martes, 17. enero 2006
Jaime, 17 de enero de 2006, 9:19:19 CET

Persecució


Com Federic Eiximenis Elssants no es cansa de repetir, el castellà --la llengua slurp de l'invasor-- ja està prohibit a Catalunya. Finalment el govern presidit a l'ombra, o millor dit a les tenebres, per l'immortal Jordi Pujol ens ha implantat uns xips al cervell que ens han fet oblidar completament l'espanyol, a excepció d'alguns barbarismes que el sistema no ha identificat correctament, com buenu, vale, atrupellu i carinyu. D'aquesta manera culmina la terrible persecució a la qual hem estat sotmesos els castellanoparlants i que herois de la veritat com Louis Mary Anson i Pere Jota Ramis no s'han cansat de denunciar. De fet, a mi em van tallar l'ou esquerre per parlar espanyol i fa dos anys em van assassinar de dos trets al cap. Abans d'això ja m'havien acomiadat de tres feines, ja que em resistia a parlar la llengua pròpia de Catalunya i a més em quedava adormit durant les reunions. La vida del resistent que no sabia o no volia parlar català era duríssima. No podia ni sortir al carrer sense patir un atropellu com a conseqüència d'utilitzar la llengua espanyola, la llengua-nació més vella d'Europa, com tothom sap. M'escopien, no em deixaven exercir com a jutge amb l'excusa de que no vaig estudiar Dret, TV3 era tota en català, l'Avui sortia en català, els llibres de Pere Calders eren editats en català, les classes de català eren en català, sense tenir en compte els interessos de la gent que viu a Múrcia... Vivia un malson continu. Perquè els catalans, com diu Elssants, són uns nazionalsocialistes que no han parat fins acabar amb tots els castellanoparlants bevedors d'escumós extremeny, com ho era jo abans que em matessin i m'implantessin aquest xip, nogensmenys la qual cosa no pot evitar que m'adoni que la meva llibertat està essent violada, car conservo els meus sentits prefabrians intactes i àdhuc no deixo de fer-ne ús. Àdhuc! Àdhuc! Àdhuc! Àd<fatal error: too many arcaïsmes reboot system program catalàsegle21.exe> Merde! Le program d'émergence est en français! Pauvre de moi! Pauvre de moi!


 
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lunes, 16. enero 2006
Jaime, 16 de enero de 2006, 9:16:54 CET

Comparativa


Han llegado a mis manos dos de los últimos modelos de Timorola y Tontia, el 250i y el 3340. Ambos ligeros y de diseño agradable, con prestaciones y servicios semejantes, en especial la gran pantalla que permite navegar por internet si estás en el metro o en el lavabo y necesitas urgentemente borrar el spam que no deja de llegarte al buzón de entrada. El Timorola 250i que he probado es la versión Emerald Treasures of Ireland, también conocido como Tim O’Rola. Destacan los tonos verdes y el trébol sustituyendo al número cinco. Incluye una mini petaca de Jameson en la práctica funda. El Tontia es el modelo de serie, que se puede obtener en rojo, verde, rojo oscuro, verde claro, rojo burdeos, verde botella, rojo casi naranja, verde caqui, rojo casi rosa, fucsia, violeta y lila. La primera diferencia que encontramos es la del peso. Si bien ambos tienen un tamaño similar (14,5 por 7 y 15 por 6,5), el Tim O’Rola pesa diecisiete gramos más, una clara desventaja explicada por una batería de litio ultrasens que proporciona dos horas más de batería en reposo y siete minutos en conversación, siempre que no se grite. Eso sí, tanto la pantalla como la cámara del Tontia disponen de una mayor resolución, aunque a efectos prácticos, las cuatro pulgadas y los 1,2 megapíxeles del Tim O’Rola son más que suficientes para navegar y sacar fotos de gatos. Una pena que entre los 65.000 colores no incluya el siempre práctico azul. La memoria de ambos aparatos, 128 mb, se revela escasa y es imprescindible hacerse con una nada económica tarjeta para ampliarla con el objeto de no dejarlos olvidados en la mesa de una cafetería. Por aquello de la memoria. Ja. Ojo: el Tontia no es compatible con los siempre prácticos formatos de vídeo *.IMB y *.EC, ni con los archivos de audio *.IL, cosa que supone una clara desventaja. En cuanto a los teclados, ambos son de tacto agradable y fácil manejo, aunque tardé dos segundos menos en escribir el sms "dnde stas xurri?" con el Tim O’Rola. Y es que el Tontia pincha un poco. Eso sí, el menú de navegación de este último es claramente superior, aunque se echa en falta una mayor capacidad de configuración, al menos por lo que se refiere al cambio de tensión dual ergonómico asimétrico de triple banda, aspecto siempre siempre práctico cuando uno está de viaje o simplemente borracho. Incluye cuatro juegos, uno más que su rival, aunque el Tim O’Rola tiene el Tetris. Por cierto, el Tim O’Rola presenta un poco importante pero para algunos molesto defecto de fábrica: permite recibir llamadas, pero no hacerlas. Aunque quién quiere llamar por teléfono, habiendo cabinas. Así, y después de un total de cuatrocientas treinta y dos horas de pruebas y a pesar de que sigue sin llamarme nadie porque no tengo amigos, le doy un siete y medio al Tim O’Rola y un siete coma veinticinco al Tontia. La diferencia es apenas porque el diseño del primero me parece más agradable: esa petaca se ha convertido en un elemento imprescindible en mi vida cotidiana y, de hecho, mi familia ya ha expresado su preocupación al respecto. Ambos son por tanto una buena opción para quien disponga de un presupuesto medio de 500-600 euros y no necesite la gama superior de ambas marcas, que incluye el siempre práctico puntero láser y un llavero de aluminio reforzado.


 
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jueves, 12. enero 2006
Jaime, 12 de enero de 2006, 9:13:08 CET

La entomología, una profesión de riesgo


La entomóloga Ruth Johnson falleció el pasado martes devorada por las termitas asesinas del Sudán. Se trata de la tercera entomóloga muerta en el ejercicio de su profesión en lo que va de siglo. La número ochenta y tres de la que se tiene conocimiento. El primer caso conocido de muerte de un entomólogo en el ejercicio de su profesión es el de Johannes Ants, científico del siglo 16 que enfermó de tifus tras clasificar las cucarachas de Baviera en tres grandes familias. Una a una y con sus propias manos. Su trabajo se consideró obsoleto y asqueroso ya antes de su muerte. Desde entonces, los entomólogos trabajan con guantes o se lavan muy bien las manos antes de comer. También desde entonces son considerados, no sin razón, unos enfermos. Más respetado fue Sebastian Belle, parisino que falleció en 1784. Estaba examinando con lupa un avispero que colgaba de un nogal y, al ver los bichos tan grandes y tan de cerca, se asustó, se cayó y se rompió la nuca. De su pluma nos queda el famoso De avispas y abejas. Cómo distinguirlas antes de que sea demasiado tarde. Su discípulo Jean-Luc Jobar añadió un epílogo acerca de la mejor manera de sujetar una escalera a un árbol. Mary Pickford fue la primera mujer entomóloga y la primera en morir en el ejercicio de su profesión. Estadounidense y por tanto obesa, escribió un interesante tratado que ha llevado a muchos niños y niñas a interesarse por el pequeño y animado mundo de los insectos: Los bichos son asquerosos y por eso nos gustan. Actualmente sus métodos de estudio son considerados "innecesariamente sádicos y crueles" por los pusilánimes, pero gracias a ella sabemos que cuando los escarabajos arden, hacen un ruido así como fiusssshhh. Murió en su laboratorio en 1887. En extrañas circunstancias. Algunos dicen que hubo un motín entre sus experimentos. Su vida inspiró la película La mosca. La labor del británico Robert Inglond era más agradable. Se especializó en mariposas y murió en 1923. Dio nombre a veintinueve especies distintas y se ganó comprensiblemente fama de homosexual: la robertiana, la inglondiana, la robertesa, la inglondesa, la albis inglond, la robertia volatoris, etcétera. Murió al capturar con su red la que se conocería como robertia matadora. Saltó para cogerla y olvidó que estaba al borde de un precipicio. Su cadáver fue hallado semanas más tarde. En él se encontraron larvas de una especie de gusano no conocida hasta entonces: el robertino devorantis. Sin duda, la entomología es una profesión de riesgo. Y los entomólogos son probablemente unos desequilibrados que no maduraron de forma adecuada, cosa que les hace sentir verdadera fascinación por unos animales que no son más que crueles errores de la creación, y que Dios me perdone. Aunque menos mal que existen los insectos y los arácnidos y demás, porque, de no ser así, toda esta gente estaría probablemente asesinando a personas inocentes.


 
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miércoles, 11. enero 2006
Jaime, 11 de enero de 2006, 8:52:30 CET

La verdad está ahí fuera


Luisa Estébanez lleva diecisiete años buscando la verdad. En su incansable trabajo de exploración ha recorrido Tailandia, el norte de Rusia, Tayikistán, la República Checa y Rumanía, aunque actualmente ha optado por las plantas de caballeros de los grandes almacenes de todas las capitales de provincia españolas. "Tiene que estar por aquí --afirma, convencida--. Se me debió caer o algo mientras compraba aquella camisa". Estébanez afirma que, a pesar de lo que algunos creen, "la búsqueda de la verdad no es una cuestión de exploración interna. La verdad es objetiva y sólo hay una. Por lo tanto, tiene que estar en algún sitio". La filósofa explica que una vez creyó haberla encontrado, "pero al final resultó ser una calculadora. Su precisión me confundió". Esta pensadora decidió pasar a la acción después de una experiencia casi mística en un restaurante. "El camarero aseguraba que la trufa blanca que acompañaba al carpaccio era de verdad". Esta frase le hizo pensar que la verdad era una región geográfica húmeda, cosa que facilitaría la presencia de estos hongos. "Ahora creo más bien que es un objeto verde y que cabe en una maleta. Quizás en una de las grandes". Como es natural, Estébanez ha tenido que lidiar con farsantes que querían sacarle los cuartos a cambio de falsas verdades. "Me han intentado vender de todo: tostadoras, libros, un juego de sartenes, una falda monísima, una Play Station, un loro muerto... Pero nada de eso era la verdad. Eso sí, la falda me queda de muerte. Sólo espero --concluye-- encontrarla antes de morir. Y ya me queda poco. Aún soy joven, pero presiento que mi hora se acerca". Deja de hablar y termina su taza de té. "He de coger un avión", dice sonriendo, pero con la mirada triste. Sale de la cafetería. Cruza la calle. Farruquito acelera su BMW. Se oye un frenazo. Estébanez grita y se estrella contra el parabrisas. Cae al suelo como una maleta de las grandes. Farruquito se baja del coche. "Ep --dice--, todo el mundo tranquilo, que tengo carné". La gente le aplaude. Llega una ambulancia. Recogen a Estébanez con una pala. Farruquito, gritan, eres el mejor. Te queremos, Farruquito. Faaaarru... Faaaarru... Faaaarru... Baila, baila, y Farruquito baila.


 
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martes, 10. enero 2006
Jaime, 10 de enero de 2006, 10:39:31 CET

El método de adelgazamiento Hans Adenauer


Hans Adenauer ganó mucho dinero a finales de los noventa gracias a una clínica de adelgazamiento ultrarrápido. El doctor Adenauer patentó un innovador método --el método Adenauer-- que permitía perder entre diez y ciento veinte kilos de peso gracias a una simple operación. "Mi sistema era muy simple --explica-- consistía en amputar, por ejemplo, una pierna, con lo que el paciente podía perder de golpe veinte kilos difíciles de recuperar. A veces había que amputar una pierna y un pie, o incluso las dos piernas o una pierna y un brazo, pero eso ya en casos extremos". Adenauer comenta uno de estos casos. "Un hombre afectado de obesidad mórbida. No dejaba de ganar peso a pesar de las intervenciones a las que era sometido. Un verdadero adicto a la comida. Le perdían el chocolate y los macarrones. Tomaba ambos alimentos a la vez. Macaroni al cioccolatto. Visitó nuestro quirófano en siete ocasiones y al final ya no tenía ni piernas ni brazos. Era una enorme barriga con cabeza. Finalmente decidimos amputarle el tronco y mantener su cabeza con vida gracias a una complicada maquinaria". Después de mucho insistir, convenzo a Adenauer para que me presente a este hombre. "Antes estaba en nuestra clínica, pero nos la cerraron por un tema de permisos. Burocracia. La burocracia siempre nos está cortando las alas a nosotros los emprendedores". El paciente, Albert Herrmann, está en su cama o, mejor dicho, en su almohada. Del cuello le salen una serie de cables y tubos conectados a una caja metálica de metro veinte de alto y metro veinte de ancho, llena de luces y botones, de la que a su vez sale un tubito que va a dar a un fuelle que una enfermera no deja de accionar. "Respiración asistida", explica Adenauer. Saludo a Herrmann y le pregunto qué tal se encuentra. "Casi no me encuentro", contesta y suelta una risotada. "Me duele la cabeza", añade y vuelve a reír. "No, en serio, estoy bien. Al no tener estómago no necesito comer y me pasan proteínas por un tubito y la sangre riega mi cabeza gracias a este otro tubito. Tengo todo lo que necesito. Eso sí, hay una cosa que me molesta mucho. Muchísimo. La Unión Europea. Estoy absolutamente en contra. Sólo sirve para sacarnos dinero". Le dejamos descansar. "Está en su peso ideal --explica Adenauer--. Nos ha costado, pero está en su peso ideal. Maldita burocracia. Con la de gordos que podrían estar en su peso ideal gracias a mí. Habría que matarlos a todos. Malditas leyes contra el asesinato. En fin".


 
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