miércoles, 11. diciembre 2002
Jaime, 11 de diciembre de 2002, 0:39:23 CET

Recuerdo de Barcelona


Barcelona se ha llenado esta tarde de hinchas del Newcastle. Al parecer, el equipo de fútbol de esa ciudad jugaba contra el de la mía. Distinguir a los seguidores locales de los británicos ha sido muy fácil: sólo había que fijarse en los colores de las bufandas y en que los ingleses llevaban un sombrero mexicano comprado en las Ramblas. Por lo demás, eran iguales: muchos iban borrachos y casi todos gritaban supuestos cánticos sólo comprensibles por los iniciados. Es curioso: los turistas que pasean por aquí tienen la fascinante manía de comprarse sombreros típicos de un país que está al otro lado del océano. Aunque lo que realmente me gustaría saber es por qué venden esos gorros en las tiendas de recuerdos. Está claro que el tipo al que se le ocurrió tal cosa es un genio de la iniciativa empresarial. Una idea rematadamente absurda con un éxito tremendo. Especialmente, me gustaría preguntarle por qué sombreros mexicanos y no turbantes, o sombreros de copa, o gorras de los Lakers. Total, para el caso.


 
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lunes, 9. diciembre 2002
Jaime, 9 de diciembre de 2002, 14:25:07 CET

Responsabilidad


En su Diccionario del Diablo, Ambrose Bierce define la responsabilidad como una "carga trasladable que se pasa fácilmente a las espaldas de Dios, el Destino, la Fortuna, la Suerte o el Vecino. En la época de la astrología era frecuente descargarla sobre una estrella". El Gobierno de Aznar parece haber tomado buena nota de este texto, obviando, quizás voluntariamente, su tono sarcástico. Durante seis años el Partido Popular ha culpado de todos los males al Psoe, a los inmigrantes y a quienes cobraban el paro de forma fraudulenta, entre otros, para sacarse de encima problemas como Gescartera, la estafa millonaria del BBVA, las caídas de la bolsa, la necesaria integración de los extranjeros y demás. La cuestión era ir dejando que se pudrieran los problemas y aparecer ante los ciudadanos como víctimas de los errores ajenos. Ahora le ha tocado el turno a la marea negra provocada por el naufragio del Prestige. En su línea habitual, el Gobierno ha seguido su táctica de descargarse de responsabilidades. Sin embargo, en esta ocasión no le ha funcionado. No le ha servido ni acusar al Psoe (a pesar de que el ministro Cascos incluso ha llegado a sacar el tema de los Gal como defensa en este asunto), ni echarle las culpas al Destino, que hizo que el barco se partiera en dos, mientras unos cazaban en Toledo y en los Pirineos, y otros se tomaban un descanso en Doñana. El Gobierno ha respondido tarde y mal a una catástrofe que se presenta gravísima. Ni siquiera ha sido capaz de coordinar a tiempo las tareas de limpieza, que han quedado en manos de voluntarios que al comienzo de esta crisis ni siquiera disponían de medios suficientes. Y eso por no hablar ya de las inexistentes medidas de prevención, a pesar de que ésta no es la primera marea negra que sufren los gallegos. Tal y como están las cosas, o mejor, tal y como se han dejado abandonadas, es natural que Aznar no se presente en las playas gallegas. No es por estar esperando a tener soluciones concretas que presentar, sino simplemente por vergüenza. O por miedo al linchamiento. Y es que una cosa es que el Gobierno no tenga culpa -sólo faltaría-, y otra bien distinta es que no tuviera responsabilidades. Había trabajo por hacer y, de nuevo, no se ha hecho.


 
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jueves, 5. diciembre 2002
Jaime, 5 de diciembre de 2002, 12:32:09 CET

No hay mejor forma (de atarse los zapatos)


La noticia científica de la jornada es la publicación del genoma del ratón y el hecho de que ratones y hombres compartimos el 99 por ciento de los genes. Mal día, pues, para que el matemático australiano Burkard Polster presentara un estudio de cuarenta páginas que prueba que nuestro modo de atarnos los zapatos es el más adecuado. Según Polster, después de siglos de ensayo y error, de entre los cuatrocientos millones de formas posibles de atarnos los cordones, hemos escogido las dos más eficaces: el cruce continuo de dicho cordón o el zigzag de un sólo extremo. Parece que pasará desapercibido el consejo del matemático para solucionar uno de los mayores problemas de la sociedad occidental. Y es que, aunque los métodos de engarzar el cordón en el zapato sean prácticamente perfectos, resulta que los nudos en sí son "notablemente inestables". Es decir, que se deshacen, obligándonos a perder segundos preciosos casi cada día, por no hablar de las posibles lesiones de espalda de quienes no saben cómo agacharse sin destrozarse el espinazo, o del estrés que provoca a muchos niños el tener que oír a su madre cada media hora gritando aquello de átate los zapatos, que te vas a pisar los cordones y te vas a matar. Además de quienes (mayores y pequeños) realmente pisan estos cordones, con el consiguiente peligro para sus vidas. Cito El País (en realidad, Periodista Digital): "La mayoría de las personas se hace dos medios nudos (el primero con los dos cabos y el segundo con las lazadas)", cosa que "puede dar lugar a un nudo plano, muy seguro, o a un nudo que no sujeta bien y se deshace fácilmente". La solución es sencilla: "Está en que en los dos medios nudos tengan distinta orientación". Sería deseable un estudio complementario, que explicara cómo escoger adecuadamente los calcetines, para evitar aquéllos que el zapato se acaba tragando. ¿Hay cosa más incómoda?


 
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martes, 3. diciembre 2002
Jaime, 3 de diciembre de 2002, 23:56:34 CET

Silencio


Después de casi veinte años sin publicar, Javier Salvador se presentó en la oficina de sus editores y les entregó dos folios en blanco, encabezados por el título Y el resto es silencio. El escritor les aseguró que se trataba del avance de un libro en el que estaba trabajando. Los editores se quedaron callados unos minutos, contemplando las hojas. Hasta que uno de ellos preguntó que por qué dos páginas y no una. O tres, ya puestos. El resto de mercaderes se lo quedó mirando con cara de disgusto y pareciendo dar a entender que la pregunta era tonta y la respuesta, evidente. Sin embargo, Salvador cogió su cuento, para doblarlo y volvérselo a guardar en el bolsillo de su abrigo. -Sí, tienes razón -dijo- necesito trabajarlo más. El escritor murió al cabo de pocos meses. Y, no mucho después, los editores obtuvieron permiso de la viuda para entrar en su despacho. De los desordenados cajones y estanterías, entre discos de John Cage y láminas de cuadros de Malevitch, aquellos hombres sacaron mil cincuenta y ocho folios en blanco, la mayoría grapados en grupitos de diez o quince. La editorial ya ha asegurado que prepara la publicación de estos textos póstumos y que sólo falta decidir el orden más apropiado, para lo que cuentan con un equipo de expertos en la obra de Salvador. Entre estos papeles se han encontrado cuatro versiones de Y el resto es silencio: la original, una de tres folios, otra de sólo uno, y una última que no es más que una pajarita de papel. Los problemas para editarla son evidentes: algunos son partidarios de adjuntar al volumen un folio en blanco con las pertinentes instrucciones de plegado; otros prefieren entregar directamente la pajarita, y no son pocos quienes opinan que se trata de una incursión del autor en el mundo de la escultura y las instalaciones poéticas, por lo que es impublicable. Apuestan por donarla a un museo. Pude preguntar por este giro minimalista de Salvador a una amiga que ha escrito una tesis sobre él. Según me ha dicho, toda la crítica está algo desconcertada. Y maravillada, eso sí. -Abunda la palabrería -me dijo-. Yo prefiero esperar a leer el libro antes de dar mi opinión. Ya sabes, sobre aquello de lo que no podemos hablar, es mejor guardar silencio.


 
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lunes, 2. diciembre 2002
Jaime, 2 de diciembre de 2002, 18:08:32 CET

Cazadores


Aznar puso de moda el pádel. Sus acólitos parecían querer hacer lo propio con la caza y se pusieron de acuerdo hace unos días para repartirse por los parques naturales patrios. La lista de cazadores más o menos confesos, actualizada este fin de semana, incluye a Fraga, a un par de consejeros (entre los que estaba el de Medio Ambiente), a los ministros de Interior, de Fomento, de Sanidad y también, de nuevo, al de Medio Ambiente, como para no dejar en evidencia a su colega gallego. La lista la cierra el director general de Interior de la Xunta, marido de la Ministra de Sanidad. No era problemático que un petrolero, entre disparo y disparo, fuera dejando escapar una marea negra: bastaba con decir que tal marea no existía. Y no existe, cojones. Además, al final todo se reduce a una cuestión de prioridades. Delibes decía que él era un cazador que escribía, más que un escritor que cazaba. Así pues, Fraga y sus cinegéticos escuderos son cazadores que politiquean, más que políticos que cazan. Eso sí, Delibes al menos ha escrito más de una buena novela. Aunque fuera en sus ratos libres.


 
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