jueves, 21. diciembre 2006
Jaime, 21 de diciembre de 2006 8:57:10 CET

Una lamentable desgracia


Ha ocurrido un terrible accidente.
Anoche me acosté con una desagradable sensación de malestar: me encontraba débil, mareado, febril. Y es que había cumplido tres horas de estricta dieta en las que apenas había comido un bocadillo de queso y dos ensaimadas, reduciendo a la mitad mi ingesta habitual de calorías tras la cena.
Por cierto, no es que esté gordo, sólo es que tengo los huesos gruesos. Y grasa acumulada a quilos por debajo de la piel. Pero no se puede decir que esté "gordo".
El caso es que me acosté famélico, medio desmayado. Al parecer, fruto de esta terrible hambre que me devoraba por dentro --buen juego de palabras-- me levanté sonámbulo a media noche. Desperté en un charco de sangre, rodeado por los estragos de una orgía cárnica. Lo diré tras un punto y aparte, para añadirle más intriga a la cosa:
ME HE COMIDO A LOS MONOS REDACTORES.
A los diecisiete. Incluido el mayordomo. Crudos. Vivos, de hecho. Obviamente, no enteros, no soy tan bruto. Quedan algunas cabezas, con las que prepararé esos alegres postres navideños que son los sesos helados de mono, y hay suelto algún brazo y bastantes vísceras.
Diga lo que diga la sociedad protectora de animales, esto ha sido simplemente un accidente fruto de la necesidad. Un accidente nada grave: tenía ya apartadas a unas cuantas crías y su proceso de formación está bastante avanzado.
De todas formas, me veo obligado a dejar el blog durante las fechas navideñas, para acabar con la educación de los monitos. De momento sólo escriben a pluma y hay que enseñarles a usar internet.
En fin, sé que la humanidad echará en falta mis textos cruciales sobre el verdadero reto al que se enfrenta mi generación (la urgente necesidad de unas selecciones autonómicas de billar a tres bandas), pero no puedo trabajar sin mis chimpancés.
Que paséis una feliz navidad y un próspero turrón duro.


 
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