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Al servicio de mis lectores (los tres)
Sé que he de prestar atención a la chisporroteante actualidad. Los temas de urgencia reclaman mi atención, ya que mis amables lectores, esos pobres desgraciados, necesitan que alguien les diga lo que han de pensar acerca del Estatut, del concepto de nación(alidad), de los papeles de Salamanca (todos y cada uno de ellos) y de si es justo que Pepe gane Gran Hermano. Pues sí. Es justo. Además, si cientos de columnistas de diarios de prestigio --¡de prestigio!-- escriben cada día sobre el tema que toca, ¿quién me creo yo que soy para hacer otra cosa? ¿Eh? ¿Quién? ¿QUIÉN? ¿QUIÉN? Por otro lado, y como la realidad y sobre todo las opiniones son volubles como una pluma en el viento, y el día menos pensado va Piqué y vota sí al estatuto, mientras que Carod agarra y dice que ni hablar de la china, La decadencia del ingenio ha puesto en marcha un nuevo servicio de urgencia para sus lectores, esos pobres desgraciados. El Decatono. El sistema consiste en enviar un sms con la palabra o palabras clave y en unos segundos se recibirá en el móvil un mensaje de texto que le servirá a uno para defenderse en una cena o mientras reparten canapés en ese estreno de teatro en el que nos hemos colado hábilmente, ya que al llevar zapatillas rojas e ir sin afeitar todos creían que éramos alguno de esos actores de tercera que hacen teatro independiente más que nada porque no hay productora de televisión que les contrate. El servicio contempla el envío de aceradas y contundentes opiniones sobre política, sociedad y cultura. Si el mensaje se envía al 55551, se responde desde una óptica moderna y de izquierdas, pensando en el cliente con gafas de pasta. En cambio, el 55552 va dirigido a tipos con jersey azul marino al hombro, de esos a los que nadie puede convencer de que la gomina o, en su caso, la laca, están absolutamente pasados de moda desde 1992. Así por ejemplo, el envío del mensaje DECATONO ESTATUT al 55551 daría como respuesta un texto similar a este: “Pr fn s ha alcanzdo 1 aqerdo q satisface a to2. Es ambicioso pro tb moderado. Ingnioso en lo q se refiere a la inclsión de la palabr ncion slo n l preambulo”. En cambio, si uno de nuestros clientes envía la palabra EVOMORALES al 55552, recibiría un texto como el que sigue: “El qadrado de las brmudas ZP Chaves Fidel Evo traerá la dstrucción de la librtd n los paises d habla hispana. ZP sólo sabe apoyar dictadres vstidos como el payaso de micolor”. Obviamente los mensajes son variados, ya que de lo contrario correríamos el riesgo de que quince o veinte personas repitieran exactamente las mismas frases en la cola de los cines Verdi o en la puerta de alguna discoteca de por encima de la Diagonal, y eso supondría incontables molestias y una atmósfera incómoda para nuestros clientes, esos pobres desgraciados. El coste del servicio es de 1,12 euros por mensaje, pero hasta que acabe enero, estamos de oferta. Sólo 97 céntimos más impuestos.
Menos noventa y dos
La persona más joven de la que se tiene noticia es una barcelonesa que nacerá el 7 de julio de 2098. "La verdad es que no siento nada especial --explica--; es pura casualidad, podría haber sido cualquier otra persona". Esta joven aún no tiene nombre, pero le gustaría que la llamaran Eva María Aquitania Guzmán de Estefanía. "Es un nombre poco habitual y que tiene un sonido recio y noble. Ah, y también me gustaría que mis padres, que tampoco han nacido aún, me bautizaran en una iglesia, que los bautizos son una experiencia por la que merece la pena pasar. Al menos, eso me han dicho". También tiene claro a qué le gustaría dedicarse: "Quiero ser estrella del rock. Revolucionarlo todo. Comerme el mundo. Llevar el pelo largo. Destrozar habitaciones de hotel. Crear un nuevo estilo. En fin, qué le voy a contar, los clásicos sueños de juventud, ja ja, seguro que acabo en una oficina sin ventanas, poniendo números en una hoja de excel y soñando con quemar el edificio y matar a todos esos hijos de puta". Al no disfrutar aún de orejas, Eva María Aquitania no ha tenido la oportunidad de escuchar nada de música, pero asegura que le fascina David Bowie. "Me encantaría ser como él. Todavía no tengo ojos, pero ojalá sean cada uno de un color". Justamente lo del cuerpo le aterra. "Es más complicado de lo que parece, eso de tener un cuerpo. A la que uno se despista nace sorda, o ciega, o sin piernas, o con algún retraso mental, o simplemente fea. Hay que tener cuidado". De todas formas, Eva María Aquitania es optimista. "Es lo que dicen: nunca pasa nada. Hasta que pasa, claro. Pero, en fin, simplemente tengo que hacerlo todo tranquila, correctamente y sin prisas. Tendré nueve meses, creo que es tiempo de sobra. El truco está en no confiarse ni dejarlo todo para el último momento".
Casi dos siglos
Fernando Alcoba cumple hoy 184 años. Su secreto: "Me tendría que haber muerto en 1916, pero no supe cómo hacerlo. Soy un completo desastre: primero me olvidé del día y luego me salió todo mal y en vez de morirme acabé respirando muy deprisa. Mi mujer no paraba de decirme mira que eres tonto, pero qué tonto eres, ni para eso sirves. Menos mal que del disgusto se murió dos años más tarde". Alcoba ignora si al no haberse muerto ha conseguido la inmortalidad o sólo ha ganado unos cuantos años. "Intuyo --explica-- que es cuestión de cogerle el truquillo. Hombre, tampoco es que me apetezca mucho morirme, la verdad, pero, en fin, mis tataranietos tienen ganas de heredar y el del banco está cansado de darme intereses. Es por no hacerles un feo. El problema es que cada vez estoy más viejo y cansado, y tengo menos energía para practicar. Y la práctica lo es todo". Lo cierto es que pudimos comprobar que Alcoba goza de una mente despejada y una salud de treintañero. De treintañero heroinómano desde los doce años, pero treintañero al fin y al cabo. Incluso conserva dos dientes propios, oye bastante regular del oído izquierdo y aprecia sin dificultad manchas borrosas en movimiento que no siempre están ahí. "Y como de todo --añade--, siempre que sea en forma de puré, claro". Le preguntamos si le gustaría llegar a los doscientos años. "Hombre, ahora le diría que no, pero tampoco quería llegar a los cien hasta que cumplí noventa y nueve". Le cuida una tataranieta-sobrina solterona y amante de los gatos. Fernando comenta entre risas que esta señora "cree que tengo mucho dinero y que lo va a heredar casi todo. Lo que por otra parte es cierto, pero ella se lo cree". Ante nuestra mirada de estupor, el hombre se queda dormido. Dos minutos más tarde despierta y nos mira aterrado. "¡Evaristo! --grita--. ¡Me van a matar! ¡Evaristo! ¡Se me llevan!" Salimos de la sala discretamente mientras su tataranieta --que se llama Sara y asegura que en su familia no hay ningún Evaristo, a excepción de su padre, su hermano, su abuelo, su bisabuelo y una prima de la que nadie quiere hablar-- intenta calmarle. Ya en el pasillo nos damos cuenta de que yo sólo somos una persona, así que dejamos de usar el plural para hablar de mí mismo. Salimos, digo, salgo de la casa discretamente, aprovechando para llevarme prestado un bonito reloj de pared del siglo 19.
Far too silly
A: Oiga, ¿y usted a dónde se cree que va? B: Pues a mi casa. A: Ah, qué bonito, qué bonito. ¿Y eso que se lleva bajo el brazo? B: Pues un libro. Precisamente venía a decirle que me lo llevo. A: Muy bien, qué alegría, qué despiporre, ya estamos rompiendo la unidad de archivo. B: ¿Pero de qué unidad de archivo me está hablando? Si esto es una biblioteca. A: Pues eso. Una biblioteca. Y no mil trescientas cuarenta y dos, que son los socios que tenemos. No podemos ir dejando que locos como usted se lleven cada uno un libro y nos dejen sólo con el polvo de las estanterías. Eso significaría el fin de la civilización tal y como la conocemos. B: Oiga, que en tres días lo devuelvo. A: ¿Y yo cómo sé que eso es verdad? Usted es otro catalán más, un mentiroso compulsivo, un falsificador de la historia, un traidor, un descuartizador, un intolerante, un fascista, un cleptómano, un enfermo, un culé, un genocida. B: Hombre, pero tiene mi dirección y mi teléfono. A: Falsos, seguro. Además, si tuviera que ir a buscar el libro, necesitaría poner una denuncia, que el juez autorizara a la policía a entrar en su casa, demostrar que ese libro no es suyo... En fin, papeleo y abogados. Saldría más a cuenta comprar un libro nuevo, que es lo que usted quiere. Anda que no les tengo yo clichados a los desintegradores de archivos como usted. B: Bueno, mire, si se va a poner así, le dejo el libro aquí, en el mostrador, y usted me deja en paz. A: No, hombre, que era broma. B: (...) A: Era un ejemplo práctico de cómo la sociedad está excesivamente politizada y polarizada. Llévese el libro, hombre, faltaría más. Es una mierda, pero lléveselo. B: (...) A: Y no olvide reflexionar acerca de lo que ha experimentado hoy aquí. B: (...) A: Las bibliotecas: centros culturales en el más amplio sentido de la palabra. B: (...) A: ¿Qué ocurre? B: (...) A: ¡¿Qué?! B: (...) A: ¿Qué pasa? ¿Tengo monos en la cara? B: (...) A: ¡AH! ¡AAAH! ¡AAAAAAAHAAAHA! ¡QUÍTEMELOS! ¡QUÍTEMELOS! ¡AAAAAH! ¡MONOS! ¡MONOS! ¡QUÍTEMELOS! ¡AAAAHAAAAAHAAAAA!
Trabajar por la paz
Muchos altos oficiales del ejército español son pacifistas. Se reúnen en secreto los jueves en una discoteca madrileña para conspirar contra las guerras. Estos militares forman parte de un grupo internacional, la Organización Mundial de Militares Pacifistas (OMMP), que sueña con un mundo en el que un trabajo estable en la armada no implique el suicidio del género humano por culpa de los conflictos armados. Están incluso dispuestos a eliminar los ejércitos. Cuando se jubilen, claro, que no es plan de renunciar a un trabajo estable así como así, con lo mala que está la cosa. El teniente coronel Martínez Martínez, a quien llamaremos a partir de ahora Rodríguez Rodríguez con la intención de que su nombre permanezca en el anonimato, es uno de los fundadores de la rama española de esta sociedad. "Me metí a militar porque a mi madre le hacía ilusión verme de uniforme --explica--. Además, es un trabajo seguro y uno puede llegar a estar justo por debajo del rey, cosa que siempre tiene su gracia para un republicano como yo". Mart... Digo, Rodríguez se manifestó de uniforme en contra de la Otan, cosa que le supuso dos fines de semana de arresto y la obligación de pelar dos kilos de patatas con ayuda de un práctico adminículo eléctrico. "Cualquier sacrificio es poco por la hermosa causa por la que lucho --explica, con los ojos bañados en lágrimas--. Aquel sábado había quedado... Para jugar a billar... Con lo que a mí me gusta el billar..." En estas manifestaciones conoció a la comandante Elena Gutiérrez, a quien llamaremos Elena X. La señora X no tardó en unirse al grupo recién creado por Rodríguez, que en realidad se apellida Martínez. "Fue estimulante saber que había mujeres pacifistas como yo en todo el mundo, que se habían alistado porque nuestro feminismo radical nos llevaba a impulsar con obras y no sólo palabras la igualdad de sexos en todas las profesiones y ámbitos". Elena X se hizo conocida por la campaña que inició en 1998 a favor de un ejército sin armas. "Trabajo sí, pistolas no", era su lema. "Conseguimos que el ejército comenzara a asegurar que trabaja por la paz --explica Elena X--. No es poca cosa. La frase hubiera sonado absurda sólo diez años antes". De entre los oficiales más jóvenes afiliados a la OMMP, destaca el teniente Ramón Peris, a quien llamaremos Judit González. Judit es un conocido miembro de grupos antisistema de Barcelona. "A mis amigos no les molesta que sea militar. Ya se sabe que el curro es el curro. Además, es un puesto de funcionario, nada menos. A ver quién me despide ahora, aunque llegue diez minutos tarde cada día". "Lo malo --añade-- fue cuando tuve que ir a Afganistán". Judit pensó en desertar, "pero yo siempre he sido un tío cumplidor. Total, al final casi ni disparé. Un par de misiones en las que acabé con varias unidades enemigas yo solo en plan Rambo, con una cinta de tenis en la frente. Porque yo soy pacifista, pero tengo muy buena puntería. Eso sí, maté por diversión y porque mi psiquiatra dice que lo mío no tiene cura, no por ceder ante los deseos imperialistas y genocidas de eso a lo que algunos llaman 'patria'". Tras estas misiones a las que se presentó voluntario de mala gana, Judit recibió varias condecoraciones. "No sé cuáles. Yo no me preocupo por estas cosas, como soy pacifista... La cruz laureada de San Fernando y la medalla del mérito militar... Creo, ¿eh? Creo..."
