miércoles, 5. marzo 2003
Jaime, 5 de marzo de 2003 0:40:55 CET

Fotocopias


La Generalitat difundió unas encuestas manipuladas -más bien inventadas- en las que Convergència i Unió aparecía como ganador de las próximas elecciones.
El conseller en cap y aspirante a la presidencia, Artur Mas, ha asegurado, confiando en la ingenuidad de quien tuviera a bien escucharle, que no hubo intención de manipulación, sino que, en todo caso, se habían traspapelado un par de folios del informe. Folios que, por cierto, acabaron apareciendo. Mas incluso sugirió que el error podría haberse dado a la hora de fotocopiar los papeles en cuestión.
Como es natural, nadie cree al pobre hombre. A mí me recuerda a esa excusa de que el perro se comió los deberes, señu. Pero lo que dice podría ser verdad. Al fin y al cabo, no es tan raro. Casi todos hemos pasado por alguna mala experiencia en temas de fotocopias y traspapeleos varios.
Recuerdo, por ejemplo, cómo en la facultad tuvimos un pequeño percance con un trabajo de grupo que, como es natural, acabamos pocas horas antes de entregarlo, sin tiempo ni siquiera para echarle un último vistazo.
Una compañera se ofreció para llevarlo a encuadernar, así que todos fuimos dándole nuestra parte del trabajito. Al principio fue ordenando los folios a medida que se los íbamos dando. Luego se cansó del terrible esfuerzo que suponía tanta actividad tan seguida -era de carácter cansino, la muchacha- y decidió posponer la tarea a después de tener todos los fragmentos en sus manos.
La dejamos con los papeles, confiando en ella, y nos fuimos, aliviados.
Desde el punto en que la dejamos hasta el lugar en el que encuadernarían el trabajo había apenas veinte metros. Algo debió de pasar, igual se quedó absorta observando el mecanismo de la fuente -aprietas el pedal, sale agua; aprietas el pedal, sale agua; aprietas el pedal, sale agua-, o a lo mejor se cruzó con alguien y acertó a cruzar un par de frases seguidas en lo que para ella sería una larga y agotadora conversación. El caso es que cuando le entregó los folios a la encuadernadora, se olvidó de que no estaban ordenados. Y hasta que nos devolvieron el trabajo, no supimos nada. Ella tampoco, evidentemente.
Al menos, la portada estaba en su sitio y el profesor fue bondadoso. Magnánimo.
Bien, como decía, es posible que Artur Mas no mienta. La única condición que pondría para creerle, eso sí, es que haga público que esta antigua compañera de facultad está trabajando en la Generalitat de Catalunya y que el informe en cuestión ha pasado por sus manos.


 
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