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Hamilton

Sin complejos
Para ser político es necesario no tener ningún sentido del ridículo. Y es que lo mismo le puede tocar a uno unirse a la rúa de carnaval como botar en el balcón de la Generalitat para celebrar que el Barça ha ganado cualquier copa -cosa esta última que dicen los historiadores que a veces sucedía. En todo caso, el alcalde o presidente de turno ha de intentar mantener la dignidad en todo momento y, a ser posible, hacer entender a los posibles votantes que se lo está pasando de muerte. El último bochorno, a mi entender, lo ha protagonizado el alcalde de Barcelona, Joan Clos, que se ha sacado de la manga una versión de Boig per tu como himno electoral. Para que nos entendamos, y por si alguien no conoce la cancioncita, el tema de Sau es una especie de Yesterday a la catalana, una tonadilla que casi todo el mundo opina que queda bien en todo momento: bodas, aniversarios, bautizos, elecciones. En el vídeo promocional, además, parece que sale el alcalde bailando en plena calle -no quiero verlo, no quiero verlo- con poca traza y no mucha voluntad, imagino que grabado durante una de esas ocasiones en las que tuvo que hacer el paripé. Eso sí, la letra de la canción tiene versos impagables, en los que se asegura que nuestra ciudad tiene "ulls de mar, ben blau, i un vestit blanc de pau", cosa que demuestra que quien escribiera la letra no se ha paseado por las playas metropolitanas, cuyas aguas de azules no tienen mucho, desgraciadamente. También es curioso leer en la letra de este pseudohimno que la ciudad hace "dels veïns amics", palabras que parecen un desafortunado guiño a las siempre combativas asociaciones de vecinos, que nunca han sido muy amigas de los alcaldes. A la misma hora en la que Clos anonadaba a los periodistas con su vídeo, el candidato de Convergència i Unió, Xavier Trias, se presentaba oficialmente como aspirante a alcalde. Pero sin canción, cosa que le restó, claro, minutos de telediario y centímetros cuadrados de prensa. Al menos, eso sí, su bochorno -él también tuvo el suyo propio- fue algo más disimulado. Más bien parecía una jugarreta de algún malintencionado director de campaña. Porque al pobre hombre le hicieron decir que la suya era una opción "catalanista i de progrés". Hombre, el partido democristiano en cuestión será catalanista, ¿pero hay alguien que hoy en día sea progresista, con lo pasado de moda que al parecer está eso? Además, y sin ánimo de ser malicioso... Bueno, no, con ánimo de serlo, me gustaría sacar a colación el ágil frenillo de Trias, objeto de chanzas por parte incluso del propio político, y recordar que seguramente soltó algo así como "catalanista i de pgoggués". Lo dicho, estos políticos no tienen vergüenza. Perdón, quería decir complejos.
Fotocopias
La Generalitat difundió unas encuestas manipuladas -más bien inventadas- en las que Convergència i Unió aparecía como ganador de las próximas elecciones. El conseller en cap y aspirante a la presidencia, Artur Mas, ha asegurado, confiando en la ingenuidad de quien tuviera a bien escucharle, que no hubo intención de manipulación, sino que, en todo caso, se habían traspapelado un par de folios del informe. Folios que, por cierto, acabaron apareciendo. Mas incluso sugirió que el error podría haberse dado a la hora de fotocopiar los papeles en cuestión. Como es natural, nadie cree al pobre hombre. A mí me recuerda a esa excusa de que el perro se comió los deberes, señu. Pero lo que dice podría ser verdad. Al fin y al cabo, no es tan raro. Casi todos hemos pasado por alguna mala experiencia en temas de fotocopias y traspapeleos varios. Recuerdo, por ejemplo, cómo en la facultad tuvimos un pequeño percance con un trabajo de grupo que, como es natural, acabamos pocas horas antes de entregarlo, sin tiempo ni siquiera para echarle un último vistazo. Una compañera se ofreció para llevarlo a encuadernar, así que todos fuimos dándole nuestra parte del trabajito. Al principio fue ordenando los folios a medida que se los íbamos dando. Luego se cansó del terrible esfuerzo que suponía tanta actividad tan seguida -era de carácter cansino, la muchacha- y decidió posponer la tarea a después de tener todos los fragmentos en sus manos. La dejamos con los papeles, confiando en ella, y nos fuimos, aliviados. Desde el punto en que la dejamos hasta el lugar en el que encuadernarían el trabajo había apenas veinte metros. Algo debió de pasar, igual se quedó absorta observando el mecanismo de la fuente -aprietas el pedal, sale agua; aprietas el pedal, sale agua; aprietas el pedal, sale agua-, o a lo mejor se cruzó con alguien y acertó a cruzar un par de frases seguidas en lo que para ella sería una larga y agotadora conversación. El caso es que cuando le entregó los folios a la encuadernadora, se olvidó de que no estaban ordenados. Y hasta que nos devolvieron el trabajo, no supimos nada. Ella tampoco, evidentemente. Al menos, la portada estaba en su sitio y el profesor fue bondadoso. Magnánimo. Bien, como decía, es posible que Artur Mas no mienta. La única condición que pondría para creerle, eso sí, es que haga público que esta antigua compañera de facultad está trabajando en la Generalitat de Catalunya y que el informe en cuestión ha pasado por sus manos.
Aprovechar el tiempo
Siempre que suena un móvil en el metro, quien contesta suele decir algo así como "estoy en el metro, se va a cortar en seguida". Y, en seguida, claro, se corta. Dos segundos para hablar y los malgasta diciendo que tiene dos segundos para hablar.
Sin talento
En el librito del compacto de la banda sonora de Las horas, Michael Cunnigham explica que escribe novelas porque no puede cantar, tocar un instrumento o componer sonatas. No me parece un mal motivo. De hecho, a mí me serviría para explicar por qué escribo en esta página: porque tengo el oído musical de un picaporte, porque no podría pintar un cuadro que mereciera la pena mirar durante más de dos segundos y porque si tuviera la oportunidad de rodar una película no sabría por dónde comenzar. Supongo que le diría a todo el mundo algo así como "haced eso que hacen en Eva al desnudo", por ejemplo, cosa que no me parece propia de un buen director de cine. Pero no me dedico a esta bitácora sólo por una cuestión de evidente incapacidad para realizar esa serie de cosas a las que preferiría dedicarme. Al fin y al cabo, esto tampoco se me da demasiado bien y, además, sería compatible. Es también por comodidad: todo eso es muy complicado. Para rodar una película hacen falta demasiados cacharros, demasiado dinero y demasiada gente. Bueno, demasiado para mí, claro. La música tiene el inconveniente de que no podría interpretarla en cualquier sitio. Al fin y al cabo, esta bitácora la puedo actualizar desde el trabajo, por poco que disimule. Pero creo que me mirarían raro en la oficina si sacara un saxofón y me pusiera a tocar. En cuanto a la pintura, poco más o menos lo mismo, además de lo irritante que debe ser que se te acabe el color amarillo, por poner, justo cuando más falta hace. En fin, ese es mi problema: mucho tiempo libre y poco talento.
