Los gemelos suelen venir de dos en dos. Quiero decir que acostumbramos a conocerlos en pareja, aunque no seamos su madre.
Pero, a veces, alguien a quien has conocido de manera, digamos, individual, te dice que tiene un hermano gemelo. A modo de comentario, sin darle importancia. Claro, no la tiene...
Pero en seguida te viene la imagen a la cabeza: ese tipo (o esa muchacha) tiene por ahí un doble dando vueltas; con un tono de voz parecido, la cara algo más alargada o algo más redonda, quizás con algunos quilos más (o algunos menos).
Les han confundido desde niños. Y ellos han aprovechado esas confusiones. Les han vestido igual, cambiando sólo el color de la ropa. Les han visto siempre como a una pareja de hermanos y no como a un hermano y a otro hermano.
Empiezas a preocuparte: sabes que es absurdo, pero te da la impresión de que ahí delante sólo tienes la mitad de una cosa. Una gafa, una tijera, un alicate, un gemelo. Te inquieta el hecho de que un día te los puedas encontrar a los dos por la calle. Paseando cada uno del brazo de su novia. Otras dos hermanas gemelas.
Supongo que es absurdo, pero la imagen de
gemelo me asusta. Tanto como la idea de asomarme a un espejo y no verme reflejado. ¿Exagero? Quizás. En todo caso y para evitar suspicacias de mellizos vengativos, diré que la culpa es de
. Las reclamaciones, a él.
Delirio que será, cómo no, convenientemente reciclado (es decir, arrojado a la papelera)
X saldrá vestido de blanco impoluto: pantalones, camiseta y zapatillas de tela. No llevará calcetines. Pelo corto, despeinado. Sexo, indiferente. Mirada perdida. Tiene que hablar muy rápido, en tono bajo, aunque con cambios bruscos de velocidad y volumen. Las manos por debajo del pecho; juguetea con los dedos. Puede llevárselas a la cara y a la cabeza.
X: No me gusta reciclar, ¿sabes? Porque, cuando reciclas, luego reaprovechan lo reciclado, ¿entiendes? No sé si me explico. O sea, que se vuelve a usar. Tiras, por ejemplo, una botella de cristal y cuatro diarios viejos a sus contenedores, cada uno al suyo, cristal por un lado, papel por el otro, y, al día siguiente abres la puerta y te encuentras en el rellano la botella limpia; sin etiqueta, eso sí, pero limpia y con el tapón de corcho entero. Y los periódicos al lado, en un montoncito. Las hojas son algo más grises, pero están como nuevas, bien plegadas y ordenadas, con las noticias de aquellos días oliendo a fresco y con el crucigrama que casi acabaste en blanco. Y no puedes tirar todo eso, porque para algo lo has reciclado, ¿no? ¿Qué sentido tendría? Así que lo guardas. Y otro día tiras, no sé, un tetra brick, por ejemplo, y vacías la papelera de tu habitación. Entonces te devuelven el tetra brick, cerrado y casi reluciente, como cuando lo compraste en el super. Sólo que vacío, claro. Y al lado, pongamos, unos veinticinco folios que usarás de nuevo, reciclarás otra vez y te volverán a devolver. Y eso por no hablar de la ropa. La ropa vieja también se puede reciclar. Se ha de reciclar. Al principio está bien, porque te devuelven las camisas y los pantalones bien planchados y reteñidos, pero, claro, en seguida se pasan de moda y no es verdad que las modas vuelvan: no es lo mismo una camisa estilo años 70 del Zara que la camisa vieja de tu padre.
Al final toda la casa se llena de botellas de vino vacías, de tetra bricks de aire, ropa anticuada, periódicos atrasados y bien plegados. Todo se amontona en los armarios, sobre los sofás, encima y debajo de la cama. Acabas caminando entre los vasos que rompiste, entre los muebles que tiraste, sobre los cuentos que acabaron en la papelera y las cajas de cartón en las que venían aquellas cosas que compraste y ahora no eres capaz de encontrar. ¿Y que se puede hacer con todo eso? Está ya reciclado, no tendría sentido volverlo a tirar, o sea, a reciclar, porque lo volverías a recibir al día siguiente en tu casa; lo dejarían en el rellano. Y hay que reciclar, todo el mundo tiene que hacerlo y todo el mundo, el planeta, quiero decir ahora, acabará rebosando basura limpia que nadie sabrá cómo usar. Bueno, algunas cosas sí, como los folios, pero nadie se atreverá a usarlos, porque luego habría que volverlos a reciclar y no sabes lo espantoso que es tirar algo viejo y encontrártelo de nuevo en el rellano, reciclado, algo más gris, algo más apagado, pero como antes de que tú lo destrozaras. Y la culpa es de los lecheros ingleses, pero ése es otro tema, que ahora se trata de reciclar y ¿entiendes ya por qué no me gusta reciclar?
Jaime, 27 de agosto de 2002, 17:22:55 CEST
Batasuna (algunas dudas)
No cabe ninguna duda acerca de la connivencia (y dependencia) entre ETA y Batasuna. Y, desde luego, no merece ningún respeto un partido que no condena (y supuestamente apoya moral y logísticamente) asesinatos y atentados terroristas. Pero no creo que la ilegalización de este partido sirva para acabar con el terrorismo. Ni siquiera creo que vaya ayudar, sino que más bien parece previsible un aumento de la división de la sociedad vasca y, en consecuencia, que aún sea más difícil vivir allí con toda normalidad. Especialmente para aquellos que llevan escolta. La ilegalización de Batasuna igual supone mayores dificultades para los terroristas, pero es también una excusa más. Una excusa cruel e imbécil, sin duda. Aunque, claro, matar por la independencia (o por la dependencia) de un país es ya de por sí bastante imbécil.
Sinceramente, no tengo ni idea de lo que se puede hacer en el País Vasco. Aunque sí me atrevo a caer en el tópico del necesario diálogo (por una vez, no falso por tópico), aunque sin olvidar que el problema no es tanto hablar (ya se ha hecho) como dejar claras las bases sobre las que se establecerá este diálogo. Ambas partes han de asumir que tendrán que ceder. Quizás mucho.
Si todo se limita a acciones policiales y a la ilegalización de Batasuna, me temo que poco se va a arreglar. Los arrestos no han solucionado gran cosa hasta ahora, y no creo que se pueda meter en la cárcel a todo el que esté dispuesto a cometer atentados. Por poner un ejemplo, y asumiendo las diferencias que existen entre ambos conflictos, en Irlanda del Norte no acabaron con el terrorismo expulsando al sur a los católicos ni metiéndolos en la cárcel. Cosa que no quita, claro está, que cuanto pueda hacer la policía por evitar asesinatos y arrestar a asesinos sea más que necesario y encomiable.
Pero si todo se mantiene igual, con asesinatos y arrestos, y si la ilegalización de Batasuna no ayuda (dudo que lo haga) habrá que preocuparse por el "y luego, ¿qué?" ¿Estarán dispuestos en Madrid a radicalizar de modo brutal e insensato el conflicto? ¿Declararán el estado de excepción? ¿Meterán los tanques en Bilbao? ¿Creerán que es factible (y no, no lo es) una solución al estilo Bader Meinhoff?
Por supuesto, me alegraré si resulta que estoy equivocado y que es un acierto, y no una especie de vendetta política, ilegalizar Batasuna. Pero lo dudo. Lo dudo mucho.