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Desayuno con Canaletto
Ben y Alex Haworth pudieron disfrutar en su casa y por un día de uno de los magníficos paisajes venecianos de Canaletto.
El préstamo de este cuadro era el premio de un concurso que organizó la Art Fund para celebrar su centenario. Esta fundación se dedica a ayudar a museos y galerías a comprar obras de arte. De hecho, colaboraron con el Museo Bowes en la compra del Canaletto en cuestión.
La cosa tiene su gracia. A mí me gustaría desayunar con algún Hopper, almorzar con buenas vistas de un Magritte y cenar bien cerca de Metrópolis, de Grosz. Por ejemplo. Lo que temo es que algún listo tenga una idea genial y los museos se decidan a alquilar cuadros para conseguir ingresos. Con lo que ya tenemos nueva moda para pijos. O sea, sí, mañana hemos quedado para desayunar en casa de Piti, que ha alquilado un Mondrian, mira que es hortera, la pobre, un Mondrian.

De entre los muertos
Ya están enterrando a Zapatero. Claro que la fuente (Libertad Digital) no es precisamente muy fiable. Pero después de lo de Madrid, muchos se están frotando las manos. Otro que cae, pensarán. Pero no sólo los políticos y votantes del Partido Popular, sino también muchos socialistas. Por lo que se rumorea, José Bono sería uno de estos. Y es que el presidente de Castilla-La Mancha, que ya estuvo a punto de hacerse con el liderazgo en su momento, podría resurgir como un De Gaulle de pacotilla dispuesto a sacrificarse por el bien de lo que viene siendo la izquierda, que últimamente ya no se sabe para dónde tira. El caso es que no creo que Zapatero lo tenga tan mal. Hombre, bien no lo tiene, pero si aprovecha para hacer limpieza y de paso se busca un equipo mejor, algo hará. Desde luego, con el elocuente Jesús Caldera y el hábil José Blanco no se ganan unas elecciones. Incluso sin ellos lo tiene más que crudo. Pero por lo menos resultará creíble. Que aprenda de Maragall, que ha sabido rodearse de gente buena -guste o no- y cuyo único problema es él mismo, que a veces tiene ideas de las suyas, casi nunca se las guarda para él y así nos va a todos. En todo caso, la solución Bono me parece la peor. Lo que necesita el Psoe para ser de nuevo un partido presentable es renovarse. Limpiar a fondo. Que ahora venga Bono es como si el sucesor de Aznar resultara ser Fraga. Vaya, los dos presiden comunidades autonómicas y los dos tienen tirón electoral.
El toro de Osborne
Unos desconocidos han tirado abajo el último toro de Osborne que quedaba en Catalunya. Catorce metros de metal negro serrados por las patas. Teniendo en cuenta que el anuncio en cuestión ya había sido pintado con los colores de la bandera catalana, parece que se trata de la obra de un grupo de gamberretes con simpatías por el nacionalismo catalán. Estos tipos, como suele ser habitual, identifican los toros con algo typical spanish, y les hace tanto daño la silueta negra del bicho de Osborne como la banderaza española de la madrileña plaza Colón. Lo del toreo como algo ajeno a Catalunya no me parece más que un tópico, y los tópicos no suelen ser más que una mentira que nadie se atreve a negar. Pero, independientemente de eso, lo que no tiene sentido es arremeter contra el toro. Si la figura fuera la de un torero, pues aún. Pero el toro no tiene culpa de nada. Vamos, esto es como si los vegetarianos más violentos -alguno hay- arremetieran contra los cerdos por dejarse comer y boicotearan iracundos los dibujos animados de Porky Pig, esa serie tan rancia y que representa esos valores tan obsoletos, crueles y sanguinarios.

Sin cafeína
Un café descafeinado es como un bocadillo sin pan.
Balance
Como hace un año que me saqué el carnet de conducir, ya le puedo quitar la L a mi Seat Cafetera. El balance no es malo del todo: ningún muerto y ningún herido. Apenas he sufrido unos cuantos amagos de infarto provocados por algún que otro camionero majara. Desconozco el número de ataques al corazón que puedo haber provocado yo mismo al prójimo, ya se trate de desprevenidos conductores de autos ajenos como de incautos pasajeros que hayan decidido viajar conmigo en alguna ocasión. Ah, y algo de lo que estoy orgulloso: sólo le he dado tres veces al claxon. Una, para probarlo, y las otras dos, por equivocación.
