Creíamos que poco a poco estábamos dejando de ser masa. Internet, la participación, la interactividad, incluso el protagonismo, nos creaban la impresión de que dejábamos de ser grupo para convertirnos, finalmente, en individuos. La masa no sólo se estaba convirtiendo en sujeto, como diría un hegeliano, sino en sujetos. Todos estábamos llamados a ser superhombres.
Pero me temo que esta impresión ha resultado ser simplemente un engaño. El engaño de siempre, imagino. Seguimos siendo masa, aunque sea una masa disgregada. Aún reaccionamos del mismo modo a los mismos estímulos. Somos todavía turba violenta. Aunque no nos veamos las caras.
Aún no somos, pues, sujetos. Simplemente estamos sujetos. Como siempre. Necesitamos seguir provocando y dejando que nos provoquen. Hay que ser absolutamente
A estas alturas todo el mundo sabe ya que
Ilan Stavans ha traducido
Don Quijote de la Mancha al spanglish. Y a estas alturas todos hemos leído multitud de críticas a este experimento, que se califica poco menos que de atentado contra la obra de Cervantes y el idioma español (aunque supongo que el inglés también se ha visto afectado).
Pues a mí no me molesta tanto eso de "in un placete de La Mancha", o este otro fragmento, impagable: "Tenía el hábito de leer libros de chivaldría with tanta pleasura y devoción as to ladearlo casi por completo a forgetear su vida de hunter y la administración de su estate".
De acuerdo, supongo que el spanglish no es exactamente (al menos todavía) una lengua, y es cierto que no se ha formado de la manera habitual en que surgen los idiomas. Seguramente el spanglish es más producto de la pereza que de la inventiva, y esta mezcla de inglés y español no tiene nada que ver con cómo se contaminan entre sí -es decir, se enriquecen- lenguas vecinas, dominantes, conquistadoras y conquistadas. Incluso podría estar de acuerdo con el hecho de que el spanglish tiene más interés para los sociólogos que para los lingüistas.
Pero aquí en Barcelona yo estoy muy lejos de esos 40 millones de spanglishparlantes que calcula Stavans. Todas esas disputas me pillan muy de refilón y de nada sirve apelar a una supuesta conciencia patrióticolingüística que no tengo, aunque me guste leer textos cuidados y bien escritos. Como a todo el mundo.
En definitiva, y sencillamente, esta traducción me parece un experimento divertido, un juego con la lengua que, independientemente de su alcance social y literario, merecería la atención de
Màrius Serra, en caso de que decida ampliar su magnífico
Verbalia.
Y ya sé que igual exagero, pero, por ejemplo, en
Finnegans Wake y en
La naranja mecánica, Joyce y Burgess -su mayor admirador, imagino- parten de lenguas existentes para crear, casi, otras nuevas, en un juego semejante. De la obra de Joyce, sólo dispongo de la traducción al ¿español? de Víctor Pozanco, pero aún así estas frases pueden servir como ejemplo: "Love to love en el primer set (¡por pura diversión!). Que el río se secará en cuanto te niegue. ¿Quién habráse hoydo cosa semejante? Hasta que el más errado de los hierros atraviese la piedra de nuestro corazón. Y mis is Amarga confraterniza con mis is o'mores". De Burgess valga este otro ejemplo: "I could viddy a nice malenky statue that shone in the light of the room, so I crasted this for my own self, it being like a young thin devotchka standing on one noga with her rookers out".
Sé que igual debería estar más concienciado, pero a mí me gustan los juegos, qué le vamos a hacer.
Jaime, 16 de julio de 2002, 10:28:46 CEST
Minicrisis
No me suelen gustar los cuadernos de bitácora con textos personales y aún menos los lacrimógenos, pero uno entra hoy en una edad un tanto peligrosa, de ésas que estan llenas de números. Sé que alguno dirá que aún soy joven y que ni siquiera he llegado a ninguna cifra realmente temida -como ese tres en las decenas-, pero como se trata de gente que es mayor que yo, no puedo tenerles en cuenta para evitar hundirme en una minicrisis por edad.
Y es que, a mis años, Orson Welles había rodado
Ciudadano Kane, por ejemplo. Y Goethe había publicado
Los sufrimientos del joven Werther. Por no hablar de Mozart, que ya tenía a sus espaldas, entre otras muchas obras, un par de óperas, más de treinta sinfonías y una quincena de conciertos para piano y orquesta. Thomas Alva Edison, que no fue un niño prodigio o un cerebro precoz, a mi edad ya había montado un periódico propio en la línea de ferrocarril Port Huron-Detroit (donde trabajaba), había inventado un nuevo modelo de teletipo para la bolsa y había mejorado la máquina de escribir, además de tener ya laboratorio propio. Charles Dickens había publicado
Los papeles póstumos del Club Pickwick,
Oliver Twist y
Nicholas Nickelby. Miguel Ángel había esculpido
La piedad de San Pedro, y Rafael había pintado
Las tres gracias y
El sueño del caballero. Por no hablar de Alejandro Magno. Fijaos en todo lo que hizo antes de llegar a mi edad (cito por orden): dirigió la caballería en la batalla de Queronea frente a los tebanos, fue coronado rey de Macedonia, conquistó Tracia e Iliria, pacificó Grecia -¡lo que debe de costar eso de pacificar un país!-, inició una campaña contra Persia al frente de un ejército de 40.000 hombres, derrotó a Darío III y conquistó Siria, Tiro, Gaza, Israel y Egipto, donde fundó Alejandría.
Y no sólo eso, sino que tengo conocidos por ahí que a mi edad están a punto de dirigir su propio programa de radio o de televisión (aunque sea local), y me sé de uno -y no miro ni enlazo a nadie- que cuando cumplió los años que yo tengo era padre de una niña muy guapa que hoy es -cito textualmente- una adolescente pedorra.
Sí, ya sé que siempre que me compare con todos esos de allí arriba saldré perdiendo, pero uno de niño cree que de mayor será Leonardo da Vinci y no una versión pobre y sobria de Ricardito Bofill. O sea, nada. Me sirve de consuelo pensar que a Albert Einstein aún le quedaba un año para publicar los artículos en los que comenzaba a hablar de la Relatividad y que, si yo fuera Nerón, aún me faltarían dos años para incendiar Roma.