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Insultos marcianos
No entiendo por qué algunos se emperran en defender Crónicas Marcianas. Una cosa es que tanto Tele 5 como Javier Sardá tengan derecho a ganar dinero y otra decir, como dicen por ahí, que es un programa muy bien hecho, transgresor, inteligente y demás. En Crónicas Marcianas, los concursantes de Gran Hermano y demás famosillos del tres al cuarto insultan y se dejan insultar. Todo el programa consiste en cuatro gritos. Y eso se supone que es lo moderno y transgresor. La única nota medianamente inteligente es el tono: tanto Sardá, como Carlos Latre, como Boris Izaguirre juegan con una ironía bastante primaria a reírse de los insultados y de los insultadores. Sardá se coloca por encima de ellos y espera que los espectadores hagan lo mismo. Tarea fácil, por otro lado, ya que no hay que ser muy inteligente para sentirse superior a todo este personal. Y esta es la razón del éxito de Crónicas: contrarresta el complejo de inferioridad que sienten -y quizás no sin motivo- muchos de sus espectadores. Sin embargo, este juego del insulto y del menosprecio es en ocasiones excesivo. No por los concursantes de Gran Hermano. Esos se dejan humillar por cuatro perras gordas y aún es poco lo que les hacen. El problema es cuando se denigra a quien no quiere ser denigrado y además no puede defenderse. Cosa que hace a menudo el cretino de Javier Cárdenas y motivo por el que han denunciado al programa: una familia de Tenerife ha demandado a Sardá y a Cárdenas por la vejación que sufrió un disminuido psíquico entrevistado por el impresentable colaborador. Los demandantes piden una indemnización de 300.000 euros. Lo único que me sorprende es que creo que es la primera vez que se lleva a esta gente ante los jueces. Cada cual es libre de ver lo que quiera, y uno no es más tonto por ver programas idiotas, pero ha de admitir si lo que ve es una mierda o no. Y Crónicas lo es. Sólo hay insultos y los insultos no hacen un buen programa, por mucho que la televisión apenas sirva para entretener y deformar. Todos vemos porquerías en la tele de vez en cuando, ya sea Crónicas Marcianas, Salsa Rosa o los informativos. Cada cual hace con su tiempo libre lo que le da la gana. Incluso desperdiciarlo. Las justificaciones son innecesarias y agotadoras.
A favor del Fórum
Acabo de convertirme al forumismo. Hasta ayer me comportaba como el típico snob que arruga la nariz ante palabras como sostenibilidad, diversidad y participación, pero dos campañitas me han hecho cambiar de idea. Primero la de Vilaweb quejándose de los pocos espectáculos en catalán que hay programados. Hombre, serían pocos si se tratara del Grec nuestro de todos los años o del Fórum de las Culturas Catalanas. Pero si lo que se quiere es hacer una especie de cirquito universal no tendría sentido que el noventa por ciento de los espectáculos fueran catalano-culturales (o catalano-circenses). La otra campaña es la de esta página web en la que se viene a decir que el Fórum de las Culturas es un asco porque participa El Corte Inglés, entre otras "mega empresas y millonarios". La Coca-Cola es la encarnación del mal, como ya sabemos. Quien la bebe encuentra inmediatamente trabajo en un banco negando préstamos, o en la unidad de antidisturbios de la policía. También se aduce como argumento incontestable que hay gente que se ha negado a participar. Entre estos está un gran tipo como Günter Grass, pero también otro como José Bové. Si Bové no quiere venir igual es porque al final va a merecer la pena y todo. Recordemos que la contribución de Bové a la civilización occidental fue cargarse un McDonald's con un tractor. Y es que la comida rápida es la causa principal de todos los males de la agricultura europea, en especial el local que destrozó el francés. El texto añade que no hay casi nadie convencido con que esto del Fórum sea una buena idea, cosa que es cierta y es seguramente la razón de más peso para convertirme en un entusiasta. Y es que si quiero seguir siendo un snob tengo que acercarme a la minoría optimista y dejar de lado a la mayoría escéptica. Ahora sólo me queda encontrar algún motivo secundario que me reafirme en mi postura, quizás buscar algo positivo en los etéreos contenidos o en la criticada reforma urbanística de la zona del Besós. Y más teniendo en cuenta que todo este follón era sólo un pretexto para recaudar fondos que sufragaran dicha reforma. Al menos, parece que comenzará bien: sin himnos ni banderas. Pero con rey.
P.D.: Aunque el texto estaba escrito antes de leer a Carles, he de decir que este texto, y en especial la tercera idea que da al final, ha supuesto un empujoncito definitivo. Si hay querellas, le hablaré de su blog al juez.
Jaime, 7 de mayo de 2004, 9:42:58 CESTAnecdótico
Hay que abolir las categorías. Lo importante son los ejemplos, las anécdotas, las excepciones y, sobre todo, los detalles. Lo esencial es lo contingente. Esa manía de generalizar, de no poder tratar los casos individuales como lo que son, casos individuales, tiene pinta de ser otra más de nuestras limitaciones. Recurrimos a las categorías por incapacidad. Sin ir más lejos, lo que acabo de escribir es tan categórico que no hay quien lo entienda sin un buen ejemplo y alguna que otra excepción.
Nudistas urbanos
No tengo nada en contra del nudismo. Sin ir más lejos, yo mismo llevo años sin comprarme un pijama. Y me parece muy bien que, como recuerda una de las miles de asociaciones catalanas, no haya ninguna ley que prohíba ir con todo al aire por la calle. Es más, me parece especialmente divertido que uno de estos asociados diga que "la ropa me agobia, me aprieta, no puedo ir con ella", que es lo que nos pasa al conseller en cap y a mí con las corbatas. De todas formas, no creo que las prevenciones en contra de esta especie de naturismo urbano sean absurdas. No hay más que imaginarse un vagón de metro a las ocho de la mañana: a ver quién se pone al lado del gordito peludo. Por otro lado, si el tema prospera y se pone de moda, pocos conferenciantes podrán recurrir a imaginarse en paños menores a su público, teniendo en cuenta que poner en paños menores sería cubrir las vergüenzas. Habría que imaginar al público sin piel. Y aunque en la foto del diario dos de los nudistas salen descalzos, creo que no sería buena idea ir de bares sin zapatos. Sobre todo por aquello de pisar según qué suelos de según qué baños. Y eso por no hablar de si esta gente se viste en diciembre y enero o si eso significaría claudicar ante la opresora sociedad textil. Por cierto, ¿dónde llevarán la cartera? De todas formas, por lo que parece, lo que quieren los miembros de esta asociación sólo es poder salir desnudos de vez en cuando sin que un guardia les pare. O que, en todo caso, les pare para invitarles a tomar algo. En fin, no creo que vayan a las rebajas en bolas, pero a lo mejor sí a pasear por las Ramblas. Ahí incluso puede que se sacaran algunas monedillas haciéndose fotos con los turistas. En fin, que si hay gente que tiene ganas de salir de casa en pelota picada, yo no soy quién para decirles que eso es una vergüenza o, mejor dicho, una desvergüenza. Porque no lo es. Es una tontería y una incomodidad, pero hay cosas más ridículas, como las sardanas o los libros de Aznar, y nadie dice nada.
Las cosas claras
Unos terroristas iraquíes han secuestrado a tres italianos. La condición que han puesto para no asesinarles es que los romanos se manifiesten exigiendo a su gobierno la retirada de las tropas de Iraq. En este caso, no hay duda: se trata de un chantaje en toda regla. Un chantaje especialmente hipócrita: los terroristas ya saben que la mayoría de los italianos están en contra de esta guerra. Vieron las manifestaciones por televisión, leyeron las encuestas en los diarios. Pero a estos asesinos no les interesan ni Iraq ni los iraquíes. Sólo el golpe de efecto. A pesar de todo esto, si yo estuviera esta tarde en Roma, acudiría a la manifestación. Una cosa es lo que deba hacer un gobierno y otra lo que debamos hacer cada uno de nosotros. Un gobierno no debe ceder a un chantaje. Pero tampoco puede exigirle a nadie que no lo haga: no hay familiar que no pague el rescate en un secuestro. A veces, intentar conciliar las actitudes públicas y las privadas no sólo es casi imposible, sino que además es innecesario. No siempre se puede pedir coherencia. Es más, no siempre es racional pedirla. Lo que es bueno para una sola persona –incluso para cada persona- no tiene por qué serlo para el conjunto de la sociedad. Por ejemplo, yo no creo que nadie deba tomar drogas. Pero creo que es peor prohibirlas. Otro ejemplo: no se le puede exigir a nadie que esté conforme con que el asesino de su hijo pase apenas unos años en la cárcel. Pero tampoco se le puede permitir estrangularle. Por mucho que cada uno de nosotros pudiéramos desear lo mismo en su caso. Además de lo imposible de mantener una coherencia entre lo social y lo privado, nos encontramos con que en realidad no disponemos de unas normas éticas claras. Cada caso es poco más o menos único y no podemos saber cómo enfrentarnos a algo a lo que nunca nos hemos enfrentado. Y las normas generales, aquellas que han extraído lo común de situaciones parecidas, son demasiado generales como para ser útiles. Volviendo al caso de Italia: todos estaremos de acuerdo en que no hay que hacerle daño a nadie, a menos que así se evite un daño mayor. Una inyección puede doler, pero ese pinchazo es sin duda un mal menor y asumible. ¿Pero cómo seguir esta norma en el caso del secuestro de los italianos? ¿Cómo hacemos menos daño? ¿Quedándonos en casa y demostrándoles a los terroristas que somos fuertes, signifique lo que signifique esta palabra? ¿O cediendo al chantaje y saliendo a la calle para que no les peguen un tiro en la nuca? No tengo ni idea. Y desconfío de quien lo tenga claro. Insisto, yo saldría y espero que muchos italianos lo hagan. Y también espero que no estén (estemos) equivocados, porque de eso no estoy nada seguro.
