martes, 20. julio 2004
Jaime, 20 de julio de 2004 10:10:48 CEST

Fragmento de un e-mail de Javi


Lo que oyes o, mejor, lo que lees: en 1877, un científico irlandés, Seamus Fair, demostró científicamente la existencia de las almas. Para ser exactos, publicó su Teoría de las Almas en 1872, pero no logró una comprobación en laboratorio hasta la fecha antes citada, cuando pudo detectar su propio espíritu en unas placas de vete a saber qué.
El caso es que esto sólo fue el primer paso: una vez las almas fueron detectadas -por decirlo de algún modo-, se pudo estudiar su composición y comportamiento, gracias a lo cual pocos años más tarde se fabricó un decodificador de respuestas a oraciones, que a su vez permitió que en 1885 se llegara a la conclusión de que Dios existe.
Como es natural, no se dejó de trabajar en el tema, y el 3 de enero de 1892 todos los periódicos publicaron en primera página la noticia de que el catolicismo se establecía finalmente como la religión verdadera, no sin incluir correcciones y variantes.
Algunas de las correcciones eran curiosas. Por ejemplo, resulta que el virgen de la inmaculada concepción era José, y no María. Otra cosa que llamó la atención fue que escribir novelas era pecado. De todas formas, las variaciones no acostumbraban a ser tan claras y de hecho irritaron a la mayoría, ya que tendían a salirse por la tangente en los temas más espinosos.
Eso sí, la noticia se recibió con alegría y religiosidad sosegadas. Incluso quienes practicaban otros credos se convirtieron tranquilamente al catolicismo. Ya me dirás tú, qué remedio. De todas formas, esto no erradicó en absoluto el pecado. Imagino que la mayoría seguía contando con arrepentirse en el lecho de muerte.
Para luchar contra esta situación, en algunos países se instauró la llamada Ley Santa: se declaró ilegal todo lo que el decodificador había dejado claro que era pecado. El problema fue que esta Ley Santa acabó a su vez resultando ser pecado y se tuvo que derogar.
No se sabe exactamente qué pasó, pero a principios del siglo 20 se decidió borrar todo esto de la historia. Se envió al ya anciano Seamus Fair a una isla del Pacífico, se quemaron todos los documentos que hacían relación a sus descubrimientos, se destruyeron los decodificadores e incluso se editaron diarios nuevos para el 3 de enero de 1892, no fuera que alguien recurriera a las hemerotecas.
La mayoría de sospechas apuntan a que todo habría sido un error absurdo de Fair y que su experimento no era más que una especie de daguerrotipia fallida. Este error –o fraude, apuntan algunos- habría avergonzado tanto a la gente que se logró que por primera vez todo el mundo se pusiera de acuerdo para hacer algo: disimular.
De todas formas, algunas cosillas que he encontrado por internet explican que en realidad el decodificador hizo saber que era pecado tener conocimiento cierto de la existencia de Dios. En consecuencia, se tuvo que volver a la situación anterior.
Ya te contaré más, porque parece que incluso la Primera Guerra Mundial vino causada por todo esto y que el asesinato de Francisco Fernando no tuvo nada que ver. Hay algún libro sobre el tema y todo.


 
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