martes, 7. junio 2005
Jaime, 7 de junio de 2005, 12:17:18 CEST

Apurando, que es gerundio


Hace ya un buen puñado de años, los fabricantes de cuchillas de afeitar sacaron máquinas desechables con dos cuchillas, en un intento por apurar más el afeitado. No tardaron mucho en perfeccionar aún más este sistema, haciéndolo por la vía fácil: simplemente añadieron una tercera cuchilla. La ciencia avanza que es una barbaridad, pero las cuchillas de afeitar, no tanto. Parecía que la cosa se iba a acabar ahí; al fin y al cabo, no tiene mucho sentido ir añadiendo cuchillas y cuchillas. Lo mejor para quien aún no pudiera obtener un afeitado decente ya sería optar por la depilación láser o por una segadora. Pero no. Aún no se había alcanzado el límite: desde hace poco se puede comprar una máquina con cuatro navajitas. Y otra con tres que va a pilas, que ya es directamente absurda. No he probado la de cuatro, pero en este caso temo que el apurado pueda resultar excesivo. Es decir, no es bueno que se vea hueso cuando pasas la maquinilla. Es que no sólo te puedes cortar usándola, sino que de hecho podrías morir desangrado. Imagino que está desaconsejado su uso en caso de que uno esté solo en casa y no pueda pedir auxilio. Ahora, más peligroso resulta el modelo en el que están trabajando varios fabricantes. Aunque sí que es cierto que esta máquina proporciona un apurado casi perfecto y se puede decir que definitivo: en principio y salvo defectos de fabricación no sería necesario volver a afeitarse. Nunca. Adjunto el diseño de uno de los prototipos, conseguido gracias a un amiguete que conoce a gente que a su vez conoce a más gente.

Estos franceses... Les das algo que corte y mira lo que inventan
 
Menéame Envía esta historia a del.icio.us
enlace directo   
 
lunes, 6. junio 2005
Jaime, 6 de junio de 2005, 11:38:56 CEST

Algunos me llaman ratón de biblioteca (¿o era rata miserable?)


Esto ya está llegando a niveles inauditos. La semana pasada y a pesar de las recomendaciones de mi médico, me vi obligado a responder a uno de estos memes que van circulando de blog en blog. Bien, pues hoy me encuentro con que Tina me endosa no uno, sino dos. El musical lo damos por contestado. A lo ya respondido la semana pasada añadiré que por culpa de un empleo anterior tengo un buen puñado de discos que me avergüenzan y que ni siquiera he podido regalar. Es decir, mis "amigos" se han negado a aceptar uno de mis regalos. Cría cuervos y no te sacarán los discos. Me refiero a cedés como el último (o penúltimo, no estoy seguro) de Eros Ramazzotti y otro --atención, ésta es buena-- de Moncho Borrajo. Sí. He escrito Moncho Borrajo. Y no es un error tipográfico. El meme libresco sí que lo voy a contestar. Mi buen dinero me cuesta poder hacerlo y además quedar bien. Sí, sí, dinero. Al fin y al cabo, no es barato contratar los servicios de la filial española de la Waama, creada por Flann O'Brien a mediados del siglo pasado. Los servicios de la Waama son caros, especialmente teniendo en cuenta que contraté el servicio Le Traitement Superbe, pero son también imprescindibles en la sociedad de hoy en día, en la que se ha olvidado el minimalismo y las casas vuelven a llenarse de muebles. Y es que no hace mucho mi decorador me llenó el loft de estanterías y me vi por tanto obligado a llenar estas estanterías de libros. Pero, claro, era evidente que yo no había tocado ninguno de esos volúmenes en mi vida. Los lomos estaban intactos, sin grietas ni desgaste alguno. Cualquiera que entrara en mi casa podía pensar algo así como "por culpa de imbéciles como éste el Amazonas se está quedando sin árboles". Esto se ha acabado gracias a la Waama, que envió a tres de sus mejores empleados a manipular mis libros convenientemente. Ahora están todos manoseados, se nota que las esquinas de algunas hojas han sido dobladas y hay incluso olvidados accidentalmente y a modo de punto programas del TNC y del Auditori, y entradas del cine Verdi. Más: los libros de bolsillo han sido realmente llevados en un bolsillo durante días, con el estrago para tapas y páginas que tal cosa significa. Y los ensayos están subrayados y llenos de anotaciones al margen como: Excelente. ???? El autor está completamente equivocado en este punto. Me parece correcto, pero creo que Sloterdijk explica lo mismo aportando más datos en el tercer volumen de Esferas, unglücklich aún no traducido al español. Cfr. Gray (1999), pp 145 y ss. Javier Marías me explicó lo mismo en una cena, hará unas semanas. Por supuesto, tampoco faltan las dedicatorias, tan bien falsificadas que los propios autores dudarían. "A mi gran amigo Jaime, un abrazo y gracias por recomendarme a tu dentista". Martin Amis. "Querido Jaime, sin ti este libro no hubiera sido posible". Lucía Etxebarría. (Por ésta me tengo que disculpar.) "A Jaime, con cariño y admiración", Jane Austen. "Permíteme, Jaime, que te dedique esta primera edición de Guerra y paz, agradeciéndote una vez más tu ayuda a la hora de crear algunos de los personajes y de perfilar una trama que hasta que llegaron tus consejos era insostenible". León Tolstoi. Ahora y gracias a la Waama, cuando celebro una fiesta puedo invitar tranquilamente a gente con gafas de pasta, no sólo sin temor sino además con ganas de que paseen su vista por las estanterías y saquen al azar un volumen, no sé, de historia del ballet ruso. El cretino que agarre el libro verá que ha sido vapuleado y subrayado como si incluso pensara escribir una breve reseña para el Times Literary Supplement. Servicio que la Waama también ofrece, pero que supone un gasto ya excesivo.


 
Menéame Envía esta historia a del.icio.us
enlace directo   
 
jueves, 2. junio 2005
Jaime, 2 de junio de 2005, 16:18:42 CEST

A largo plazo


Juan Romero, barcelonés que falleció hace veintitrés años, pagó el último plazo de su hipoteca el mes pasado, sólo noventa y cinco años después de abrirla. Romero se considera una persona afortunada: "Pude abrir la hipoteca con tipos bajos y esto me ha permitido pagar unas mensualidades ajustadas, con lo que incluso pude hacer vacaciones dos veranos no consecutivos". María Teresa Martínez, directora de su oficina bancaria, se alegra por el veterano cliente: "Estoy emocionada --asegura--. Mi padre le abrió esa hipoteca y le hubiera encantado ver esto". Pero, claro, no todo han sido facilidades: "Hace unos años me despidieron del trabajo con la excusa de que estaba muerto. Me costó encontrar un empleo nuevo y temí no poder hacer frente a los pagos. Además, mi mujer se desentendió del tema nada más morirse, y me dejó a mí a cargo de todo. Pero no le guardo rencor: fuimos muy felices en aquella casa con dos habitaciones en la que crecieron nuestros hijos y cuyo cuarto de baño realquilamos a tres inmigrantes para ir algo más desahogados". Romero le quita importancia a su noble empeño en liquidar sus deudas: "Lo peor fueron los primeros pagos --explica--: aún no tenía un sueldo decentillo y tuve que hacer muchos esfuerzos. Pero tres o cuatro décadas después ya se ve cómo lo que queda por pagar va bajando. Y eso anima mucho". El barcelonés ha explicado que ahora pedirá un crédito "para poder pagarme un entierro decentito. Creo que en doce o trece años estaré en situación de dejar mis dos empleos y los trapicheos de fin de semana para dedicarme finalmente a descansar".


 
Menéame Envía esta historia a del.icio.us
enlace directo   
 
martes, 31. mayo 2005
Jaime, 31 de mayo de 2005, 17:00:11 CEST

En peor momento


Los gestos son importantísimos en política. Sólo hay que ver la que se armó hace poco cuando Carod se puso sobre la cabeza una corona de espinas, ofendiendo así a los vendedores de souvenirs. O la repercusión de las palabras de Moratinos, que en un una entrevista concedida a El País faltó al respeto a todos los que tienen mal paladar, al asegurar que a él le gusta el burdeos. Es curioso que aún se sigan cometiendo esta clase de errores cuando todavía está presente el recuerdo de lo que le ocurrió a Auguste Dupin, Ministro de Marina francés entre 1960 y 1962. El caso es que durante una dura sesión parlamentaria, Dupin aprovechó un receso para estirar las piernas y tomarse un pastis en el bar de la asamblea. Allí se encontró con el célebre cronista Jacques Jecherche, a quien le comentó que tenía un terrible dolor de pies. Jecherche recogió este comentario en su columna: "Mientras los señores diputados aún discutían acerca de la escolarización infantil, Dupin se tomaba un pastis y se quejaba de lo mal que tenía los pies por culpa de sus zapatos nuevos". El comentario de Dupin no podía llegar en peor momento. Como explicaría su zapatero, el exclusivo François Chaussure, "es indignante que se queje de sus zapatos cosidos a mano por los mejores de mis empleados justo cuando la venta de calzado francés está cayendo en picado por culpa de esas deportivas taiwanesas". Le Radical, bajo el titular "Dupin en contra de la economía francesa", recogió también las palabras de Josef Bouvais, presidente de la asociación de ganaderos: "Sus zapatos estaban hechos con el cuero de vacas francesas. Igual y como es ministro de marina, el señor Dupin prefiere que le traigan las vacas de Estados Unidos". Dupin tuvo que salir del paso y disculparse. En una entrevista concedida a la radio pública francesa, aseguró que aquel día le dolían los pies de caminar, "pero, en todo caso, los zapatos mitigaron ese dolor. No en vano Chaussure ha cosido calzado incluso para el Papa". El titular de Le Parisien fue demoledor: "Dupin ataca al Papa". Como decía el editorial del mismo diario: "Pío XII, ya anciano, tiene que soportar ahora las burlas hacia su calzado por parte de Monsieur Dupin, el amigo de los taiwaneses. El aún Ministro de Marina debería presentar sus disculpas inmediatamente tanto al pontífice como a los católicos de nuestro país". Y lo hizo. En rueda de prensa: "No era mi intención ofender al Papa --aseguró--. Mis zapatos y los suyos son tan dignos como los de cualquier otra persona. Son los zapatos del Papa y del pueblo francés al que yo tanto amo". La referencia al "pueblo" no pudo llegar en peor momento. El Partido Comunista se la tomó como una ironía dirigida expresamente a la Unión Soviética. En plena Guerra Fría, Francia no podía permitirse que La République asegurara en portada que "el ministro ateo desafía a los comunistas, reiterando su apoyo a Taiwan". Dupin tuvo que salir al paso de su nuevo tropiezo diplomático y se reunió con el secretario general del PCF. Al final de esta reunión, el ministro aseguró que sentía el máximo respeto por la Unión Soviética, dado el importante papel que había jugado en la liberación de Europa durante la Segunda Guerra Mundial. "La Unión Soviética --afirmó-- ayudó a combatir a los nazis, aunque hay que recordar que la amenaza del fascismo siempre la tendremos cerca nuestro". "Nosotros, los fascistas", tituló al día siguiente Le matin, que explicaba que Dupin había asegurado que "siempre estaremos cerca del fascismo". Y fue entonces cuando el señor presidente, Charles de Gaulle, tuvo que llamar a Dupin a su despacho. Jecherche relata este encuentro en su Francia en mi pluma: "Yo no estuve allí --escribe Jecherche--, pero al parecer, cuando Dupin entró en el despacho, De Gaulle ni siquiera levantó la mirada de un informe que supuestamente estaba leyendo. Los más cercanos al presidente sabían que esto era una mala señal. Sobre todo si además, sin ni siquiera saludar, De Gaulle se limitaba a mover la mano para invitar al ya cadáver político a tomar asiento. --Señor Dupin --comenzó De Gaulle, después de siete interminables y silenciosos minutos--, tras sus errores de gestión, me veo obligado a pedirle que dimita. --Pero, señor presidente, se trata de un error... Aquí De Gaulle pronunció una de las cuatrocientas diez frases que le harían famoso y que recojo en el apéndice: --Un error es posible, dos son disculpables, pero más de dos errores son tres errores como mínimo. Dupin no dijo nada. Le temblaba el labio inferior, como a tantos otros cobardes que tanto daño han hecho a nuestra nación. --Además, está esto --el presidente le tendió una foto--. La pretenden publicar mañana. En portada. ¿Se reconoce? --Sí. Soy yo. Con veinte años. En la calle. Parando un taxi. Me pregunto cuándo... --¿Parando un taxi? Bien, esa es su versión, aunque me temo que más de uno la pondrá en duda. --¿Versión? Estoy en la calle. Llovía. Esto debía ser en la boda de Paul. Qué joven salgo. --Según el redactor, esta foto en la que hace el saludo romano es una prueba de su simpatía por el partido nazi. Cosa que lo explicaría todo." El "error de juventud" de Dupin no podía conocerse en peor momento. De Gaulle no se podía permitir un ministro con pasado nazi cuando Francia aún se recuperaba de los estragos de la guerra. Dupin se vio obligado a dimitir, aunque en rueda de prensa intentó excusarse: "Jamás he pertenecido al partido nazi. Es más, colaboré con la resistencia. Pero ya da igual lo que diga. Se trata de una clara campaña en mi contra. No me extrañaría que alguien publicara que comercio con heroína". Dupin sería juzgado un año más tarde por tráfico de estupefacientes. Se le condenó a quince años de prisión. Cumplió diez años de condena y, una vez libre, se retiró con su mujer y sus dos hijas a Niza, donde vivió retirado de la política hasta su muerte, en 1978. Su muerte no pudo llegar en peor momento. Pocos meses antes había fallecido también el zapatero François de Chaussure, arruinado. Le Vespertine tituló: "Muere el ministro nazi causante de la bancarrota de la industria francesa del calzado. Taiwan decreta tres días de luto".


 
Menéame Envía esta historia a del.icio.us
enlace directo   
 
lunes, 30. mayo 2005
Jaime, 30 de mayo de 2005, 10:01:06 CEST

La tortura es ilegal


Roberto me pasa el testigo de uno de estos grupos de preguntas que van dando vueltas por los blogs. Antes de nada quiero asegurar que respondo libremente y que el revólver que apunta a mi nuca no tiene nada que ver con esto. Es por unas deudas de juego. Y la semana que viene habré reunido el dinero. Lo juro. La primera pregunta es la que me hace más gracia: "Tamaño total de los archivos de música en mi ordenador". Antes de nada, hay que dejar bien claro que lo que importa no es el tamaño. Pero es que, de todas formas, ahora mismo no tengo ordenador. Se me suicidó hará unas semanas. Por supuesto, no actualizo el blog desde el trabajo, ya que sería una desagradable falta de respeto hacia mis jefes. Mi PC era un cacharro ya algo mayorcito de ocho gigas. En los momentos de más actividad musical, entre mi hermana y yo alcanzamos las tres gigas de emepetreses varios. Que sobre ocho no está mal del todo. Cuando ya no cabía ni un archivo más, me grababa un par de cedés, le borraba un centenar o así de canciones a mi hermana y volvía a bajarme unas cuantas de las que me gustaban a mí, de música elegante, como Brahms y Right said Fred. Por supuesto, mi hermana no se daba cuenta ni la mitad de las veces, al tener todos sus archivos en un completo caos. Además, mis conocimientos superiores en informática la mareaban: --Eso habrá sido porque tienes la caché de Google sin defragmentar. Prueba a usar el condensador de fluzo para arrancar el proceso de recuperación. Y si no funciona, reinicia, pero sólo en modo a prueba de ram. --Jaime, estás poniendo palabras una detrás de la otra sin preocuparte por su significado. --Eso es lo que decís los legos en la materia. ¿No habrás formateado el ratón sin querer? Se hace cuando le das a la ruedecita mucho rato seguido. A mí me pasa cuando me aburro en el trabajo. Es relajante. De todas formas, no penséis que yo soy el malo de la película. No, ni hablar. Ejemplo: hará cosa de un año, Marta me regaló un reproductor de mp3. Obviamente, con mi hermana cerca no podía permitirme el lujo de desprenderme de él ni un sólo minuto, pero algún que otro sábado por la mañana que mi hermana tenía que trabajar, la muy aprovechaba que yo estaba durmiendo para entrar de puntillas en la habitación y llevárselo a pesar de mis posteriores protestas. Alguno me dirá que qué tiene de malo que un hermano le preste un gadget musical a su hermana. Así, en abstracto, nada. Pero estamos hablando de mi gadget musical y, sobre todo, de mi hermana. Total, que como alguno ya habrá imaginado, un viernes por la noche de hace unos meses dejé el cacharrito sobre la mesa de mi habitación y nunca más se supo. Por supuesto, mi hermana negó todos los cargos y como vivimos en un maldito estado de derecho, resulta que la tortura es ilegal, y aquí me tenéis, arrastrando un discman de tres quilos de peso. Claro que un reproductor de mp3 no me serviría de mucho sin ordenador. Con esto de la musiquita me he puesto de muy mala leche. Paso del resto de preguntas, prefiero pasarme el resto de la mañana llorando de rabia.


 
Menéame Envía esta historia a del.icio.us
enlace directo