martes, 30. julio 2002
Jaime, 30 de julio de 2002, 10:30:39 CEST

Nombres y cosas


Protágoras explicaba que había cosas con nombre femenino, como la cólera (e menis), que deberían ser masculinas por ser más propias del hombre. Y viceversa, claro. Dudo que la cólera sea más propia del hombre que de la mujer, pero, en todo caso, sí que es cierto que hay nombres que merecerían otro género. El teléfono, perdonadme el tópico, debería ser la teléfono (o la teléfona, si acaso). Y, no sé, creo que preferiría ponerme unas pantalones a unos pantalones. También me suena muy natural que en alemán el sol vaya en femenino (die Sonne) y la luna (der Mond), en masculino. Llevando el tema algo más lejos, hay palabras que sin duda definen perfectamente el objeto o la acción a la que se refieren, género incluido. Como gota, eructo, espachurrar, tierra, bisturí -ah, la palabra incluso corta-, horror o manzana. Pero hay otras que necesitan ser cambiadas, adaptadas, porque no responden en absoluto a su referente. Mesa, por ejemplo, es una palabra demasiado anodina. Incluso para una mesa. Parece más bien un pronombre posesivo. O calle. Con lo bonitas que suelen ser las calles y su maldito nombre no es capaz de incitar ni a dar un paseíto. No me extraña que se use tanto el coche. Y el libro como objeto igual es insustituible, pero la palabra es francamente mejorable. Último ejemplo: si computadora suena, como mucho, a triste calculadora, ordenador es una mentira. Pero, claro, todas estas cosas ocurren porque la sensatez y la razón nunca serán los instrumentos que usen académicos y lingüistas a la hora de fijar (y dar esplendor) a la lengua, anclados como están en la convención y en la tradición. Cuánta arbitrariedad. Así jamás será cierto aquello que dice Borges en los primeros y platónicos versos de El Golem:

Si (como el griego afirma en el Cratilo) el nombre es arquetipo de la cosa, en las letras de rosa está la rosa y todo el Nilo en la palabra Nilo.

Una lástima. Sí, supongo que lástima en femenino está bien. Aunque pena igual debería ser un nombre masculino.
 
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lunes, 29. julio 2002

¿Qué está pasando?


Pero bueno, ¿cómo es posible? ¿Dónde iremos a parar? Esto ya es lo último. No, si resulta que ahora hasta la gente con dinero, como el pobre Mario Conde, va a la cárcel. Y veinte añitos, nada menos. Esto en mis tiempos no pasaba. Si uno podía pagarse un abogado caro -nótese que el adjetivo siempre es "caro", nunca "bueno"-, no dormía más de dos noches fuera de casa. Lo peor que podía pasarle a uno era tener que disfrazarse de Superman y sacudirles coscorrones a ex ministros. En fin, la sociedad cada vez va a peor: se convocan huelgas, se desprotegen islotes mediterráneos y cada vez más gente se cuela en el metro. Encima va a ser verdad que todos -o casi todos- somos iguales -o cada vez más iguales- ante la justicia. ¿Qué será lo próximo? ¿Juicios rápidos? ¿Empleos dignos?
 
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