



| marzo 2026 | ||||||
|---|---|---|---|---|---|---|
| dom | lun | mar | mié | jue | vie | sáb |
| 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 |
| 8 | 9 | 10 | 11 | 12 | 13 | 14 |
| 15 | 16 | 17 | 18 | 19 | 20 | 21 |
| 22 | 23 | 24 | 25 | 26 | 27 | 28 |
| 29 | 30 | 31 | ||||
| abril | ||||||

Por nuestra seguridad
Las medidas que por nuestra seguridad están implantando los aeropuertos y las aerolíneas son claramente insuficientes. Me parece bien tener que pasar por un par de arcos metálicos con el pasaporte en la boca. Y quitarme el abrigo, el cinturón y los zapatos para dejar que un tipo que no me conoce de nada me manosee sin ni siquiera, qué sé yo, decirme su nombre, invitarme a un café y comprarme rosas. Y tener que facturar hasta mis sangrientas tijeritas asesinas. Y también tener que soportar que un perro lobotomizado --perdón, quería decir adiestrado-- olisquee mi equipaje de mano. No está mal, desde luego. Pero eso es poco. A pesar de todo, me siento indefenso y desprotegido. ¿Y si alguien, por ejemplo, sube al avión con veneno y lo arroja sobre mi comida? Hay mucho loco suelto capaz de rellenar frasquitos de colonia con cianuro. Y eso por no hablar de si a alguno le da por abrir la salida de emergencia en pleno vuelo o aporrear a las azafatas o, peor, a mí, con una muleta que habría subido con el pretexto de una falsa cojera. También parece que nadie ha caído en una terrible posibilidad: que el propio piloto sea un terrorista. Y no hablo sólo de aerolíneas de países tercermundistas y dirigidas por incompetentes, como United Airlines. Hay pilotos supuestamente licenciados que vuelan como si quisieran asesinarnos o, peor, asesinarme. Ahí, subiendo a tres mil metros de altura, como si no bastara con, no sé, trescientos. Y yendo a toda velocidad, como si hiciera falta. Si es que van como locos. Lentito, bajito y seguro, no sé cómo hay que explicarlo. Total, que vistos los peligros que nos acechan cada vez que subimos a un avión, como ser succionados por la taza de váter --que sí, que sí, que puede pasar--, creo que hay que tomar medidas algo más drásticas que todas esas prácticas tibias y políticamente correctas. Lo que propongo es prohibir la entrada en los aviones. A ver, todo el mundo puede comprar su billete, pasar por todos los arcos y registros necesarios, e incluso comprarse su colonia en el duty free, sólo faltaría, a ver si no va a haber libertad de movimientos. Pero todo el mundo ha de tener prohibido subir a un avión. Excepto un agente de seguridad debidamente armado, con instrucciones de disparar a quien se acerque a menos de veinte metros del aparato --me refiero al avión--. Porque cualquiera podría ser un terrorista que pusiera en jaque el mundo libre. Incluso el propio policía, razón por la cual una vez terminado su turno deberá dispararse en la sien. Y por supuesto, ningún avión debería despegar, que eso de volar es peligrosísimo, uno puede estrellarse, marearse o incluso sufrir un molesto taponamiento de oídos. De este modo, se reducirá más que notablemente no sólo el número de actos terroristas cometidos en aviones, sino también el de accidentes aéreos. Además, estas medidas impulsarán el últimamente decaído transporte por mar, por carretera y por ferrocarril. Es importante que esta idea se ponga en práctica cuanto antes. Hay vidas inocentes en peligro.
Tiramisú
Llevo una semanita que para qué. Anoche estuve cenando con Federico Jiménez Losantos. Ya le he dicho que a partir de ahora y hasta que se jubile sólo nos enviaremos e-mails porque la experiencia no fue nada agradable. El caso es que nada más verme gritó: “¡Socorro, un catalán!” y se puso a pegarme puñetazos asegurándome que jamás conseguiría cerrar su radio. Sí, bueno, cuando le expliqué que era yo, Jaime, se disculpó y me ayudó a incorporarme, sólo faltaría, pero aún tengo tres o cuatro moratones. También la armó en el restaurante. Empezó a asegurarme, primero por lo bajini y luego a gritos, que nuestro camarero era catalán. --Que sí, hombre, que sí. ¿No oyes el acento? --A ver, Fede, acabamos de preguntarle y nos ha dicho que es de Segovia. --Eso lo dice para que no le boicoteemos. No le pienso dejar propina. ¿Y usted qué mira? ¿Es un espía del tripartito? ¿Ha venido a cerrar la Cope? --Fede, deja a ese señor tranquilo... Usted perdone... --Es que no me dejan vivir, los malditos catalanes. La semana pasada me cerraron la radio dos veces. Ahora emito desde debajo de un puente, con un walkie-talkie. ¿Sabes que la Caixa ha puesto espías en mi calle? El otro día me enviaron publicidad, los muy ladrones... ¿Tú no tendrás una cuenta en la Caixa? Porque como tengas una cuenta en la Caixa te juro que te... --Anda, deja el cuchillo. Ya te corto yo la carne, que aún te harás daño. --Es terrible. Con Aznar esto no pasaba. ¿Cataluña ya es independiente? --No, claro que no. --Todos los catalanes queréis la independencia. ¡Para exterminarnos como a ratas! --Oye, ¿cómo es que ya no te metes con los vascos? --¿Con los qué? --Nada es igual. --Ah, con los vascos... Bueno, todos sabemos que los vascos sólo son esbirros de los catalanes. Si no, ¿de qué iba el Barça a fichar a tantos vascos en los ochenta? Zubizarreta, Bakero, Goikoetxea, Begiristain, Lineker, Schuster, Maradona... Todos terroristas contratados por Carod en Perpiñán. --Anda, come, ya la tienes cortadita. En trozos pequeños, como a ti te gusta. --¡Ah! ¡Aaaah! ¡¡AAAAH!! ¡¡¡AAAAAAAAH!!! --¿Qué pasa? --No, nada... Perdona... Qué susto, creía que allí estaba Montilla. Pero no, es una señora. ¿Tú crees que es catalana? --Hombre, desde aquí resulta difícil saberlo. --Nos mira raro... Seguro que es catalana... La muy puta. España se rompe en pedazos y ella bebiendo cava. Por cierto, estoy haciéndole el boicot a todo lo catalán. --Sí, algo había oído. --No sé cómo: los comunistas ya han cerrado la Cope cinco o seis veces. Bueno, el caso es que estoy pensando en despedir a Juan Carlos Girauta. Es catalán, ¿sabes? Y el muy cerdo no me había dicho nada. Luego me explicó que según César Vidal, los masones, los comunistas y los catalanes se habían inventado lo de la teoría de la evolución para desprestigiar la Biblia. Y que según unos estudios muy serios de un tal Pío no sé qué, Lenin había nacido en Sant Vicenç de Calders. Y que Hitler era un tipo pacífico y moderado hasta que pasó un verano en Premià de Mar. Acabé tan harto que, en fin, lo confieso, pidió de postre tiramisú y cuando ya casi lo había terminado le convencí de que el tiramisú era un postre de origen catalán. Fue corriendo al lavabo a, en fin, ayudarse a... O sea, con los dos dedos en la gar... Bueno ya se entiende.
No la toques más, Sam
De vuelta de Chile y en el aeropuerto del Prat me encontré con Osama Bin Laden. --Manos arriba, queda usted arrestado. Siempre le hago la misma broma. Y cómo se ríe. Un día le pillarán de verdad y el tío muerto de risa: "Jaime, siempre igual". Me dice que va a pasar el puente de diciembre en, bueno, no me dice dónde, no se fía de mí. --Sólo hago turismo a países fríos y en invierno --avisa--, porque como las mujeres van todas tapadas, me siento como en casa. Pero es horrible. El otro día vi a una tía enseñando las orejas, qué perversión, qué lujuria, qué libertinaje, no sé dónde iremos a parar. Le pegué dos tiros. --Hombre, ¿no crees que exageras? --No, en serio, es ver la piel desnuda de una mujer y me entran unas ganas de atarme un cinturón de explosivos que ni te imaginas. Normalmente no suelo hablar de estas cosas con Sam. Sinceramente, creo que el pobre está reprimiendo algo, no sé si me explico, no es normal verle la nariz a una señorita y ponerse de los nervios. Pero quiero ayudarle. --Oye, Sam --le digo--, mira, conozco un local en Madrid donde te hacen lo que tú digas. --¿De qué hablas? --Ya me entiendes: ahí tienen de todo. Tú simplemente lo pides y te lo traen. Y no hablo sólo de... Bueno, ya sabes de qué hablo. Discreción garantizada. Nadie sabrá nada nunca. Digo Madrid porque es un sitio tan horrible que nadie en su sano juicio huiría allí y por tanto no creo que te estén buscando. --Ah, o sea que tú también crees que tengo un problema de virilidad. --No, yo no he dicho eso. --¿Te ha llamado Klaus? --¿Klaus? --No te hagas el loco. El doctor Fabenmeyer. Me dijo que eran datos confidenciales... Yo creí que siendo católico comprendería lo del secreto de confesión. --No me ha llamado nadie, Sam. --No, claro, qué va. --En serio. Creo que no es buena idea ir matando gente y tapando señoritas. Bueno, a ver, reconozco que a todos nos han entrado ganas de quemar la oficina. Pero no lo hacemos. Y lo de tapar señoritas no tiene excusa. Lo normal es lo contrario, destaparlas, alegría, fiesta, piernas. En fin, señoritas o señoritos, eso ya, cada cual... --¿Qué insinúas? --Estás muy susceptible, Sam. --¡Te he preguntado qué insinúas, perro infiel! --Mira, cuando te pones así, no hay quien dialogue contigo. --Maldito puerco cristiano, ¡ME VOY A COMER TU CORAZÓN! ¡ALÁ ES GRANDE! Y YO NO TENGO NINGÚN PROBLEMA CON LAS MUJERES, ¿ENTIENDES? NIN-GU-NO. SON ELLAS LAS QUE TIENEN PROBLEMAS CONMIGO, ¿DE ACUERDO? ¡ELLAS! --Sam, todo el mundo nos mira. Entonces se calló, se secó las lágrimas con la manga, dio media vuelta y se marchó, empujando el carrito de las maletas. Desde entonces tiene el móvil apagado. Le he enviado un mensaje con la dirección y el teléfono de ese local. Sé que me lo agradecerá.
Terapia
Para resolver de una vez por todas las dudas acerca del estado mental de Augusto Pinochet, las autoridades chilenas recurrieron a mí: querían que le aplicara el Método Jaime Rubio de Diagnóstico Psiquiátrico. Este método que desarrollé en los noventa es francamente simple: consiste en aplicar un cuestionario que algunos pusilánimes tildan de "agresivo" y de evaluar las respuestas del paciente siguiendo el baremo Rubio que otorga los jaimepuntos de cordura correspondientes. Este baremo es complejo y mis lectores no son muy inteligentes que digamos, así que vayamos al grano, a la entrevista. El señor Pinochet me recibió en su despacho, sentado en un sillón con orejas, envuelto en una bata de franela, peinado con ese estiloso y tan propio lametón de vaca y agarrado a un bastón con puño de márfil. Después de darle los buenos días y sin ni siquiera sentarme comencé el análisis. --¡Estás loco, viejo de mierda! Pinochet me miró con los ojos descolocados. --Te doy los buenos días y ¿qué me contestas? Buenos días. Pero si son las cuatro de la tarde, animal de bellota. Pero lo que más me jode es lo del bastón. ¿Para qué coño te agarras al puto bastón si estás sentado? Acto seguido le agarré el palo y le sacudí en la cabeza varias veces. --¿Ves cómo no lo necesitas para nada, idiota? ¿Acaso te has caído, inválido de mierda? Dicho lo cual, arrojé el bastón y me senté enfrente del anciano. Creo que susurraba algo así como socorro, pero el ruido que provenía de la otra habitación no me dejaba oír nada. Luego supe que uno de los hijos de aquel anciano tan agradable estaba intentando entrar al haber oído los golpes. Por suerte, mis celadores le retuvieron y, ya de paso, le dieron un par de patadas en la cabeza, ja ja, son incorregibles. --Bien, viejo estúpido, hablemos claro: ¿está usted loco o sólo se lo hace? ¿Se quedó el dinero? ¿Mató a esos rojos? --No me acuerdo, pero no es cierto. No es cierto, y si fuera cierto, no me acuerdo. --¡A mí no me venga con pamplinas! ¡Explíqueme qué ha soñado esta noche! ¿Cuántas veces se acostó con su madre? ¿Aún se hace pajas, pervertido asqueroso? ¿Por qué huele como si se hubiera cagado encima? Sé que puede sonar duro. Al fin y al cabo, estaba gritándole a un anciano que lo único que había hecho en su vida había sido firmar papeles que él no entendía y que le habían llevado a convertirse, ante la cruel e injusta mirada del mundo, en un millonario asesino. Pero ése era y es mi trabajo: dejar claro que aquel pobre inocente era un loco al que habían engatusado para que se quedara con millones de dólares en contra de su voluntad. --Bien, señor Pinochet. ¿Dónde estaba usted el 11 de septiembre de 1973? --Yo... No me acuerdo... --¡Miente! ¡Miente! ¡MIENTE! Se acuerda perfectamente: estaba sodomizando a su gata. --Yo, yo... No tuve más remedio que volver a agarrar el bastón. --Todo lo que hice.... No me pegue... Se lo debo a Dios. --¡LOCO! ¡LOCO DE MIERDA! ¡ZOÓFILO ASQUEROSO! ¡ERA UNA POBRE GATITA INOCENTE! ¡VEN A MÍ! ¡YO TE SALVARÉ DE TU LOCURA! ¡MIAU MIAU MARRAMIAAAAAU! --Soc... Soc... orro... Jamás quise hacerle daño a nadie... --¡Yo tampoco! ¡Es por tu bien! ¡BASTARDO! Ya no recuerdo nada más. Desperté en el hospital, con varias costillas rotas y un terrible dolor de cabeza. Según me explicaron los abogados del dictador, el hijo de Pinochet había conseguido burlar la vigilancia de mis celadores y había impedido que siguiera con mis prácticas. --Esto es terrible --les dije--, así no puedo emitir un diagnóstico fiable. No recogí suficiente información. Necesito quedarme a solas un par de horas con él. Como mínimo. Se trata de un caso complejo. Y tampoco me importaría que su hijo viniera a verme a mi consulta. Los abogados se despidieron con un "ya se verá lo que se puede hacer", pero lo cierto es que no contestaron a mis llamadas. Una pena. Mi testimonio les hubiera servido de mucho. Porque para mí que ese viejo es un loco hijo de puta, pero, claro, necesito recoger pruebas. Así es la ciencia: fría e imparcial.
Protesto enérgicamente
Jaime Rubio fue conducido ante el juez por agresión al director de una oficina bancaria. El acusado había sido arrestado mientras aporreaba con un cojín --relleno de cantos rodados-- a Jordi Vila, empleado del mes en nada menos que diecisiete ocasiones en la sucursal que actualmente dirige. Rubio renunció a contar con un abogado: "Prefiero defenderme a mí mismo, señoría. He visto Algunos hombres buenos y me considero preparado". El juez le preguntó si eso era verdad, a lo que el acusado respondió: "¿La verdad? ¡TÚ NO PUEDES SOPORTAR LA VERDAD!" Tras ser reducido por los alguaciles, el fiscal le preguntó por los motivos que le habían llevado a agredir al señor Vila. "Los bancos son unos ladrones", contestó Rubio, a lo que el fiscal replicó que lo único que hacen los empleados de los bancos es "sacar adelante un negocio tan honrado como el que más y dar así de comer a miles de familias y a sus hambrientos hijos, además de hacer crecer el producto interior bruto del país y colocar a España en la cabeza de Europa. Si somos miembros del G8, de momento sólo moralmente, es en gran parte gracias a los bancos y a empleados como Vila". Rubio adujo que la riqueza de los bancos se fabricaba a costa de la pobreza de millones de niños africanos y que los banqueros se divertían negando hipotecas a jóvenes como él mismo. El fiscal hizo añicos sus supuestos argumentos, recordando que si los niños africanos pasan hambre, "lo único que tienen que hacer es cambiar de trabajo, cosa que el sistema capitalista liberal no sólo permite sino que además favorece. En cuanto a las hipotecas, me permito observar que el señor Rubio tiene cincuenta y dos años, vive con sus padres y le concedieron una hipoteca hace diecisiete años cuyo contrato no firmó". La más que hábil labia del fiscal hizo enfurecer a Rubio, quien, ya desesperado, se puso de pie, gritando que aquello no era una hipoteca, era la venta al banco y por los siguientes cuarenta años de su espíritu libre. Mientras los alguaciles se veían obligados a reducirle de nuevo, Rubio insistía en que él era un hombre libre y no un esbirro de los banqueros, y que no pensaba doblegarse a las exigencias de los "mafiosos vendepisos acosancianas". Las conclusiones del juez fueron demoledoras. "Usted, como hombre libre que es, tiene derecho a contratar libremente una hipoteca a cuarenta años y a darle todo lo que cobra a ese señor --por el banquero agredido--. Por tanto, se le condena a hacer ejercicio de su libertad y abrir en el banco de la víctima una cuenta Superahorro Financiero Total y Absoluto 0,5% TAE Cada Siete Lustros. Es una cuenta muy buena. El año pasado me dio diecisiete céntimos de intereses. Para que luego comunistas como usted digan que los bancos son unos chorizos". Rubio adujo que aquella cuenta había provocado que el Sahara, antaño una selva, se hubiera convertido en desierto, a lo que el juez hizo caso omiso. Tras el mazazo de su señoría, los alguaciles redujeron de nuevo a Rubio, por si acaso.
