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El Fòrum de les Multes
Una cosa del Fòrum de les Cultures sí que se sabe a ciencia cierta: a medida que pase el tiempo, las entradas serán más caras. Lo mismo que pasa con las multas, por cierto. Este paralelismo entre multas y esa aglomeración de conferencias y exposiciones no tiene nada de extrañar, teniendo en cuenta que estamos hablando de un ayuntamiento que considera que la grúa es el mejor sistema para combatir la falta de civismo -o sea, que considera que falta de civismo quiere decir lo mismo que déficit financiero- y que presenta los récords de multas como todo un logro.
Un parque a oscuras
Cuando uno pasa de noche por un parque, no puede quitarse de la cabeza la idea de que o le van a violar o le van a tomar por un violador. Si el parque es el de la Ciutadella, la sensación es aún peor: la proximidad del parlamento y de sus ocupantes hace temer también por la cartera. Por cierto, encontrar el parlamento en el parque es sencillo: sólo hay que guiarse por el olor a animal. La excusa que ponen los obreros de la política es que el edificio está justo al lado del zoo. Dentro de unos meses trasladarán el zoo a las afueras y se podrá comprobar quién era el que olía más y peor. Y no, no aprovecharán para llevarse fuera el hemiciclo catalán porque, parafraseando las palabras acerca de la policía que se le escaparon a Joan Rigol en mitad de un pleno, los políticos son otra clase de animales. Una lástima que no pudiera pasar por el parque unas horas antes. Anoche sólo había cuatro locos corriendo sin que nadie les persiguiera y otros cuatro que sacaban a pasear al perro, para espanto de las ocas y patos que correteaban sueltos por los dos estanquitos del parque. Menudos graznidos soltaban los pobres cada vez que a algún despistado se le escapaba el pastor alemán. Y es que a esas horas apenas pude constatar que esa enorme fuente a modo de cascada me sigue dando miedo y que la estatua del mamut ha encogido desde que era niño. Por lo que me han explicado, de día hubiera podido presenciar un divertido espectáculo: gente abrazada a los árboles, con la intención de sentirse en pleno contacto con la naturaleza, de notar el fluir de la vida. Imagino que esta gente pensará que la vida es algo muy pegajoso. Por la resina, más que nada.
Políticamente previsibles
La inmensa mayoría de los artículos que comienzan advirtiendo de lo políticamente incorrectos que van a resultar, acostumbran a ser una retahíla de chorradas entre las que el autor cuela algún insulto con la vana pretensión de escandalizar a algún despistado. Y es que da la impresión de que muchos se fijan sólo en las incorrecciones políticas y se olvidan de la simple corrección, que no tiene nada de malo, como la propia palabra indica. Muchos incluso piensan que están siendo correctos sólo por el hecho de ser políticamente incorrectos. Sólo que, claro, una cosa es que lo PC esté mal visto y otra que lo PI tenga que estar bien sólo porque contradiga lo anterior. Por ejemplo, y por muy políticamente incorrecto que sea, no vendría a cuento decir que los homosexuales son unos tarados, que los emigrantes vienen a robar, que Franco no fue tan malo o que debe significar algo el hecho de que la economía sudafricana vaya de mal en peor desde que dejan gobernar a los negros. Quien diga cosas semejantes podrá vanagloriarse de herir las susceptibilidades de las mentes bien pensantes -como esta gente suele decir-, pero también de ser un perfecto imbécil.
Los ricos quizás lloren, pero no son de izquierdas
Entre alguna gente de derechas existe la idea de que si se tiene dinero no se puede ser progresista. Un ejemplo: José María Marco, otro de los mediocres columnistas de Libertad Digital, que critica que Mercedes Cabrera Calvo-Sotelo, el nuevo fichaje del Psoe, participe en varias sociedades de inversión. Al parecer, los socialistas no hacen esas cosas. Marco intenta explicar en un claro ejemplo de sociología de rebajas por qué hay tantos "multimillonarios" (sic) en las listas del Psoe. Porque, claro, no se puede tener dinero y ser de izquierdas, ya que todas las personas de izquierdas pretenden convertir el país en una gran comuna, abolir la propiedad privada, cortarles la cabeza a los millonarios y quemar conventos, como ya sabemos. El hecho de que, como el mismo Marco reconoce, "el Psoe renunció al marxismo en los años 70" -hace ya 30 años largos años, antes de que muchos naciéramos- es claramente secundario, porque lo que importan no son los programas políticos, sino las etiquetas que se puedan anteponer a las siglas. Esto también permite, por poner otro ejemplo, que muchos califiquen a Joan Saura de peligroso comunista revolucionario. Joan Saura, recordemos, es ese político a cuyo paso se retrasan los relojes. Pero supongamos por un momento que Marco y la gente que opina como él tienen razón en este tema. Entonces, ¿por qué son los mismos que se quejan cuando se les llama fascistas o cuando se recuerda el pasado franquista de algunos de ellos? ¿Por qué no predican con el ejemplo y dejan a un lado ciertas actitudes que no aportan nada? Quizás porque piensan que lo que no vale para los demás sí que vale para ellos. Ellos sí que pueden llamar estalinistas a esos rojos terroristas amigos de Sadam. Por otro lado, si un rico no puede ser de izquierdas, un pobre tampoco puede ser de derechas. Así que, en toda lógica, Marco debería exigir que nadie tuviera derecho a ser militante o votante del Partido Popular a no ser que acreditara una renta mínima. Espero por su bien que él mismo tenga el dinero suficiente, porque en caso contrario va a tener que votar a Llamazares. Y eso le va a joder.
Mis ministros favoritos
Hace cosa de un mes, en Hispalibertas se marcaron una quiniela con el gobierno que les gustaría que guiara -mínimamente, que son liberales- su destino. El caso es que me he animado y he elaborado el ejecutivo que a mí me gustaría que gobernara España. En Hispalibertas se lo tomaron en serio, porque su opción política tiene claras posibilidades de llegar al poder. En cambio, como mis opciones políticas no sólo no las tengo claras sino que además ninguna de ellas tiene posibilidades, me lanzo a aventurar un gobierno de concentración, con el único criterio de ser el que más titulares y entradas en los blogs generaría. O sea, el que más nervioso pondría a más gente. Por supuesto, tiene que estar presente Alberto Ruiz-Gallardón, ese socialista afiliado al Partido Popular, que en el Psoe es visto como un pijo y entre los conservadores, como un pijo progre. Podría ser un buen presidente. Sobre todo porque nadie sabría qué partido ha ganado las elecciones. Vamos a suponer que tras esta imaginaria votación hay que contar con los pérfidos nacionalistas catalanes. En tal caso, por fin se cumpliría el sueño inconfesable de Josep Antoni Duran i Lleida: ser ministro en Madrid. De Administraciones Públicas, claro, para que Javier Arenas pueda seguir clamando al cielo por lo terrible que es dividirlo todo entre 17. Imagino que está preocupado por los decimales, ya que 17 es número primo. Hablando de nacionalistas, sería interesante que el propio Josep-Lluís Carod-Rovira hiciera de conseller en cap, o sea, de vicepresidente, en el gobierno español. Todo el mundo se cabrearía: a Federico Jiménez Losantos le daría un infarto y los independentistas catalanes irían llorando por los rincones y musitando palabrejas como traïdor, fill de puta, tros de merda. Siguiendo con políticos catalanes, y aprovechando uno de los nombres citados en la quiniela de Hispalibertas, hay que recuperar a Aleix Vidal Quadras, a quien en Cataluña echamos de menos. Anda que no nos hemos reído con las barbaridades que soltaba. Es como una portada de La Razón con patas, sólo que tiene cerebro. Por eso propongo que, además de ser ministro de ciencia y tecnología, se encargue también de ser el portavoz del gobierno. Otro arrinconado al que se podría recurrir es Manuel Pimentel, que además parece que vuelve a meterse en política. Pimentel podría regresar triunfante al Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, ya que sus antiguos amigos del Partido Popular aún no le han perdonado que tuviera algo de conciencia. En Interior podríamos colocar a Juan Maria Atutxa, tras convencerle para que no se retirara. Y en Asuntos Exteriores habría que seguir contando con Ana Palacio. José Antonio Labordeta también debería tener su propia cartera: ¿Agricultura, quizás? Tampoco sería un mal portavoz, junto a Vidal Quadras, siempre y cuando no olvidara soltar de vez en cuando su ya famoso "váyanse a la mierda". Al frente de Defensa habría que colocar a una mujer. Creo que algo así deprimiría a los generales y, sobre todo, a los legionarios, y haría aumentar considerablemente el número de deserciones. Creo que todo apunta a que la persona indicada es Carme Chacón. Verla rodeada de sargentos chusqueros, subiéndose a un tanque o visitando alguna base militar no se paga ni con la Master Card. El titular de Economía y Hacienda podría ser Jordi Sevilla. Vale, no es muy gracioso, pero la parte buena es que le sustituiría José Luis Rodríguez Zapatero un par de tardes por semana. No tengo muy claro quién podría ser ministro de obras públicas (o fomento, tanto da). Había pensado en Eduardo Tamayo, pero me parece excesivo. Del mismo modo, me parece exagerado nombrar a Pilar Bardem ministra de defensa y a Pepe Rubianes, ministro de economía. Creo sinceramente que Bardem y Rubianes lo harían de maravilla, pero dudo de que estén dispuestos a aceptar. Tampoco tengo ni idea de a quién colocar en Educación y Cultura. El recurso fácil sería Esperanza Aguirre, pero creo que ya no tiene gracia. Es como un chiste viejo. Igual Nuria de Gran Hermano. Aunque ésta posiblemente lo haría mejor en Medio Ambiente. En todo caso, lo que tengo claro es quién ocuparía un influyente ministerio sin cartera: Felipe González. Sólo para poder leer según qué portadas en según qué diarios.
