martes, 25. marzo 2003
Jaime, 25 de marzo de 2003 10:18:13 CET

El significado de la guerra


Las únicas armas que he tenido entre mis manos han sido alguna escopeta de perdigones, cuchillos de cocina de diversos tamaños y dardos, que en mis manos se convierten en proyectiles peligrosos -especialmente para los ojos ajenos. Es decir, mi experiencia en temas bélicos y militares es, por suerte, nula.
Aun así, no deja de sorprenderme la alegría y la tranquilidad con la que muchos periodistas y políticos defienden esta guerra y hablan de ella como de un mal menor pasajero que sólo puede traer beneficios. Uno lee lo que dicen y parece que los muertos sean de videojuego.
Igual su actitud se debe (también) a su inexperiencia en guerras. Bush, por ejemplo, se escaqueó de ir a Vietnam -cosa que me parece muy bien- y el propio Aznar no hizo la mili -cosa que me parece estupenda. Parece, pues, que la ignorancia en temas militares puede dar lugar tanto a pacifistas como a enconados belicistas.
Eso sí, cada vez que leo o escucho sus frases, no dejo de pensar en el periodista belga de Revenge is sour, artículo de George Orwell, quien sí había vivido unas cuantas guerras.
Orwell explica que, después de la toma de Stuttgart, a finales de la Segunda Guerra Mundial, entró en la ciudad con un periodista belga, que -comprensiblemente, por otro lado- repudiaba a los alemanes: "Tuvimos que entrar por un pequeño puente de peatones que por lo visto había sido defendido encarnizadamente. Un soldado alemán yacía muerto al pie de las escaleras. Su rostro tenía el color amarillo de la cera. (...) El belga apartó la vista cuando pasamos. Casi al final del puente, me confesó que era la primera vez que veía un cadáver. Tendría unos 35 años y había pasado cuatro haciendo propaganda de guerra. Durante los días siguientes, su actitud fue muy diferente de la que había sido hasta el momento. Miraba con desagrado la ciudad destrozada por las bombas. (...) Cuando se despidió, dio a los alemanes de la casa donde estuvimos alojados el resto del café que habíamos traído. Seguramente, una semana antes se hubiera escandalizado de pensar que iba a regalar café a un boche. Pero sus sentimientos cambiaron, me dijo, cuando vio aquel pauvre mort al pie del puente: de repente se dio cuenta del significado de la guerra".


 
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