de mayo de 2006, 10:05:25 CEST

Edición comentada


Hoy en día, la política es como un juego absurdo, al que nadie juega, ni gana, ni pierde. (1) (2) (3) (4) (5) (6) (7) (8) (9) (10) (11) (12) (13) (14) (15) (16) (17) (18) (19) (20) (21) (22) (23) (24) (25) (26) (27) (28) (29) (30) (31) (32) (33) (34) (35) (36) (37) (38) (39)

(1) Traducción literal de un juego de palabras que en español no tiene sentido y en alemán no tiene gracia. (N. del T.) (2) Podrías currártelo un poco más, ¿no? Los traductores siempre hacéis lo mismo: ponéis una notita y ya salvaguardáis vuestro honor. La culpa no es nuestra, la culpa no es nuestra, son cosas del idioma, cocoricó, cocoricó. (N. del E.) (3) Si los editores pagarais un poco más, podríamos dedicar más tiempo a trabajar los textos. (N. del T.) (4) Si, hombre. Si quieres, te pago más que al autor. (N. del E.) (5) Pues que sepas que yo he salvado esa mierda de libro. (N. del T.) (6) Claro, claro, los cincuenta mil ejemplares vendidos en Alemania son pura casualidad. (N. del E.) (7) No me hagas hablar de la porquería que compra la gente. (N. del T.) (8) Y tú no me cambies de tema. Revisa esa frase y busca una traducción que tenga algo de gracia. (N. del E.) (9) Esto es increíble. Mis hijos en un colegio público, mi mujer comprando la marca blanca del súper y yo trabajando once horas diarias porque al negrero del editor no le gusta una decisión profesional que ni conoce ni le interesa. (N. del T.) (10) La conozco y me interesa, listo, que eres un listo. He invertido mucho dinero en ese libro como para que ahora vengas tú y lo destroces con tu pereza. (N. del E.) (11) Si pagaras un poco más, no me importaría trabajar más. Pero como eres un tacaño, tengo que acabar el manual de instrucciones de una lavadora antes del viernes. (N. del T.) (12) ¡El manual de...! Pero, bueno, esto es increíble. (N. del E.) (13) Zanussi paga mejor. (N. del T.) (14) Si fueras mejor en lo que haces, igual yo te pagaría aún más. (N. del E.) (15) O al revés: si me pagaras más, me lo tomaría más en serio y con más ganas. Tendría que haberme hecho dentista, como quería mi padre... Quince pagas, odontología gratis, satisfacción de mis instintos asesinos... (N. del T.) (16) No sé por qué no te despido. (N. del E.) (17) Venga, hazlo, a ver quién se atreve con esta porquería que ha vendido chopocientos mil ejemplares en un país absurdo. (N. del T.) (18) Chicos, chicos... Un poco de tranquilidad. (N. del A.) (19) El que faltaba. (N. del T.) (20) ¿Has oído lo que ha dicho de tu libro? (N. del E.) (21) Acusica. (N. del T.) (22) Va, venga, los dos habéis dicho cosas de las que os arrepentís. (N. del A.) (23) Bueno... (N. del T.) (24) No sé yo... (N. del E.) (25) Tú eres un buen traductor y tú un editor arriesgado. (N. del A.) (26) Sí... (N. del T.) (27) Ya que lo dices tú... (N. del E.) (28) Y ahora daos la mano... Así me gusta. Venga, seguid con el libro, que juntos es como se trabaja mejor. (N. del A.) (29) Sí... (N. del T.) (30) Bueno... (N. del E.) (31) En fin, me voy, que tengo un almuerzo. (N. del A.) (32) Este tío es insoportable. (N. del T.) (33) Es un cursi y un relamido. Un almuerzo... ¿No puede decir una comida, como todo el mundo? Juntos es como se trabaja mejor... ¡Moñas, más que moñas! (N. del E.) (34) Pues el libro es igual. (N. del T.) (35) ¿En serio? No lo he leído. (N. del E.) (36) Mejor para ti. Ni se te ocurra hacerlo. (N. del T.) (37) Bueno, te dejo, que me llama mi mujer. (N. del E.) (38) Sí, y yo voy a descansar un rato, que tengo la cabeza como un bombo. (N. del T.) (39) No me extraña. (N. del E.)


 
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viernes, 28. abril 2006
Jaime, 28 de abril de 2006, 9:10:54 CEST

El misterioso caso de la cabeza perdida, 5: el desenlace


JAIME: A ver, adelante, pasen, pasen, como si esto no fuera MI casa. (Abre.) Oh, me lo temía. (Entran Hans Adenauer y un cuerpo sin cabeza.) HANS ADENAUER: Buenos días, traigo el cuerpo de Lord Ruffington. CABEZA BUENA: Menos mal. CABEZA GEMELA MALVADA: Maldición, el doctor Adenauer. HANS ADENAUER: Sí, he descubierto tu juego. CABEZA GEMELA MALVADA: ¿Cómo lo has sabido? HANS ADENAUER: Porque cuando te fuiste, te llevaste este libro:

"¡Imprescindible!" - The New Medical Review

CABEZA GEMELA MALVADA: Sí, pero... HANS ADENAUER: Entonces lo entendí todo: ¡tú escogiste las manos del psicópata sordomudo! CABEZA GEMELA MALVADA: Ah, ah, sí, ¡y lo volvería a hacer! JAIME: Si no le importa, doctor, ¿podría explicar qué ocurre aquí? HANS ADENAUER: Ocurre que esta cabeza nos ha engañado a todos... ¡Sí que es el gemelo malvado! CABEZA GEMELA MALVADA: ¡Lo soy, lo soy! HANS ADENAUER: Pero tiene buen corazón. Por eso se fue a la India: porque era incapaz de comportarse como quería. No se soportaba a sí mismo y sólo podía ser buena persona lejos, donde nadie le viera. Cuando perdió las manos, no vino a Leibniz por casualidad. ¡Me buscaba! ¡Y sabía qué manos necesitaba! Unas manos malvadas para poder realizar sus sueños de sangre y destrucción... Y yo caí como un inocente. JAIME: Tenía buen corazón... ¡Por eso luego quiso que le trasplantaran otro cuerpo! HANS ADENAUER: Exacto. Tenía manos de asesino, pero seguía con su corazón de buena persona y, por tanto, con remordimientos. Con el cuerpo de un criminal, también tendría el corazón de un criminal. CABEZA GEMELA MALVADA: Y si no hubiera habido rechazo, mi plan hubiera sido perfecto. CABEZA BUENA: Hermano, quiero que sepas que estoy orgulloso de ti. LADY RUFFINGTON: Ay, sí. CABEZA BUENA: Eres realmente malvado y haces todo lo posible por superar tus limitaciones. Papá y mamá estarían muy contentos si te vieran. CABEZA GEMELA MALVADA: No me hables de esos perdedores. CABEZA BUENA: Ay, qué cosa más malvada de decir... Qué alegría. JAIME: Un momento, ¿y cómo llegaron todos a parar aquí? HANS ADENAUER: No es casualidad: el gemelo malvado sabía que su hermano estaba en Barcelona, de copichuelas con unos amigos, y fue tras él. LADY RUFFINGTON: Lo que yo te diga. CABEZA BUENA: Sólo charlaba con ellos, pichurrina mía. Casi no bebí nada. Un par de martinis. JAIME: Nos dijo que su cuerpo se había fugado. HANS ADENAUER: Mentira: él se fugó. Buscando a Lord Ruffington. Creía que si él era un hombre malvado de buen corazón, quizás su hermano sería un hombre bueno de mal corazón. Por eso necesitaba mi libro, para hacer el trasplante de cuerpo. CABEZA GEMELA MALVADA: Sí, así es. Sólo quería poner las cosas en su sitio, cada cabeza con su cuerpo. Además, fue fácil. Estabas allí, en el bar, tambaleándote por la bebida... LADY RUFFINGTON: ¡Ja! CABEZA BUENA: Hmm... Qué raro... Igual me echaron algo en la Coca Cola. CABEZA GEMELA MALVADA: Te secuestré cuando fuiste al lavabo y te llevé a un almacén donde comencé la operación, siguiendo las instrucciones e ilustraciones del libro. El problema fue que tu cuerpo, hermano, no tenía mal corazón: resultó ser un cobarde y un pusilánime y salió corriendo en cuanto vio la sangre. CABEZA BUENA: Sí, bueno, es lo que hay, no soy Ricardo Corazón de León, precisamente. JAIME: Bueno, menos mal, ya está todo claro. Pues ahora que cada cual recoja sus cabezas y sus cuerpos y os vais yendo a jugar a puzzles y asesinos a otra parte. CABEZA GEMELA MALVADA: Me vengaré. JAIME: Sí, pero en otra casa. Y llevaos también a Margaret. LADY RUFFINGTON: Bueno, bueno, qué prisas. También nos podrías invitar a un café. JAIME: No, que os lo bebéis. (Intercambio de cabezas. El hermano gemelo malvado pone cara de frustración, aunque al menos se mira las manos y sonríe mientras se marcha. Las manos ríen pérfidamente en el lenguaje de los signos. Lord y Lady Ruffington agarran a Margaret Thatcher y van saliendo. Lord Ruffington comenta: "Qué alegría que mi hermano esté dejando en buen lugar el nombre de la familia". Hans Adenauer recoge el ejemplar de su libro y también se dirige a la puerta. Antes de salir, se gira y habla con Jaime:) HANS ADENAUER: Espero que esto no salga de aquí. JAIME: No se lo contaré a nadie. HANS ADENAUER: No, me refiero a esa chaqueta que está en la silla. ¿Es tuya? JAIME: Sí, ¿qué pasa? Bien chula que es. HANS ADENAUER: Es repugnante. Sólo por eso merecerías que te metieran diez o quince años en la cárcel. Sucedáneo de polipiel... Lo más ridículo que he visto en mi vida.


 
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jueves, 27. abril 2006
Jaime, 27 de abril de 2006, 9:05:50 CEST

El misterioso caso de la cabeza perdida, 4


(Jaime agarra la cabeza del hermano gemelo malvado de Lord Ruffington y la pone sobre la mesa. Lord y Lady Ruffington sueltan un ¡oh! de sorpresa. El cadáver de Margaret Thatcher queda inmóvil sobre la cama de los padres de Jaime.) CABEZA GEMELA MALVADA: Es comprensible vuestra sorpresa. Pero no digáis nada. Dejad que me explique. Esta historia comienza hace muchos, muchos años... Los lord Ruffingtones se remontan al siglo XIII... JAIME: No me jodas, hombre. CABEZA GEMELA MALVADA: Bueno, vale. Aunque le restaré contexto a la historia, hagamos una elipsis de unos cuantos siglos. Cuando nacimos mi hermano y yo, tuvimos que seguir con la tradición familiar por lo que respecta a los hermanos gemelos. Él sería el bueno y a mí me tocaba ser el malvado, por culpa de estas cejas. Y se me educó para serlo. Recordarás, Charles, cómo en verano tú ibas de colonias mientras que, a mí, papá y mamá me enviaban a los campos de entrenamiento de la OLP. JAIME: ¡La OLP no existía por aquel entonces! CABEZA GEMELA MALVADA: ¡No interrumpas! Lo que ocurre es que se nos daban mal las colonias y fuimos repetidores reincidentes. Antes de que se me interrumpiera, decía que se me educó para cumplir con las expectativas de nuestra familia de rígida tradición victoriana y convertirme así en el hermano patibulario. Pero, para deshonra de nuestro pobre padre y tristeza de nuestra pobre madre, yo tenía... un buen corazón. CABEZA BUENA: ¡Oh! LADY RUFFINGTON: ¡Oh! CUERPO: (En el lenguaje de los signos:) ¿Dónde está aquella intérprete? JAIME: (Bosteza.) MARGARET THATCHER: ... CABEZA GEMELA MALVADA: La presión familiar era demasiado fuerte y, en cuanto tuve edad, me fui de casa. Marché a la India, de cooperante, con la Madre Teresa de Calcuta. CABEZA BUENA: ¿De cooperante? ¡Papá nos dijo que eras asesor de Kissinger! CABEZA GEMELA MALVADA: Sí, bueno... Papá pensaba más en el honor de su familia que en su propia familia. El caso es que allí, rescatando a una anciana de un pozo, se me cayó una vaca sagrada sobre los brazos. Y por muy sagradas que sean, esas vacas pesan lo suyo. Hubo que amputar... Las dos manos. CABEZA BUENA: ¡Oh! Es cierto... Hay unas cicatrices en mis muñecas. Bueno, en las muñecas de este cuerpo. LADY RUFFINGTON: ¡Oh! CUERPO: (En el lenguaje de los signos:) Me aburro. JAIME: (Ronca.) MARGARET THATCHER: ... CABEZA GEMELA MALVADA: Volví a Europa poco después. A Leibniz. Sin manos, en Calcuta no era de ayuda. Tampoco quería volver a casa y enfrentarme con papá: no quería que supiera, que supierais, que había dado mis manos por una anciana... y que además me sentía orgulloso de ello. En Leibniz conocí al doctor Hans Adenauer, que me propuso un trasplante para recuperar mis manos y volver a la India. CABEZA BUENA: ¡Y te trasplantó las manos de un asesino! CABEZA GEMELA MALVADA: No. Eran las manos de un cura bondadoso. CABEZA BUENA: ¿Sí? CABEZA GEMELA MALVADA: Bueno, no, eran las manos de un psicópata sordomudo, pero me sabía mal darle un final tan evidente a la historia. El caso es que comencé a matar a ancianas atractivas sexualmente, cosa que me provocó pesadillas e incluso remordimientos de conciencia, pero también le di una satisfacción a nuestros padres antes de que murieran. CABEZA BUENA: A toda la familia, hermano, a toda la familia. JAIME: (Desperezándose.) Pero, bueno, ¿aún seguís aquí? ¿No pensáis marcharos nunca? CABEZA GEMELA MALVADA: Pero yo me sentía mal conmigo mismo. Yo era --¡soy!-- una buena persona. Entonces, desesperado y en libertad condicional, le pedí al doctor Adenauer que me librara de aquella condena y me trasplantara otro cuerpo. El doctor identificó a un donante compatible, mis manos lo asesinaron y la operación se llevó a cabo. JAIME: ¿No hubiera bastado con otras manos? CABEZA GEMELA MALVADA: ¿Tú eres médico? JAIME: No. CABEZA GEMELA MALVADA: Pues no hables de lo que no sabes. LADY RUFFINGTON: Muy bien dicho, cuñado. ¿Y qué ocurrió? CABEZA GEMELA MALVADA: Hubo un rechazo... Cosas que pasan. El cuerpo me sacó la cabeza y me dio una patada. El doctor Adenauer y yo decidimos que sería mejor volver al cuerpo anterior, que teníamos guardado en formol por si acaso. Pero para entonces había conseguido fugarse. Llevo semanas siguiendo su rastro de sangre, rodando e impulsándome con las orejas por toda Europa... Y finalmente lo he encontrado. Ahora hay que enroscarme otra vez y encontrar una solución. CABEZA BUENA: Un momento, un momento... ¿Y qué hay de mi cuerpo? Yo necesito un cuerpo. ¿Dónde está el mío? JAIME: Un momento, un momento... Aquí nadie va a amputar miembros, que me lo van a poner todo perdido de sangre. Además, yo sigo sin saber qué hace toda esta gente en mi casa. LADY RUFFINGTON: Ay, qué quejica, pues se ponen unos periódicos y... Cielos, llaman a la puerta. Otra vez.


 
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miércoles, 26. abril 2006
Jaime, 26 de abril de 2006, 9:04:57 CEST

El misterioso caso de la cabeza perdida, 3


JAIME: Llaman a la puerta. LADY RUFFINGTON: Será Margaret. JAIME: (Abre.) Es... Margaret Thatcher. LADY RUFFINGTON: Hola cariño, gracias por venir. (A Jaime:) Cuando se jubiló, la acogimos en casa. Nos echa una mano con las tareas domésticas, aunque con la economía es desastrosa. MARGARET THATCHER: ¿Dónde está el señor? CABEZA DE LORD RUFFINGTON: Aquí. MARGARET THATCHER: (En el lenguaje de los signos:)¿Qué tal está? CUERPO DE LORD RUFFINGTON: (En el lenguaje de los signos:) Algo desorientado. MARGARET THATCHER: (En el lenguaje de los signos:) ¿No se encuentra bien? ¿Quizás por algo que hizo anoche? CUERPO: (En el lenguaje de los signos:) No lo sé. Como no tenía cabeza, no recuerdo nada. Por cierto, la veo muy atractiva. CABEZA: ¿Qué ocurre ahí abajo? ¿De qué hablan? Me noto curiosamente excitado. MARGARET THATCHER: (Ruborizada y hablando.) Nada, nada. (En el lenguaje de los signos:) ¿Pero qué dice? ¿No ve que su señora está aquí? CUERPO: (En el lenguaje de los signos:) Me da igual. Te necesito, Maggie. Siempre he estado enamorado de ti. Desde que invadiste las Malvinas. MARGARET THATCHER: (En el lenguaje de los signos:) Pero, pero... CUERPO: (En el lenguaje de los signos:) No digas nada... Acómpañame. (El cuerpo de Lord Ruffington agarra a Margaret Thatcher y se la lleva a uno de los dormitorios.) CABEZA: ¿Qué ocurre? ¿Adónde me llevan mis piernas? JAIME: ¡Al cuarto de mis padres, no! ¡Guarros, más que guarros! MARGARET THATCHER: No, por favor... CUERPO: (En el lenguaje de los signos:) ¿Qué dices? MARGARET THATCHER: (En el lenguaje de los signos:) No, por favor... CUERPO: Sí, no te resistas... (Cierra la puerta.) LADY RUFFINGTON: Pero, pero... En mis propias narices... No puedo, no puedo... Tengo que sentarme... Y explicárselo a Cuthberta... No se lo va a creer... Lo que me ha hecho Maggie... Si la recogimos de la calle... (A los pocos minutos, Lord Ruffington sale del dormitorio. Su cabeza está asustada y sus manos ríen --en el lenguaje de los signos--.) CABEZA: Mis manos han matado a Margaret Thatcher. CUERPO: (En el lenguaje de los signos:) Sí, la hemos matado, ja, ja, ja. LADY RUFFINGTON: Cariño, entonces esto sólo puede significar... CABEZA: Sí, que éste no es mi cuerpo... Es el cuerpo de mi hermano gemelo malvado. CUERPO: (En el lenguaje de los signos:) Ja, ja, ja. LADY RUFFINGTON: ¿Oyes eso? CABEZA: Alguien o algo golpea la puerta. JAIME: Sí, ya voy, ya voy. No se levanten, están en su casa, maten a quien quieran, por mí no se preocupen. (Abre. En el suelo está la cabeza del hermano gemelo de Lord Ruffington. Es igual, pero tiene cejas de mala persona.) CABEZA GEMELA MALVADA: Buenas tardes. He venido hasta aquí rodando e impulsándome con las orejas. Creo que mi hermano está en esta casa. Necesito hablar con él.


 
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