miércoles, 28. septiembre 2005
Jaime, 28 de septiembre de 2005, 11:16:43 CEST

¡Relativista! ¡Borracho!


Jaime Rubio fue nuevamente conducido ante el juez. En esta ocasión había sido arrestado por caminar por la vía pública con un libro de Jacques Derrida bajo el brazo. Rubio se presentó una vez más sin abogado. "¡Le he despedido! --explicó--. ¡Le pillé robándome la cartera!" Por supuesto, el pobre hombre no se daba cuenta de lo mal pagada que está la abogacía. Su mala educación no quedó allí: "¡No reconozco a este tribunal!", bramó. Y al ser preguntado por las razones, aseguró que era a causa de sus creencias religiosas. Preguntado por estas creencias, el acusado explicó que era solipsista y que se negaba a ser juzgado por el fruto de su imaginación. "Tengo un terrible complejo de inferioridad y seguro que me acabo declarando culpable". El juez desestimó sus objeciones y aprovechó para recordar sus cuarenta años de lucha por la justicia y contra el comunismo, enlazando con la causa que se estaba viendo aquella mañana: "Y ahora, joven (es un decir), me viene usted con un librito de uno de esos posmodernistas que con su palabrería ininteligible socava los cimientos de la verdad establecida". El acusado fue duramente interrogado por la fiscalía. Rubio reconoció que había pagado casi doce euros por el libro y aseguró que pensaba leerlo "en casa, tomando café de Kenia mientras escucho el primer cuaderno de El clave bien temperado". Finalmente y presionado por el buen hacer del abogado de la acusación, admitió que lo llevaba encima por si veía "a alguna chica con gafas de pasta y tetas gordas" a la que pudiera impresionar. Tarea harto difícil, se permite comentar este cronista, dado el problema de acné que arrastra Rubio, a pesar de que por lo demás aparenta haber entrado ya en la cuarentena. "¿Y no es menos cierto --siguió el señor fiscal-- que usted TAMPOCO entiende lo que explica Derrida?" "Derrida no explica --respondió Rubio--, Derrida sugiere, estimula, pone en duda y hace dudar". "O sea --remachó la acusación--, que no le entiende". Rubio se limitó a bajar la cabeza y a musitar algo acerca de la profesión de la madre del fiscal. No reproduciremos las palabras que creímos entender, pero sí que explicaremos que Rubio también se refirió en términos poco elogiosos a la familia del letrado y les deseó una muerte lenta y dolorosa por inmersión en una piscina cuyo contenido no detallaremos. Rubio recibió finalmente una multa de sólo 300 euros, al no haberse podido demostrar que había leído el texto del "filósofo" en cuestión. También se le retiró el permiso de conducir cuando nada más salir del tribunal se metió en un coche con claros síntomas de embriaguez. Además, el coche no era suyo. Sus vanas excusas --"¡Pero si era un taxi!"-- no le sirvieron de nada.


 
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martes, 27. septiembre 2005
Jaime, 27 de septiembre de 2005, 11:01:03 CEST

De hombres, ratones y lobos


Hans Adenauer fue hombre lobo durante un par de años de su juventud. "Por aquel entonces --relata-- tenía una beca de investigación en la facultad de medicina de Leipzig. Había conseguido crear una variante de ratones lobo. Sólo hacía falta dejar que les mordiera un político y modificar ciertas enzimas. Una noche de luna llena cometí el error de darles de comer pasadas las doce. De darles de comer mi propio dedo. Bueno, sólo parte". Dadas las circunstancias, no se convirtió en un licántropo normal: "El proceso era parecido al tradicional. Las noches de luna llena me salía pelo por todas partes y garras y colmillos. Sólo que a mí no me había mordido un hombre lobo, sino un ratón lobo. Así que me convertía en un hombre ratón lobo. Básicamente un lobo peludo y blanco con orejas de Mickey Mouse, dos incisivos grandes y anchos, además de los clásicos colmillos. Ah, y un rabo enorme". Durante esa época tuvo a su hija, Julia. "No recuerdo nada de aquella noche. Sólo sé que me desperté desnudo en medio del campus junto a una alumna de primero. Así comenzó nuestro affaire. Nada serio. Sólo quería verme los días de luna llena. Siempre me hacía el mismo chiste. Abuelita, abuelita, qué dientes más grandes tienes. Y así hasta llegar al rabo. Pero en cuanto supo que me había quedado embarazado, ya no quiso volver a verme. Se largó con un estudiante de Derecho. De Derecho, imagina". No me ha querido explicar lo de su embarazo. "No fue una experiencia agradable --asegura--. Sacar adelante una niña, solo, sin poder recurrir a mi hermano porque está como una cabra y contando solo con el sueldo de un becario... No fue fácil... Y además Julia... Julia es... periodista". Me dio la espalda y sacó un pañuelo del bolsillo. Intuí que sería mejor dejarle solo. Ah, los hijos. Cría cuervos. Pero la verdad es que quería saber cómo dejó de ser hombre ratón lobo. "Quise pedirle a mi hermano que me disparara una bala de plata, pero sin apuntar a ninguna zona vital. Sólo que no me fiaba. Por aquel entonces estaba empeñado en que le había robado una novia que nunca tuvo. Al final pude elaborar unas píldoras que me funcionan bastante bien. A veces olvido tomarlas y asesino a alguna jovencita que pasea sola por las calles de la ciudad a altas horas de la madrugada. Pero en fin, qué se le va a hacer".


 
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lunes, 26. septiembre 2005
Jaime, 26 de septiembre de 2005, 13:11:36 CEST

Qué pereza, oiga


Completamente de acuerdo con eso de "volem l'estatut". Y tanto que lo queremos. Pero para que se deje de hablar de él de una vez. No conozco a nadie a quien el tema le interese o le preocupe. Ni una sola persona. Nadie. Basta ya. Por favor. Un poco como lo de Fernando Alonso. Ahora que ha ganado el campeonato, el calvo de Tele 5 se puede relajar, ir al médico, tomarse la tensión y quizás, sólo quizás, no decir la palabra "Alonso" en cada frase. Total, Schumacher le sigue dando cincuenta mil vueltas. A Alonso, no al calvo. Más cosas que cansan: la selección de fútbol. Aunque con un poco de suerte no se clasificará para el mundial, el europeo, la copa Danone o lo que sea que se celebre el año que viene, y podremos pasar el veranito tranquilos, sin miedo a encender la tele y ver otra vez a veintidós tíos pastando en medio del césped mientras se van pasando una pelotita y en las gradas decenas de gorilas borrachos amenazan con liarse a tortas. Porque ya se sabe que si no juega España es como si no jugara nadie. Y Pío Moa. Pío Moa es cansino. Es leer "Pío Moa" en un foro y saber que detrás vienen ciento noventa comentarios airados. Y mira que la cosa es fácil: unos meses sin nombrarle y su nombre se olvidará, como el del señor Barragán o el de Marianico el Corto. Y si el pobre hombre quiere decir que la Guerra Civil comenzó en el 711 y que luego vino una tregua muy larga hasta el 36, que lo diga. No hay por qué extrañarse, si con tal de llamar la atención la gente ya hace cualquier cosa. Y lo del incivismo en Barcelona. Qué pereza. Sí, vale, está muy mal mearse en la calle, incluso aunque esté peor hacérselo encima. Pero eso se arregla con un par de multas de la guardia urbana, igual que lo de aparcar en los pasos de cebra. No hace falta hablar de orina cada día. En serio. No es necesario. Hablando de Barcelona, también me da mucha pereza el barrio de Gràcia. Todo él. Enterito. Con sus okupas, sus restaurantes libaneses y sus cines en versión original. Es tan, o sea, moderno y tan, no sé, como auténtico, ¿sabes? Y tan intelectual, de verdad, o sea, que la gente allí piensa y eso, ¿sabes? Ah, y los ipod. Sí, bueno, están chulos y tal, pero ni que fueran un coche volador que viaja en el tiempo y prepara capuccinos. Además, como dice Elías: "¿Un walkman de 300 euros sin radio? ¿Es una broma?" Claro que él ya tiene uno. Hay más cosas que cansan, claro, miles y miles, pero es que este fin de semana estuve de fiesta con Kate Moss y estoy hecho polvo. Como para ponerse a pensar en cosas que dan pereza. ¿He dicho "polvo"?


 
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viernes, 23. septiembre 2005
Jaime, 23 de septiembre de 2005, 10:30:59 CEST

La queja


A: Buenos días, vengo a presentar una queja. B: Eso ya lo sabía, esta es la ventanilla de quejas, así que lo normal es presentar quejas. Pero no, todo el mundo tiene que venir aquí a decir que va a hacer lo que todos sabemos que va a hacer. Presente la queja y punto, y si se ha equivocado de ventanilla, ya le diré yo... A: Bueno, bueno, no hace falta ponerse así. B: Me pongo como quiero. Esta ventanilla es bidireccional. ¿Me expone su queja o qué? No tengo todo el día. A: Verá, ayer recibí la carta certificada conforme me morí la semana pasada. B: Aham. A: Y dejando aparte el detalle de que no estoy muerto, en mi expediente pone bien claro que la fecha de mi muerte es dentro de... B: Ya sabe que los expedientes son provisionales. A: Sí, pero no conozco ningún caso en el que la fecha de la muerte se haya cambiado sin previo aviso. B: ¿No? ¿No conoce ningún caso? A: Pues no. B: Pues yo conozco cuatro. ¡Siguien...! A: ¡No, espere! ¡No puedo estar muerto! ¡Tengo entradas para la ópera! Menudo desperdicio. B: La verdad es que las entradas son caras. A: Claro que lo son. B: Se las compro por la mitad de lo que le costaron. A: ¿Por la mitad? B: Es que a mí la ópera no me gusta mucho. A: Pues a mí sí. Y quiero ir. B: ¿Y quién le ha dicho que no puede ir? A: Hombre, estando muerto... B: ¿No ha oído hablar del fantasma de la ópera? A: Ja, muy gracioso. B: No, en serio, vaya. A: ¿Y qué hay de mi familia? B: Que vaya también. A: Pero, hombre, entiéndame, mi muerte es un duro golpe para mis hijos. Apenas tienen treinta y pico, dependen de mi sueldo. Además, ¿y si mi mujer se vuelve a casar? B: ¿Y a usted qué más le da? A: Comprenderá que no es agradable. Es mi mujer. Yo siempre he sido un pelín machista. Que mi santa se busque a un maromo sacacuartos asaltaviudas no me parece correcto. B: Mire, usted ha fallecido. Relájese, vaya a la ópera, haga todo aquello que siempre quiso hacer después de morir. Como, no sé, ir al cielo, atormentar a ese tipo que le debe dinero o reencarnarse en algún animal divertido, como la foca. A: Sí, bueno, quizás sí, pero ha sido tan de repente. B: A ver, deje que mire su ficha. Hombre, tan de repente no ha sido, lleva siete años con una enfermedad degenerativa. A: Ya, pero era de las que degeneraba a mejor. ¿De verdad que no hay nada que hacer? B: Me temo que no. Es lo que tiene la muerte. A: Pero es que yo me encuentro bien. Incluso me late el corazón. B: Oiga, aquí me pone que está muerto. Y los ordenadores no se equivocan nunca. A: ¿Nunca? B: Dicen que una vez uno se equivocó. A: ¿Y qué pasó? B: Lo fusilaron. A: Me parece fatal, yo estoy en contra de la pena de muerte. Aunque morirse no está tan mal, se lo digo por experiencia propia. B: ¿Lo ve? Si ya se está acostumbrando y todo. A: De todas formas, la verdad es que prefiero estar vivo. B: Si casi ni ha probado lo de estar muerto. Espere un mesecito o así. A: Es que no me convence... Con esto de la genética, ¿no lo podríamos arreglar? B: Buf, eso ya es en otro departamento. A: ¿Y adónde tengo que ir? B: ¡A la mierda! A: ¡Oiga! B: Disculpe, es que este trabajo es un asco. Planta tres, ventanillas de la diecisiete a la veinticinco. A: Hala, otra vez a hacer cola. Gracias, buenos días. B: De nada. ¡Y use un maldito desodorante, tío guarro! A: ¡Oiga! B: Mala suerte, departamento de quejas, me pagan por hacer esto, haber presentado la reclamación por internet. ¡Siguiente! C: Buenas, venía a... B: Sí, a presentar una queja, ya lo sé. Qué tío más burro. Sáltese los prolegómenos, haga el favor, y meta la directa, pesado. Venga, despierte, pasmao, que es usted un pasmao.


 
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miércoles, 21. septiembre 2005
Jaime, 21 de septiembre de 2005, 17:25:00 CEST

Se van a enterar


Voy a demandar a Marcilla. En su último anuncio de televisión sale un tipo soltando la tabla de multiplicar y abriendo uno de los paquetes de su "café". Y lo abre sin problemas. Sin que se le caiga nada. Tan bien que la voz en off dice: "Felicidades, chicos, ahora podréis hacer dos cosas a la vez". ¡Ja! Qué gracioso. Imagino que esto es lo que llaman publicidad ingeniosa y atrevida. Guau, seguro que les dan doscientos mil premios en alguno de esos festivales absurdos de publicidad, ya me dirás tú, un festival de publicidad, ¿qué será lo próximo? ¿Un concurso de gordos? ¿Un campeonato de tres en raya? ¿Un desfile de ropa del Carrefour? ¿Un mundial de fútbol? El caso es que ayer compré el café ese. Y lo abrí mientras hablaba por el móvil. Y se me cayeron lo menos cincuenta gramos al suelo. O sea, publicidad engañosa de la peor. Peazo demanda que les va a caer. Voy a hacerme de oro. Y con razón. Malditos embusteros sacacuartos sin palabra. No pueden hacer un anuncio sin mentir. Lo único que han conseguido es perder un cliente que no tenían. Qué asco de café. Peor que el Bonka, que ya es decir. Y que el Nescafé, no te digo más.


 
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