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Tornillos
Si usted tiene un automóvil, un ordenador o lleva gafas, le debe mucho a Javier Ruidolfo, más conocido como el Rey de los Tornillos. Y es que los tornillos que fabrica en Viscalesmates se venden en todo el mundo y mantienen unidas las piezas de todo tipo de productos. Se usan incluso en Fórmula 1. "Desde niño he vivido muy intensamente esto de los tornillos --explica--. Los tornillos son como un gusanillo que te pica y se te mete en el cuerpo y ya no te deja. Un gusanillo metálico, claro". Ruidolfo comenzó desde abajo en la por aquel entonces modesta fábrica de su tío. "Al principio contaba tornillos. Era un trabajo apasionante y que requería mucha concentración. En cada caja tenía que haber cien exactos, ni uno más ni uno menos. Recuerdo que los compañeros me desconcentraban explicándome chistes o pegándome puñetazos, qué risa. El clima que se vivía era genial. Ahora las máquinas son las que cuentan las piezas y se ha perdido gran parte del placer y del encanto que suponía fabricar tornillos. De todas formas, fabricamos una serie artesanal para coleccionistas y connaisseurs, en la que se siguen contando a mano". Ruidolfo explica que el secreto de su éxito es la pasión que siente por su trabajo: "Yo vivo por y para los tornillos. La familia ya sabe lo que hay y lo entiende. Si llego a casa a las diez de la noche y el otro día me crucé por la calle con mi hijo y no le reconocí no es por el dinero, no, es por la satisfacción que produce fabricar los mejores tornillos del mundo. Hasta la Nasa los utiliza". De hecho, lo único que exige a sus empleados es eso mismo: "Pasión incondicional por esos pequeños trozos de alma enroscables. Que sean conscientes de que los tornillos mantienen el mundo unido y que ellos son piezas fundamentales en ese hecho tan maravilloso que es el de que las piezas no se vayan cayendo por los puestos. Que entiendan que si han de quedarse en la fábrica tres horas más es para que la sociedad que conocemos y que disfrutamos no se desmorone ante nuestra perezosa mirada". Ruidolfo se quita las gafas y deja la mirada perdida en el infinito: "Imagine cómo sería un mundo sin tornillos. Todo cogido con celo o cordeles. Un mundo inestable, caótico, a punto de despedazarse. La vida sin tornillos sería un infierno".
Fisking
El conocido periodista Mateo Alcorcón ha publicado un artículo que me veo en el deber de comentar ampliamente, vamos, de hacer lo que se llama un fisking, ante el cúmulo de desinformaciones, falsedades, prejuicios y mentiras. Comencemos por la primera frase: "En uno de mis numerosos viajes por Estados Unidos, conocí a Jack Charlton, vendedor de aceitunas en Chicago". No puedo con tanta manipulación sectaria y partidista. Me veo tentado de dejarlo aquí, no tengo fuerzas para continuar, dónde está mi inhalador, dónde. Pero no. Es mi deber refutar todas las mentiras de Alcorcón. Además, yo no soy asmático, se trata de una simple figura retórica. Quien sí es asmático es mi amigo Ricardo. Es asmático, alérgico, astigmático, demócrata y unos cuantos esdrújulos más. Es de salud débil, el muchacho. Y encima está cegato. Está tan mal de la vista que no puede ponerse las lentillas si no lleva las gafas puestas. Lo cual le trae no pocos inconvenientes, ya que al ir a ponerse las lentillas, topa con los cristales de las gafas. Como para compensar su mala salud y su cara de culo, Ricardo es un tipo muy inteligente. El tipo tiene unos cuantos libros en casa y ha leído ese tan bueno de Dan Brown o de César Vidal --siempre los confundo-- que demuestra que los masones han conquistado el mundo y se van a comer nuestros cerebros. Crudos. Sin ir más lejos --entre otras cosas porque no estoy para caminatas--, el otro día me comentaba algo que le pasó justamente en Estados Unidos y que rebate la bola que Alcorcón nos intenta colar en su texto: "Estaba en un restaurante de Nueva York, comiéndome un buen trozo de vaca, cuando se me cayó el tenedor al suelo. Pues bien, antes de que pudiera levantar la mano para pedir que me lo cambiaran, el camarero ya me estaba dando uno nuevo y disculpándose por MI torpeza. Eso en España no se ve. Nos falta espíritu emprendedor porque pagamos demasiados impuestos para mantener a esos vagos hijos de puta, ya sabes a quiénes me refiero, a esos cabrones de los parados, que no son capaces de encontrar uno o dos empleos con esas excusas estúpidas como 'no tengo manos' o 'me estoy muriendo'. En Estados Unidos TODO el mundo tiene manos. Y NADIE se muere. Todos trabajando duro para sacar adelante el país. En cambio, a nosotros, así nos va. Mancos y con los tenedores sucios y muriéndonos por las calles”. Se me ha echado el tiempo encima. Ya seguiré con el fisking del artículo del juntapalabras de Alcorcón. De momento, queda demostrado que la primera frase es MENTIRA. La típica MANIPULACIÓN PARTIDISTA WISHFULTHINKISTA a la que ya estamos desgraciadamente demasiado acostumbrados. Jaime 1, Mateo 0.
Entrevista con la historia. Capítulo 22: La generosidad de Benedicto XVI
El otro día estuve hablando con el Papa Benedicto XVI acerca de la polémica reforma de la ley de educación española. "Si tuviera hijos --aseguró-- yo preferiría que no aprendieran religión en el colegio. A ver, si más adelante quisieran seguir la profesión de su padre, pues estupendo, me haría mucha ilusión que continuarán con el negocio familiar. Pero lo último que querría es que se sintieran obligados". Su Santidad también reflexionó acerca de la situación en la que se encuentra el sacerdocio: "Dicen que cada vez hay menos jóvenes sacerdotes. Pero es comprensible, los jóvenes de hoy en día lo tienen complicadísimo. En mi época, uno salía del seminario, se iba a una parroquia de pueblo o de barrio y, hala, a dominar las conciencias de las mujeres casadas con los señores poderosos. Pero hoy en día... ¿Usted sabe lo que están pidiendo por una parroquia diminuta y a reformar? Fortunas. Los sacerdotes jóvenes tienen que pedir hipotecas a treinta años como mínimo. Y así no se puede levantar cabeza". "Luego está el tema de la ciencia --añadió--. Salen cuatro tipos con gafas diciendo que no saben si el universo es infinito o si tiene forma de silla de montar y ya está, ya nadie cree en Dios. Un poco de paciencia, por favor, no me maten al Señor todavía, si ni siquiera saben si hay marcianos”. De todas formas, Benedicto XVI es optimista. "Lo que ocurre es que me has pillado en mal momento, de bajón. Anoche no dormí bien y, en fin, cuando duermo poco estoy de mal humor". Como para compensar, Ratzinger recordó alguna de las ventajas del sacerdocio: "Por ejemplo, no hay deslocalización. Como mucho, misiones. Y no estamos como para despedir a nadie". Obviamente, no pude dejar de preguntarle por la Cope antes de dar por concluida la entrevista. "¿La qué?", contestó. Le agradecí el tiempo que me había dedicado y me despedí cordialmente con un apretón de manos y un par de sonoras palmadas en el hombro. Y entonces fijó en mí aquella mirada que tanto conocía de anteriores encuentros y añadió: "¿Tú no me debías veinte euros?". Confiando en la seguramente regular memoria de aquel septuagenario, contesté con un "me confunde con otro, Santidad", salí de la sala atropelladamente y me dirigí a la puerta del palacio. Pero allí me agarraron dos soldados de la Guardia Suiza, me sacudieron un par de puñetazos y me quitaron un billete de veinte de la cartera. "El Papa es generoso, pero no tonto", dijo uno de ellos mientras yo intentaba levantarme del suelo. Ya en el taxi, camino del hotel, no pude evitar sonreír. Me había salido con la mía: le debía treinta euros y no veinte. La edad no perdona.
Confidencial
Mucho se ha hablado acerca de la infanta Leonor. Lo que nadie sabe es que nos están ocultando la verdad. Alguno quizás recuerde aquel rumor según el cual la princesa Letizia se habría sometido a un tratamiento de fertilidad para quedarse embarazada. Al parecer se desplazaba a una clínica valenciana especialista en estos asuntos fecundatorios. Estos rumores se desmintieron y hoy están casi olvidados, pero, claro, no contaban con mi astucia. El caso es que tengo un amigo que conoce muy de cerca al rey. Este amigo tiene un primo mallorquín al que un día se le fastidió el coche en la autopista. Mientras esperaba la grúa, se paró un motorista con la intención de echarle una mano. El tipo se quitó el casco y resultó ser el mismísimo y majestuoso rey Don Juan Carlos, que aprovechaba una mañana soleada para salir sin escolta a dar un paseo a ciento ochenta. El monarca hizo honor a su fama de connaisseur del mundo del motor y consiguió poner en marcha el vehículo averiado. Desde entonces el primo de mi amigo y el rey iniciaron una bonita relación, aunque, claro, esta amistad se lleva con la más absoluta de las discreciones. De todas formas, puedo confirmar que el rey admitió que la princesa se desplazaba a Valencia, pero el monarca también aseguró que aquello no tenía nada que ver ni con la reproducción asistida ni con cierto famoso gigolo afincado en la capital levantina. Por otro lado me enteré de cierta información que en principio no parecía relacionada con la reproducción de los Borbones: la existencia del Instituto de Robótica de Valencia. Una vez unidos estos elementos que sólo a las mentes débiles y conformistas les pueden parecer no relacionados, llegamos a una conclusión terrible: la infanta Leonor es un robot. O, mejor dicho, muchos robots, ya que a medida que pasen primero los meses y luego los años, tendrá que variar como mínimo la carcasa exterior de este engendro metálico y quién sabe si quizás asesino. Hay riesgos, sin duda, pero no quiero acabar este tenebroso y alarmante artículo sin mencionar las palabras de una de las ingenieras a cargo del proyecto y que resulta que estudió con la hermana de un amigo mío: "¿Quién o qué mejor que una Borbonator para asegurar la unidad de España?". EL CLÁSICO COMENTARISTA DE BLOGS POLÍTICOS: Sí, tú aquí con el pan y circo de la niña cyborg esa y mientras tanto los comunistas cerrando la Cope y los moros incendiando París. JAIME: Hombre, me parece que exageras. ECCDBP: ¿Cómo que exagero? Los terroristas islámicos franceses cerraron la Cope hace dos semanas, Jiménez Losantos está en la cárcel y César Vidal está escondido en Sierra Morena. J: ¿Pero qué dices? ECCDBP: Sí, sí, y Montilla casi se carga a Federico en un tiroteo. Pero, claro, de eso no se habla en este antro de esbirros polankistas estalinistas republicanos asaltaconventos. J: No, aquí no se habla de eso.
Sin pruebas
Insisto: todo tiene una explicación lógica. Sí, de acuerdo, se vio un platillo volante en las principales ciudades del planeta, un platillo que emitía por unos altavoces un mensaje bien claro: "Rendíos, terrícolas". Pero sin duda se trataba de un truco publicitario. Un nuevo chicle o algo así. A ver si no cómo iban a conocer los extraterrestres nuestro idioma. Además, el cartel de "Marte os saluda, esclavos" resultaba poco creíble. En Marte no hay vida, aparte de quizás cuatro bacterias aburridas y enfermas. También pudo tratarse de un efecto óptico o incluso de de una alucinación colectiva. No lo digo sólo por lo de ver el platillo, sino especialmente por aquello de quienes dicen que fueron abducidos. Reconozco que a mí también me dio como, no sé, la impresión de que un rayo de luz del platillo me capturaba y me elevaba por los aires hasta hacerme entrar dentro de la nave, pero, vaya, es normal, todos estábamos muy nerviosos al ver aquello por la tele, y uno tiende a imaginar cosas raras cuando está nervioso y cansado y preocupado y etcétera. Pero, vamos, seguro que encontramos una explicación natural a todo esto. Esos seres verdes con antenas que me introdujeron aparatos metálicos por todo el cuerpo simplemente eran unos aprovechados. Es lo de la navaja de Occam. La explicación más sencilla es la que tiene más posibilidades de ser cierta. El médico ya me quitó el chip que me implantaron y que me ordenó asesinar a toda aquella gente. Se lo llevé a un amigo informático y me dijo que no conocía aquella clase de chips. Por tanto, la explicación más sencilla es que no existen ni los chips ni los marcianos. Y que yo no maté a aquellos cadáveres que seguramente ya eran cadáveres cuando yo entré en sus casas. Además, eso de que los alienígenas se fueron porque no les gustaba el sabor de nuestra carne y que incluso les sentaba mal es ridículo. Estoy convencido de que se demostrará en breve que las fotografías de marcianos vomitando por las calles son burdos montajes. Y que los gritos que se oían por las noches de "por favor, no me coma" no eran más que televisiones del barrio con el volumen muy alto. Alguna película de terror o quizás el programa de Arguiñano. Y, en fin, eso de los tentáculos con los que ahora escribo no es más que... er... el conocido efecto placebo. No son tentáculos de verdad. Son mis brazos y mis piernas de toda la vida. Pero es el efecto placebo. O sea, que yo creo, tengo la impresión, me parece que, y eso produce ciertos resultados psicosomáticos. Nada que no se cure durmiendo. Que los marcianos no existen, hombre. Que no hay ninguna evidencia al respecto.
