lunes, 19. diciembre 2005
Jaime, 19 de diciembre de 2005, 11:57:29 CET

Contra Malthus


A veces me da la impresión de que la gente se preocupa por tonterías. Como lo de la superpoblación. Que no cabremos en la Tierra. Que nos resbalaremos por los bordes. Que no habrá vacas que nos den tanta carne. Nada, nada, miedos de vieja. Para evitar los peligros del exceso de población basta con construir un enorme vagón de metro. Tiene que ser realmente grande. Como Italia, lo menos. Y luego se deja flotando en medio del Pacífico. Y es que en un vagón de metro no sólo cabe muchísima gente, sino que además todos los que están fuera quieren entrar, con independencia de la cantidad de gente que ya esté apretujada en su interior. Será dejar el vagón por ahí tirado y ver cómo las multitudes se arremolinan alrededor de las puertas, esperando que se abran. Además, con el metro pasa algo parecido a lo que ocurre con el dentífrico. Siempre queda suficiente pasta de dientes para un último cepillado. Y en un vagón de metro siempre hay sitio para un contorsionista más. Venga, venga, pasen hacia adentro, que por ahí está vacío. Y usted no me toque, que me está gustando y me conozco. Soy yo o aquí huele raro. Cielos, aquí huele raro y soy yo.


 
Menéame Envía esta historia a del.icio.us
enlace directo   
 
miércoles, 14. diciembre 2005
Jaime, 14 de diciembre de 2005, 14:04:01 CET

Retraso


Rebeca Carrerons llegó esta mañana a las nueve en punto a la oficina, con un retraso de diecisiete meses respecto a su hora habitual de entrada, justamente ella, que nunca llegaba tarde. Al ser interrogada por su superior, Carrerons explicó que se había encontrado con "muchos problemas" y comenzó a explicárselos uno por uno. Al cabo de veinte minutos, el director le pidió por favor que se callara y dio por buenas sus excusas. Eso sí, tuvo que pedirle que escribiera un breve correo electrónico para adjuntar a su ficha de personal y justificar así su retraso. Al parecer, Carrerons salió como cada día a las ocho y poco de su casa, con el tiempo justo, sí, pero suficiente. En el ascensor se dio cuenta de que había olvidado el bolso, así que volvió a subir por él. Nada más salir a la calle, una paloma se cagó encima de su abrigo y tuvo que volver arriba a cambiarse y, ojo, que eso encima se come el color, ya ves tú qué faena. Luego se encontró con un amigo de la facultad y se pusieron a charlar y dame tu móvil, no, que es mío, jaja, tenemos que quedar un día de estos. Cuando se dio cuenta ya iba tardísimo, así que se dijo, bah, paremos un taxi. Pero coger un taxi en Barcelona es imposible y al cabo de veinte minutos no sabía si mejor ir al metro o ya que llevaba tanto rato esperando, quedarse, que no tendría que tardar mucho en aparecer uno libre. Esperó diez minutos más y al ver que pasaban dos ocupados, desistió y se dirigió a la parada. Nada más entrar, vio un cartel que decía que su línea estaba averiada, así que se dirigió a la parada de otra línea que no estaba muy lejos. Allí todo bien, gracias, sólo que, con las prisas y la falta de costumbre, se metió en dirección contraria y se dio cuenta seis paradas más tarde. Cogió un tren que iba en la dirección correcta, maldiciéndose por todos aquellos imprevistos, justamente ella, que nunca llegaba tarde. Ya en la calle tropezó y se rompió un tacón y se torció un tobillo. Salió del hospital dispuesta a cumplir con al menos un par de horitas de trabajo, pero se mareó y tuvo que sentarse un rato en un banco, donde se quedó dormida, despertando a las tres de la mañana con un terrible dolor de cuello. Decidió que pasaría por casa a ducharse y a cambiarse de ropa, claro que no contaba con encontrarse otra vez con aquel amigo suyo de la facultad, que bajaba de casa con las maletas para irse a París a pasar unos días. Le pidió que la acompañara y ella dijo no, gracias, tengo que ir a trabajar. Los gendarmes parisinos la rescataron dos semanas después. Él la había atado a la cama, aunque por suerte no le había hecho nada más: quería esperar a que estuvieran casados. Tanto ella como el psicólogo que la atendió decidieron que lo mejor sería reincorporarse cuanto antes a su rutina habitual, así que en el mismo aeropuerto pidió un taxi y le dio la dirección de la oficina. Le metió tanta prisa al taxista que el coche acabó golpeando la mediana y dando varias vueltas de campana. Carrerons salió despedida del vehículo y quedó inconsciente entre unos matorrales, a unos veinte metros del taxi y a treinta del bolso. Como el taxista había muerto, los médicos y policías ni siquiera sospecharon que llevaba a una pasajera. Despertó varias horas después, con un terrible dolor de cabeza. Consiguió que un vehículo parara. La atendió un tipo muy amable que le preguntó por lo que le había ocurrido. Entonces se dio cuenta de que estaba amnésica perdida y de que ni siquiera tenía carné de identidad. En el hospital la trataron muy bien y el chico que la recogió decidió llamarla Judit, a lo que ella se avino a falta de un nombre mejor. Dos meses después se casaron. Un día llamó a la puerta un señor muy emocionado. Al parecer era el padre de Rebeca. Al fin la encontré, decía, al fin la encontré. El problema fue que ella no estaba en casa y sólo le atendió su marido. Fue un problema porque el marido no quería casarse con una Rebeca, que le parecía un nombre feísimo, así que no tuvo más remedio que asesinar al señor Carrerons. Rebeca llegó justo cuando su marido estaba serrando en pedacitos pequeños el cuerpo de su padre. La jefa de ventas salió corriendo a la calle y llamó a la policía. El padre sí que llevaba carné --algo ensangrentado, claro-- así que la policía pudo reconstruir más o menos lo que había ocurrido. Con la ayuda adecuada de médicos y familia, Rebeca fue recobrando poco a poco la memoria y se acordó de que llegaba tarde a la oficina, justamente ella, que nunca llegaba tarde, así que salió disparada hacia allá y, en fin, llegó con un retraso de diecisiete meses. Justificado, eso sí.


 
Menéame Envía esta historia a del.icio.us
enlace directo   
 
martes, 13. diciembre 2005
Jaime, 13 de diciembre de 2005, 11:07:35 CET

Un hombre hecho a sí mismo


Los familiares, amigos y socios de Javier Ruidolfo finalmente le convencieron para que acudiera al médico, tras unos cuantos meses de debilidad, malestar, mareos e insomnio. Ruidolfo se negaba, aduciendo que hacía casi nueve años que no pisaba una consulta y que todos los males se curaban trabajando. Durante todas las pruebas que le iban haciendo, el doctor no dejó de mirarle enfadado y con la boca torcida. Le sacó sangre y chasqueó la lengua. Le hizo una radiografía y al ver las placas suspiró. Le auscultó e iba diciendo que no con la cabeza. Le tomo la presión y alzó la vista. Pero no preocupado, sino molesto. --Bueno, ya hemos acabado --le dijo, tras unas tres horitas de paseos por los pasillos. --¿Y qué? Sano como un roble, ¿no? Quizás algo cansado. Desde que murió mi madre casi no como lentejas y no hay nada más revitalizador que un buen plato de... --¿Me permite que le haga una pregunta? --No esperó que Ruidolfo asintiera--: Usted es un hombre hecho a sí mismo. --Eso no es una pregunta, pero sí, yo me hice a mí mismo. Comencé desde bien abajo en la empresa que ahora... --Ya. --Y he estudiado en la universidad de la v... --Sí, sí. --Doctor, no me gusta ese tono. ¿Qué problema hay con haberme hecho a mí mismo? --Pues que usted es toda una chapuza. Mire --le mostró un par de radiografías--, fíjese qué ruina de riñones. Y esos pulmones, qué acabado más tosco. Y el hígado no tiene la textura adecuada. No sé por qué no dejan estas cosas en manos de profesionales. ¿Usted se hace su ropa? --No. --¿Pues entonces por qué se hace a sí mismo? --Yo creía que era una virtud esforzarse por realizarse personal y profesionalmente. --Yo creía yo creía, una virtud una virtud. Pues mire cómo estamos. Esta costilla se le ha descolgado. En su cerebro faltan circunvoluciones. ¿Y se ha contado los dedos de los pies? --Sí, tengo once, pero eso es normal, me dijeron. --¡Eso es una chapuza! Un profesional no le hubiera puesto once dedos, esos detalles se cuidan al máximo. --¿Y qué puedo hacer? Ya estoy hecho, ¿no? --Yo le desharía y comenzaría de cero. --¿De cero? --Sí, descoser y despegar y hala, niño otra vez, pero bien, eh, con sus cinco dedos por extremidad. --Con lo que me ha costado llegar a dónde he llegado. --En este estado le ha costado mucho, desde luego. Yo no me lo explico. --Y siendo bebé, ¿quién me cuidará? --¿No tiene familia? --Sí. Mujer y tres hijos, ya mayores. No me dan más que disgustos. Han salido a la madre, ¿sabe? Unos vagos. --¿Y no les ha cuidado usted hasta ahora? --Y tanto. Si han tenido casa, comida caliente, servicio, tres coches y un par de motos ha sido gracias a mi esfuerzo. --Pues ahora les toca a ellos cuidarle. --¿Sabe? Tiene usted razón. Quiero comenzar el tratamiento ahora mismo. Deshágame y hágame de nuevo. En plan profesional. --No se sentirá decepcionado. Hago unos corazones que son una maravilla. Y unas córneas, qué córneas hago... Gané un premio hace unos años por mis córneas. --Estupendo. Quiero las mejores córneas. ¿Qué tal se le dan los riñones? Porque a mí me duelen muchísimo cuando va a llover. --Le seré sincero. Los riñones no me salen tan bien como las córneas, pero no le dolerán, desde luego. Como mucho alguna molestia si levanta mucho peso. --Estupendo, me parece correcto. Las córneas son buenas, ¿eh? --De las mejores. --Estupendo. Y el corazón... --El corazón es prácticamente una máquina de movimiento perpetuo. --Estupendo. ¿Cuándo empezamos? --Ahora mismo. Vuelva a quitarse la ropa y acuéstese en la camilla. --Estupendo. Sí, sí. Estupendo. Con un mejor cuerpo y energías renovadas podré dedicarme aún con más entusiasmo a la empresa. Tengo una gran compañía. Fabricamos y distribuimos los mejores tornillos de Europa. En Estados Unidos hay una empresa de tornillos mejor y más grande, pero ya se sabe, los americanos son los americanos. Mientras Ruidolfo hablaba, el doctor abrió un armario y sacó un hacha. --¡Hombre, doctor, no me joda! --No se preocupe, pasaré un algodón empapado en alcohol por las zonas de corte para evitar infecciones. --Ah, bueno... Y esto es normal... --Es lo mejor. No hay nada como ponerse en manos de profesionales. --Sí... Nada de chapuzas. Muy profesional, como a mí me gusta. --Ya verá qué córneas.


 
Menéame Envía esta historia a del.icio.us
enlace directo   
 
lunes, 12. diciembre 2005
Jaime, 12 de diciembre de 2005, 9:34:14 CET

Otro desengaño político


La creación del Partido Catalán de los Españoles Catalanes (PCEC) creó una justificada expectativa ante lo que para muchos de nosotros era poco más que un sueño: una organización política que defendiera los intereses reales de los ciudadanos y no los de la partitocracia electoralista. Al fin un grupo de hombres y mujeres valientes y valientas daba un paso al frente para reafirmar lo que es más que obvio: Cataluña no es España, sino que España es Cataluña. Sí, España no es más que una región de Cataluña con ínfulas secesionistas e imperialistas. No hace falta que me entretenga en lo obvio y vaya a lo que dicen los historiadores --los de verdad-- acerca del nacimiento de España como protectorado tarragonés; baste con recordar que la historiografía moderna se ha empeñado en ocultar este hecho casi evidente y que al fin parecía que teníamos quien diera un intrépido paso al frente y dijera basta. Obviamente, los grandes ideólogos de esta nueva fuerza política pensaron en mí para formar parte de su grupo y me rogaron encarecidamente que me afiliara. También obviamente me negué, al no querer verme comprometido en una empresa política demasiado elevada y compleja para mi modesta persona. De todas formas, sí que sugerí que me nombraran presidente del partido en cuestión. Después de una ronda de cervezas y tras el cambio de manos de unos cuantos billetes de cincuenta, conseguí que unos pocos de mis más queridos colegas presentaran mi humilde candidatura --¡para grata sorpresa mía!-- en el I Congreso del PCEC. En mi discurso planteé algunas de las ideas que ya he ido divulgando en libros como El complejo encaje del estado español en la nación catalana, Cómo convencer a un español de que pagar a escote no es ninguna tontería, Cataluña, tierra de cobardes y Hay que matarlos a todos. Es decir y resumiendo, que todos los problemas primero de España y luego del mundo se solucionarían conmigo como líder, ya que para eso he ido a colegios de pago y mis maestros ya decían que yo iba a llegar lejos. Por eso me expulsaron, para que me fuera bien lejos y llegara allí cuanto antes. Sorprendentemente y como ya he insinuado, este partido defraudó las mencionadas esperanzas de muchos y se mostró aquejado de los males habituales de los partidos políticos más veteranos: una organización anquilosada, un dominio férreo por parte del aparatchik, un miedo absurdo a la juventud y a las ideas frescas y renovadoras. Resumiendo, mi candidatura fue rechazada. No me votaron ni aquellos a quienes soborné. La presidente electa, María Ruipérez, no tuvo inconveniente en recibirme en su despacho y darme explicaciones un tanto sesgadas por el odio y la envidia: "Compréndelo, Jaime, acabas de llegar a este proyecto, quizás dentro de unos años. Además, está ese problema tuyo con el alcohol, esas deudas de juego y lo de las denuncias de acoso sexual --falsas, por supuesto--. Y, en fin, algunas de tus ideas no conectan con la mayoría. Como eso de expulsar del país a los zurdos, para proteger la raza. Y luego están las formas, que son casi tan importantes como el fondo. No está bien escupir a quien te lleva la contraria, Jaime, no está bien". Ruipérez aseguró que contaba conmigo --cómo no--, aunque no dijo para qué y se negó a nombrarme secretario general. Ellá sabrá lo que hace. Mis seguidores --los tres, contándome a mí-- no se lo perdonarán y el partido se partirá en dos. No alargué la conversación, ya que llegaba tarde a una cita con Su Majestad el Príncipe Felipe, así que estreché la mano de Ruipérez, le escupí en todo el ojo y me largué.


 
Menéame Envía esta historia a del.icio.us
enlace directo   
 
viernes, 9. diciembre 2005
Jaime, 9 de diciembre de 2005, 11:39:37 CET

Correspondencia



Apreciado señor Rubio,

Me dirijo a usted en respuesta a los numerosos correos electrónicos que hemos venido recibiendo las últimas semanas, en los que nos exponía una serie de dudas al respecto de nuestros productos y servicios. Me complace confirmarle que Tornillos, S.A. es efectivamente una empresa dedicada a la fabricación y distribución de tornillos, y no una burda tapadera del gobierno para asesinar a quienes saben que existen tapaderas del gobierno para asesinar a quienes saben etcétera. Si a usted el nombre de nuestra compañía le parece demasiado evidente es su problema, pero le ruego encarecidamente que, aunque no nos crea, deje de enviarnos sus ideas al respecto de quién se oculta tras lo que usted se empeña en llamar "el sospechoso entramado de la llamada Fábrica de Asesinos". En caso contrario, nos veremos obligados a dejar el asunto en manos de nuestros abogados.

Javier Ruidolfo II, Director Comercial


Querido Señor [nombre_cliente],

Le agradecemos su interés por nuestra Superhipoteca Confianza. Le confirmamos que no necesitamos su alma como aval. Sólo se la exigiríamos en caso de que contratara la Superhipoteca Amor y Amistad. Con la gama Confianza sólo tiene que lucir hasta su muerte --muerte incluida-- una corbata con nuestro logotipo, además de seguir estrictamente el código de vestuario que le adjuntamos. Como decimos en esta Su entidad, "el hábito sí hace al monje", ja ja. Bromas aparte, le recordamos que usted es libre de contratar una hipoteca con nosotros o de vivir debajo de un puente, así que no entendemos el porqué de los insultos con los que cierra una carta que comenzaba de forma tan amable.

Atentamente,

Teresa Córcega Clients Hot Affairs Supervisor


Estimado Señor Rubio,

El gobierno de la nación agradece su interés por el estado de la economía de este su país, pero no está interesado en su Plan de Control de Gastos mediante la expulsión de los cuadrúpedos de la península. Lamento tener que insistir en que ni el presidente, ni ningún miembro del gabinete, ni ningún alto cargo de la administración están disponibles para recibirle y discutir así en persona los detalles de la operación. Además y a pesar de lo mucho que usted se empeñe en discutir este punto, diputado y cuadrúpedo NO son sinónimos.

Atentamente,

Ramón González Secretario de Presidencia


Apreciado Señor Rubio,

Le rogamos deje de enviar cartas y de llamar por teléfono. Ya sea usando su nombre como con sus diferentes pseudónimos --hemos identificado siete. Insisto: esto es una fábrica de tornillos.

Javier Ruidolfo II, Director Comercial


Sr. Rubio,

Por mucho que usted afirme tener "pruebas" al respecto, le puedo asegurar fehacientemente que no realizamos las autopsias con cuchillo y tenedor.

Afectuosamente,

María Teresa Praderas Directora del Departamento de Medicina Forense de la UAB


Distinguido Señor Rubio,

Lamento tener que comunicarle que su solicitud de ingreso en la Logia Masónica del Gran Poder Oculto Que Controla el Mundo Cuando Nadie Mira ha sido rechazada. De todas formas, no todo son malas noticias: primero, porque la negativa es a perpetuidad, con lo que no le molestaremos más con tediosos trámites; segundo, porque gracias a esta negativa usted ha conseguido entrar en la historia de nuestra humilde y discreta asociación, al batir el récord de votos negativos. Ciento setenta y tres de los noventa y ocho miembros introdujeron bolas negras en el saco, con lo que consiguió un porcentaje de votos en contra del 176,53 por ciento.

Felicidades y nuestro más cordial saludo,

Juan Conde Peligroso Masón


Sr. Rubio,

Le adjunto una muestra de los tornillos que fabricamos. Como ve, la caja lleva nuestro logo y los datos de nuestra compañía en el Registro Mercantil. Si quiere usarlos comprobará que son tornillos de la máxima calidad. Porque a eso nos dedicamos en Tornillos, S.A., a fabricar tornillos. Es lo más que puedo hacer, ya que me parece completamente improcedente permitirle visitar nuestras instalaciones para "inspeccionarlas". No pensamos contestar a ninguna otra carta suya.

Javier Ruidolfo II, Director Comercial


Apreciado Señor Rubio,

Le agradecemos su interés por las jornadas "La literatura del siglo que viene" que tendrán lugar en nuestra universidad. De todas formas, me veo obligada a comunicarle que no ha habido ningún "lamentable error" en el hecho de no haberle invitado a exponer su conferencia titulada "La novela no está muerta, pero a muchos novelistas habría que darles un martillazo en la mano para evitar males mayores". No dudamos acerca del interés de su texto ni de su importancia como "crítico literario". Es más, le animamos a seguir luchando contra lo que usted llama "censura comunista" que obstruye su "carrera hacia el Nobel". Sin embargo, consideramos que las personas a las que hemos invitado a participar no dejarán en tan mal lugar a los responsables del evento como usted se empeña en asegurar. Por supuesto, queda invitado a asistir como público, previo pago de la cuota de 750 euros destinada a los gastos de organización.

Atentamente,

Rosa Rojo Bermejo Catedrática de Literatura Contemporánea de la UB


Sr. Rubio,

Por última vez, fabricamos TORNILLOS. La caja que le enviamos no forma parte de ningún montaje que usted esté a punto de desmantelar. Son 100 tornillos de los que nosotros fabricamos. Le adjunto fotografías de la fábrica y de las oficinas. Espero que esto sea suficiente.

Javier Ruidolfo II, Director Comercial


Está bien, venga a vernos el lunes que viene a las diez de la mañana. Pregunte por mí.

Javier Ruidolfo II, Director Comercial


Jaime, nos has descubierto. Pero volveremos. Y la próxima vez no nos podrás detener.

Javier Ruidolfo II, Agente doble liquidador de contraespionaje, categoría C


 
Menéame Envía esta historia a del.icio.us
enlace directo