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Look after the pennys and the pounds will look after themselves
Los asesores de Michael Jackson le recomiendan que no se gaste más de un millón de dólares al mes. Y es que un millón de dólares se le quedan a uno en nada, y yo lo sé bien porque, aunque este jueves tampoco me ha tocado la primitiva, he pasado buenos ratos imaginando lo que haría en caso de que fuera millonario. En realidad, los gastos del cantante de plástico son fácilmente comprensibles y disculpables por cualquiera que sepa cómo está de cara la vida. Por ejemplo, todos sabemos lo que cuesta una hipoteca y durante cuánto tiempo hay que estar pagándola. Pues Jackson tiene que pagar cuatro por su rancho. Eso por no hablar de sus deudas, que ascienden a 200 millones de dólares. Una vez le llegué a deber veinte euros a un amigo y aún me estoy recuperando del quebranto que esto significó en mi economía, así que no quiero ni pensar en qué puede suponer tener que devolver una cantidad semejante. Parece además que Jackson se gasta cada mes 15.000 dólares en su dermatólogo. No me extraña, aún recuerdo lo que me costaban los potingues que compraba para combatir el acné. Y eso que yo no quería cambiar los granos de color: me conformaba con rebajar su volumen. El cantante también desembolsó 180.000 euros para el mantenimiento de una máquina de helados, cosa comprensible en un padre de familia. Quién le dice que no al pequeño Prince Jackson, con esa mascarilla tan cuca y esa piel tan blanca como la de papá. Además, los helados no son baratos, ni mucho menos, y más cuando a uno le da por pedir copas con nata, caramelo y un chorrito de licor. El artículo no hace referencia a los gastos de sus abogados. Y ahora esta partida se le va a disparar, con la última sorpresa que ha recibido. Los abogados son unos tipos muy peligrosos con el dinero, y no sólo en Estados Unidos. Cuidado, que nadie me malinterprete: no tengo nada en contra de los abogados, siempre y cuando se dediquen a los suyo y no molesten. Incluso tengo un amigo licenciado en Derecho y que trabaja en un bufete. Pero he de reconocer que no me gustaría tener cerca a un abogado en el momento en el que éste extiende una minuta. Aún no he tenido que recurrir a ellos, pero pienso justamente en mi amigo y me doy cuenta de que no voy muy desencaminado. Y es que Paco es el que tiene el mejor coche del grupo y el que se gasta más dinero en ropa –aunque yo visto mejor-, pero también es el que acumula más deudas. Todas con una persona, Pedro, que es el único insensato que sigue atreviéndose a prestarle dinero. El truco de Paco para zafarse de las deudas es muy simple. Cuando Pedro reclama lo que es suyo, le contesta diciendo que sí, que vale y que "ya haremos cuentas". Lo fundamental es usar el verbo en futuro, no sea que un lapsus le obligue a sacar la cartera. La cosa llega hasta el punto de que no es extraño que los mails de Pedro acaben con una posdata en la que explica que ya ha hecho cuentas por su cuenta y que le sigue debiendo 15 euros. Paco acaba pagando y Michael Jackson no debe olvidar que sus abogados acabarán cobrando. Así las cosas, tendrá que hacer caso a sus asesores y apretarse el cinturón. Yo le propongo vender una de las llamas, no subirse al tío vivo más de una vez por semana y usar sólo los coches con motor diésel para moverse por su rancho. Con eso se ahorrará unos buenos miles, que siempre vienen bien.
Jugadores
Los tipos más supersticiosos que conozco trabajan en la bolsa. Muchos de ellos no sólo adornan su mesa y sus monitores con figuritas de plástico a modo de amuletos, sino que llegan al punto de sentarse siempre en la misma silla durante las reuniones. El otro día, por ejemplo, vi cómo alguien que no estaba al corriente de estas manías agarraba una silla que no era la suya con la terrible intención de dejar caer su culo sobre ella. El usuario habitual de este mueble soltó un gritito histérico y se abalanzó sobre el respaldo, apartando al casi asustado compañero. No era la primera vez que presenciaba una escena similar. -Damos pena, lo sé –le dijo entre risas, después de explicarle el porqué de aquel ataque de pánico-. Pero imagina que me cambia la racha: te echaría la culpa a ti. Son como jugadores de casino, pero sin encanto libresco. Hablan siempre de métodos matemáticos y fiables, pero en realidad no hacen más que confiar en rituales de los que se avergüenzan, además de amenazar con el estigma del gafe. Un poco como todo el mundo, imagino, sólo que más exagerado. Y es que supongo que todos llevamos dentro a un deprimente jugador de ruleta. Sin ir más lejos, yo mismo eché una primitiva anteayer, justo después de que las necesidades de una paloma cayeran sobre mi chaqueta. Dicen que trae buena suerte. Me conformo con que me traiga unos cuantos millones o, al menos, lo justo para pagar la tintorería.
El comodín
No me extrañaría que un día de estos sorprendieran a algún alto cargo del Partido Popular frotándose las manos y soltando, entre risitas, algo así como "si no existiera el Plan Ibarretxe, habría que inventarlo". Y es que no sólo están aprovechando el dichoso plan para sus intereses políticos en el País Vasco (cosa que es totalmente lógica, sólo faltaría), sino que es la excusa que utilizan en cualquier terreno cuando las cosas no pintan del todo bien. Es como las armas de destrucción masiva, sólo que tiene la ventaja de que existe. Así, el hecho de que el PP haya quedado apartado del poder y de los posibles pactos tras las últimas elecciones catalanas se ha atribuido rápidamente a los buenos ojos con los que Josep-Lluís Carod-Rovira mira a Ibarretxe. Del mismo modo, si los populares no quieren pactar con el PSOE para que el socialista Paco Vázquez presida la federación de municipios, no hay más que intentar forzar una condena al plan de marras. Esta condena no pinta nada en la institución, pero le sirve a los populares para presentarse como víctimas del partidismo socialista, dejando de lado tanto el partidismo popular como el hecho de que al Psoe no le hiciera falta dicho pactito, ya que, aunque parezca increíble, las últimas elecciones municipales le han otorgado el control sobre esta federación. No creo que queden ahí los servicios que puede prestar el perverso plan vasco. Por ejemplo, podría servir para reclamar Gibraltar, esa colonia libremente asociada; dependentista, pero del país equivocado. O para reclamar más poder en la Unión Europea a esos radicales de Chirac y de Schroeder, a quienes se puede calificar de amigos de Arzalluz en caso de que sea conveniente. O también para justificar un hipotético aumento de la inflación o del paro. Españoles, el Plan Ibarretxe ha provocado el incremento de los precios. Lo que no se puede negar es que la estrategia funciona. Mano de santo, oiga.
Y ahora, ¿qué?
Barcelona se ha quedado sin símbolo: Copito de Nieve murió esta madrugada. La verdad, se nota que la ciudad ha perdido su referente. Porque es que, de momento, no tenemos reemplazo. Guardiola está en Qatar y la orca Ulises emigró hace años a San Diego. A los barceloneses nunca nos ha gustado demasiado la Sagrada Familia, que además ni siquiera está acabada. Las Ramblas, que a mí siempre me han parecido feas y aburridas, están cada vez peor: sucias, polvorientas, tan llenas de gente por las tardes que uno ha de ir abriéndose paso a empujones. La Rambla de Catalunya es un sitio agradable, sobre todo ahora que ya está libre de terrazas hasta que llegue de nuevo el verano, pero sólo es eso: un sitio agradable, nada emblemático. Y la plaza de Catalunya no es más que un enorme nido de palomas psicópatas, que parecen sacadas de la película de Hitchcock. De todas formas, no resulta difícil deducir que el ayuntamiento ya lleva tiempo trabajando en este tema. Y es que, teniendo en cuenta que la enfermedad del gorila no ha pillado a nadie por sorpresa, se entienden ciertas acciones emprendidas por el consistorio para hacerse con un nuevo símbolo. Me refiero a Woody Allen. Siempre ha habido un peloteo mutuo entre el cineasta y la ciudad. Aquí, a todo el mundo le gustan sus películas y quien diga que está sobrevalorado se expone a un merecido linchamiento. Los últimos años, el peloteo parecía haberse salido de madre y el baboseo por ambas partes ya daba cierta grima. En septiembre, con Copito agonizando, el ayuntamiento le otorgó el título de "Amigo de Barcelona". En la ceremonia de entrega, Allen aseguró que "seguramente Barcelona es la ciudad más perfecta del mundo". Sin exagerar, claro. También volvió a dar la tabarra Antoni Llorens, consejero delegado de Lauren Films, distribuidora en nuestro país de las cintas del neoyorquino. Llorens, además de creer que es la musa y el verdadero descubridor de Allen, lleva años intentando convencer al cineasta para que ruede en nuestra ciudad alguna película o, en su defecto, alguna escenilla. Ahora está claro el objetivo de todas estas iniciativas: que Woody Allen sustituya a Copito de Nieve como emblema de Barcelona. Y que aparezca en nuestros llaveros, sustituyendo tanto al simio como a Cobi, la por suerte olvidada mascota de las olimpiadas. Alguno dirá que será difícil que Allen abandone Manhattan por el Eixample, pero todo se consigue con buena voluntad, facilidades para financiar sus filmes y una casa en Pedralbes. Y si alguien objeta que el realizador es extranjero, sólo hay que recordarle que Copito era de origen guineano. Si lo de Woody Allen falla, hay otros candidatos a símbolo barcelonés en el banquillo. El más evidente: Bruce Springsteen. Cada vez que el músico viene a Barcelona, podemos leer en los periódicos acerca de la relación "especial" que hay entre la ciudad y el Boss. De hecho, en su más reciente visita hasta soltó una frasecilla en catalán en lo alto del escenario, cosa que al parecer llevó al orgasmo a muchos de sus fans. Además, su último vídeoclip estaba rodado durante uno de estos conciertos y se podía ver a un puñado de pirados del público alzando un castell. En definitiva, que hay que procurar sustituir al gorila albino por un nuevo símbolo, ya sea el cineasta neurótico o el cantante gritón. El caso es que podamos seguir pensando que nuestra ciudad es la mejor del mundo, no vaya a ser que comencemos a echar un vistazo a nuestro alrededor y nos demos cuenta -horror- de que no es así.
Contra Aznar
Juan José Millás expone muy claramente en su artículo de hoy una de las causas del ascenso de Esquerra Republicana de Catalunya en las últimas elecciones: "Si yo dispusiera de un nacionalismo alternativo que me protegiera del nacionalismo casposo, inculto, sudado y pendenciero del PP, me refugiaría bajo su techo hasta que pasara esta tormenta histórica. Y eso que no soy nacionalista". Y es que bastantes de los que han votado a Esquerra no lo han hecho a favor de Carod, sino en contra de Aznar y de los suyos. Se trata del voto de quien preferiría que no gobernara el Partido Popular, pero que, viendo cómo está el Psoe, se conforma con que a los criados del presidente se les abra la úlcera de la unidad de España al ver cómo se les descarría también Cataluña. En realidad, pues, no se trata de que muchos catalanes no queramos ser también españoles: lo que ocurre es que no nos dejan. Y no nos dejan porque el PP se ha empeñado en que los únicos que tienen legitimidad para actuar legítimamente son ellos. Sobre todo cuando se habla de eso que se conoce como "modelo de Estado". La táctica de Aznar para hipertrofiar, hipervitaminizar e hipermineralizar esa legitimidad que le niega a los que no piensan como él es la de demonizar al contrario. Ya lo están haciendo con ERC, un partido tan radical que parece dispuesto a pactar con los mismos con los que han pactado los populares durante ocho años, primero en España y luego en Cataluña. Así las cosas, insisto, a uno le vienen ganas de hacerse independentista, aunque sólo sea por vergüenza ajena.
