Madre no hay más que una. Calcetines hay millones


Un hecho del que se habla poco a pesar de lo chocante que resulta: somos casi siete mil millones de personas en el planeta, pero aun así, madre no hay más que una. ¿No estaremos abusando? ¿No estará ya cansada, la pobre mujer, además de dolorida? ¡Nacen cuatro niños por segundo! ¡Aunque esté acostumbrada, tiene que ser un martirio!

Y por cierto, hablo de siete mil millones de personas a día de hoy, pero si sólo hay una madre, igual es porque sólo ha habido una DESDE SIEMPRE, con lo cual ese número sería bastante mayor.

Poco se queja, para lo que ha vivido.

Francamente, creo que debería retirarse y que ya está mayor para seguir quedándose embarazada de tanta gente. Es más, opino que sería positivo que la reemplazara más de una mujer. Quizás incluso tres o cuatro. Sería bueno repartir esta tarea, que demuestra que una vez más el machismo sigue imperando en la sociedad. Porque sólo hay una madre, pero hay cientos de millones de padres.

Cosa que, por otro lado, me parece feo por parte de mamá.

La llamo mamá en público porque todos somos medio hermanos. Y ahora llega el momento de echaros un poco de bronca. No recuerdo haberos visto en casa por Navidad. Ni por su cumpleaños. Ni por el día de la madre. Ni un solo año. No sé, entiendo que cada cual tiene su vida, pero es que estamos hablando de mamá y de Navidad. Qué menos que pasarse, aunque sea para los turrones, y darle dos besos y un abrazo y que nos presenten, que somos hermanos, pero a muchos ni os conozco.

Esa no es forma de tratar a la familia.

Es que tampoco llamáis, que su teléfono casi nunca comunica y digo yo que si sólo mil millones de los siete mil millones de hijos la llamaran una vez al mes, sería complicado encontrar el teléfono libre.

Es cierto que vuestro desafecto a mí me resulta cómodo, porque puedo ir a comer a casa de mi padre y de nuestra mamá sin necesidad de reservar mesa. Pero me entristece. Haced el favor, que una llamada o una visita un domingo no cuesta tanto. ¿Acaso no os compra los calcetines, que si no fuera por ella iríais con papel higiénico en los zapatos?

Esa es otra, se debe gastar una fortuna en calcetines. Todas las empresas de calcetines del mundo dependen de mamá. El día que falte, todas irán a la bancarrota.

De todas formas, esta situación es absurda: por ahí gente que fabrica calcetines, otra gente que se los vende a mamá y luego mamá me da a mí unos cuantos, pero también le lleva varios pares al señor que fabrica calcetines y al señor que los vende. ¿No estamos perdiendo el tiempo con este proceso?

Aunque también es verdad que a ella le hace ilusión.


 
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No se lo digas a nadie


(Publicado en Diagonal)

Me sorprendió leer que el ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, soltó en una rueda de prensa algún secretillo del sumario sobre el secuestro de Publio Cordón, como quien no quiere la cosa. Parece un señor muy serio. Además, le tengo afecto ya que, por estadística, seguro que conozco a alguno de sus 79 hermanos y 2.512 primos.

Decidí ir al Ministerio, con la intención de charlar con él y de paso recoger sus (imaginaba que) acongojadas excusas. Tuve problemas para entrar ya que, al parecer, gritar “JORDI, A MIS BRA- ZOS” no es una buena tarjeta de visita, pero pude solucionar el asunto inteligentemente, trepando por las cañerías y cayéndome en apenas cuatro ocasiones. Ahora uno de los pies me apunta hacia atrás (miren, miren, ¿a que da como cosa?), pero todo sea por LA NOTICIA.

Fernández Díaz me recibió con un grito y preguntándome quién era y por qué estaba entrando por la ventana. Se tranquilizó y me invitó a sentarme, después de explicarle que venía del periódico DIAGONAL, un medio de ley y orden, defensor de los bancos ante la prensa izquierdista y adalid de la libre empresa ante el acoso de los trabajadores y sus absurdas pretensiones de “cobrar”(¿dónde se creen que viven? ¿En la Rusia de Stalin? ¡Que se vayan a Cuba!).

“Verás –comenzó cuando le pregunté por la polémica que me había traído allí–, es cierto que comenté cosas que no debería haber dicho y pido disculpas. Primero, un ministro debe saber qué puede decir y qué no; segundo, un caballero debe saber guardar un secreto. Pero la culpa de todo la tiene mi responsable de prensa al que, en fin, no me gusta hablar mal de la gente, pero le va empi- nar el codo. Esto me lo ha explicado mi secretaria, que no la has visto, porque has entrado por la ventana, pero se está pasando con el botox. Lo peor es que no lo reconoce y dice que es todo por una crema nueva que se ha comprado. Ya, una crema. Justo ayer se lo estaba comentando a Rajoy. Por cierto, sabes lo de Rajoy, ¿no? Sabes lo que se dice, ¿no? De Rajoy. Lo que se comenta”. Me incliné hacia delante para escucharle mejor. “Resulta que se echa siestas de tres horas. Que siempre está reunido de cuatro a siete. Reunido entre comillas, no sé si me explico. Ahí, roncando como un desesperado, que se le oye cuando pasas por delante de la puerta. Y claro, así va el gobierno.

Que no es por hablar, que a mí no me gusta hablar, pero mira por ejemplo lo que hizo el otro día Jorge Fernández Díaz, el perla, que menudo perla”. Qué ha hecho, qué, qué. “Pues resulta que estaba en una rueda de prensa y soltó secretos de su- mario ahí, a lo loco, como si tal cosa, venga, anda, di lo que quieras. Y luego vino un tal Jaime Rubio, un periodista, a preguntar cosas. Y en fin, yo no soy de criticar, pero a mí me han explicado que toma más café de la cuenta y cuando llega al cuarto abre la ventana de su casa y grita cosas a la gente. Pero claro, esto es lo que se dice, vete a saber, porque se cuentan tantas cosas”. De hecho, eso es exageradísimo. Grito cosas en general, no a la gente. A veces insulto a las palomas, eso sí.

En todo caso asentí a todo mucho y le pregunté, para cerrar la entrevista, si creía que la discreción era posiblemente la virtud más devaluada hoy en día. “Sí”, respondió.


 
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Esto es la guerra


(Publicado en Diagonal).

Como el Gobierno no se ha atrevido, lo he tenido que hacer yo: le he declarado la guerra a Argentina, por habernos robado YPF a todos y cada uno de los españoles, representados por los accionistas de Repsol.

Como todo el mundo sabe, el mejor motivo para ir a la guerra es el petróleo. Es decir, todos los adultos sanos deberíamos estar ya embarcando en acorazados y fragatas. Pero claro, este Gobierno no tiene valor y así estamos, llorando de rodillas frente al Íbex 35, como si fuéramos franceses.

De todas formas, sé que sólo soy una persona, ya que me he contado en más de una ocasión, así que me tuve que limitar a declararle la guerra a Argentina a pequeña escala. Es decir, a mi vecino Gastón. Sí, se llama así. Los argentinos tienen un problema con el santoral. ¿Qué hay de malo con nombres cristianos como Westfalia y Anatolia, por ejemplo?

Gastón es un argentino muy majete, capaz de lograr que un viaje en ascensor de cuatro plantas dure tres horas y media: su animada charla provoca una curvatura en el espacio-tiempo. Así convenció a su novia de que fuera su novia. Por erosión. Esta señorita (un 7, tirando bajo) es española (de Lisboa, creo, o de otra ciudad también extremeña), por lo que intenté expropiarla anoche, cumpliendo con mi deber patriótico. Me presenté en su casa, aporreé la puerta (uno no puede expropiar tocando el timbre como si fuera, no sé, inglés), y en cuanto Gastón abrió, exigí compensación y justiprecio por el robo a los españoles del petróleo argentino. Haciendo caso omiso de mis bien argumentados gritos e insultos, Gastón intentó explicar que era de Uruguay y no de Argentina. Ni mentir saben, estos bonaerenses: ¡Paraguay! ¡El país se llama Paraguay! El miedo no le dejaría ni pensar.

Incomprensiblemente, su novia no se levantaba a por sus cosas, como hubiera hecho cualquier español con un mínimo de dignidad, sino que se limitaba a mirarme desde el sofá, mostrando cierta sorpresa (así: o_O). Insistí en que hiciera el favor de comportarse como una española o, en caso de sentirse catalana, como una catalana, dado que La Caixa (¡nada menos!) posee el 10,5% de las acciones de Repsol y de YPF. Pero claro, vivimos en un país de acomplejados. La chica (7,5, incluso) llamó a la policía, que en lugar de ponerse de mi parte y, ya puestos, invadir el piso en una primera avanzadilla de la guerra hispanoargentina, se me llevó esposado. Indignante.

Incluso tenía preparada una cena romántica para recibir a la que ya sería exnovia del argentino, con sus velas, un violinista rumano que había secuestrado en el metro y platos típicos catalanes (espagueti a la boloñesa y vino de La Rioja). Cuando pude volver a casa, el rumano se había desatado y se había llevado mis espagueti. El vino no, a pesar de ser uno de los mejores Tetra Bricks de marca blanca que hay en el mercado. Por supuesto, quise presentar una queja formal ante la embajada rumana, pero no se tomaron a bien que entrara preguntando por el conde Drácula, entre carcajadas.

Es muy difícil ser español hoy en día. No nos toman en serio. Claro, como somos negros. Pero en fin, tampoco está mal que no haya guerra, ya que Argentina está en el hemisferio sur y no creo que los soldados españoles estén acostumbrados a caminar boca abajo mucho tiempo.


 
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Eurovegas nació gracias a una apuesta


Publicado en Diagonal.

Eurovegas es una apuesta. Literalmente. Lo sé porque estaba allí. Suelo viajar mucho a Las Vegas, a las de verdad. Por trabajo: hay muchas ferias, congresos, este tipo de eventos a los que vamos las personas serias con trabajos de verdad.

No por los casinos. Detesto el juego. Apostar va contra mis principios: el dinero se gana trabajando. El caso es que hará ya unos meses, por un incidente en un casino en el que se me acusó de contar cartas, cuando yo creía que estaba jugando a la ruleta, me llevaron al despacho del encargado de seguridad.

Me dijeron cosas muy feas. Se me acusó de ir borracho, por ejemplo, cuando yo aguanto bien la bebida y si vomité encima de esa camarera sólo fue porque la segunda botella de Jameson estaba caducada.

Cuando iban por el decimocuarto puñetazo, entró en el despacho un tipo gordo y con el pelo embetunado.
—Te dije que colaría. Se han creído lo de Eurovegas.
El jefe de seguridad puso cara de ciruela pasa y gruñó tacos muy desagradables, como “carámbanos” y “voto a bríos”.
—Lo quieren en Madrid y en Barcelona. Que son dos ciudades, se ve.
—Yo soy de Bar... –callé a media frase porque por algún motivo (quizá los cuatro dientes que había en el suelo), me dolía mucho la boca al hablar.
—¿Y este quién es? ¿Qué dice de un bar?
—Nada, un borracho que ha quemado los lavabos. ¿Decías?
—Pues que ya puestos, y como se están peleando, voy a forzar, a ver hasta dónde llegan. Les he exigido que se pueda fumar en los casinos, poder edificar rascacielos al lado del aeropuerto y que me rebajen los impuestos. Porque claro, si no, la gente no se divierte y se pone triste.
—¿Y ha colado?
—Y tanto. De hecho, voy a seguir. Les explicaré que es normal que en los casinos haya drogas y que habrá que hacer la vista gorda con este tema. También, que tendremos que comprar un cargamento de señoritas del Este, para proporcionar un buen servicio a las despedidas de soltero y a los turistas solitarios. Por último, que es habitual que una noche de alcohol y juego acabe con algún asesinato y, como los jugadores no vendrán si pueden terminar en la cárcel, asesinar en Eurovegas tendrá que ser legal.
—Pero, pero...
—Bah, les he prometido crear 250.000 puestos de empleo. Ojo: directos e indirectos, que no soy tonto.
—Pero si en Las Vegas y en Reno sólo hay 300.000 empleados en el sector. Y tus casinos tienen unos 35.000 entre Las Vegas, Macao y Singapur.
—Pero yo cuento las generaciones venideras. Escucha, que para el final dejo lo mejor: exigiré una noche de sexo con la señora Aguirre y el señor Mas, unos políticos de por allí, con la promesa de que el mejor se llevará el premio... Er... Se te ha caído un ojo.
—Te mereces los cinco dólares que apostamos –contestó,mientras se lo volvía a colocar–. Pero al final, ¿qué harás?
—Compraré los terrenos que me van casi a regalar, removeré la tierra, alegaré inviabilidad económica del proyecto y venderé los solares por el doble en un par de años.

Los cinco nos reímos mucho.

El gordo, el jefe de seguridad, yo, los dos matones. Luego me pegaron un poco más y me arrojaron a un callejón. Gran noche. Aún me río al acordarme. Y también cuando pienso en Alcorcón. Es un nombre gracioso. Las Vegas en Alcorcón. Te vendo la Giralda. Tengo unas estampitas. Etcétera.


 
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Nuevos recortes


En una nueva muestra de periodismo de investigación del bueno, The Decay of Wit (edición internacional de La decadència de l'enginy) se ha hecho con un borrador de una carta del Ministerio de Economía en la que se anuncian nuevos recortes. La carta es 98% AUTÉNTICA. El 2% falso es porque mis monos redactores han corregido unas cuantas faltas de ortografía.

Apreciado contribuyente,

Como usted ya sabrá, el gobierno está emprendiendo una serie de recortes para conseguir reducir el déficit y controlar la deuda. Son reformas que a nosotros no nos gustan. Nosotros somos más de gastar a lo loco y comprar camisas que nunca nos pondremos porque en qué estaría yo pensando al comprar esa chaqueta de piel de cocodrilo con coderas de lana.

Pero lamentablemente la herencia del PSOE, esta es la España que nos deja ZP, hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, setenta y tres millones de parados, hay que cumplir con Europa, no queremos acabar como Grecia, aquí nos ha conducido el socialismo, dice tu madre que subas.

Nosotros, el gobierno de Movistar, ya hemos hecho nuestra parte, recortando todo lo que podíamos recortar de lo público. A excepción de algunos empleos, como senadores, diputados provinciales, representantes comarcales y chóferes, además de los clásicos subdirectores generales de la subsecretaría de estado de asistencia al protocolo. Pero no podíamos hacer tal cosa: de algo han de vivir nuestros cuñados.

Es por ello, oye -imitamos a Martes y 13 para añadir una nota de humor a esta sombría misiva- que nos vemos obligados a exigir ciertos recortes en la esfera de lo privado, porque lamentablemente la herencia del PSOE, a mí no me mire, que yo sólo trabajo aquí.

Por eso le solicitamos que se corte el brazo izquierdo. O el derecho, si es usted zurdo. Le adjuntamos un divertido diagrama que explica cómo hacerlo de forma segura, con su torniquete, sus analgésicos y su canesú, además de una recomendación acerca de las herramientas más útiles para esta patriótica operación. Sí, tendrá que hacerlo en casa, que la sanidad pública ya es sólo un lejano recuerdo de juventud.

El objetivo es que reduzca su masa corporal alrededor de un 12% y por tanto necesite ingerir menos calorías cada día. Esto permitiría a las empresas recortar sueldos sin que usted se viera perjudicado. Porque al fin y al cabo, si no lo necesita, ¿para qué lo quiere? Además, seamos sinceros, durante los años de bonanza hemos mantenido extremidades y otros miembros por encima de nuestras posibilidades. Esto es así.

Obviamente, entendemos que hay personas que requieren las dos manos para trabajar. En tal caso, la simpática alternativa que proponemos es que usted se ampute la pierna y el brazo izquierdo y uno de sus compañeros se corte la pierna y el brazo derechos. La idea es que ustedes procedan a coserse por el tronco desmembrado y compartan puesto de trabajo, con el 70% del sueldo cada uno. El 70%, ojo, que podríamos decir "no, el 50%, porque hacen la mitad", pero esto no es la Rusia de Stalin, por más que ya le hubiera gustado a los de la ceja.

Comprendemos que no es agradable pasar tanto tiempo con un compañero de trabajo, pero la alternativa, CUIDADO, es quedarse en paro. Y nadie quiere eso, ¿verdad? No hay nada peor que no trabajar, ¿eh? Pues venga. A cortar.

Todo esto es superimportante, porque la prima de riesgo sube mucho, pagamos un tropienta y tres por ciento más por el dinero que pedimos prestado para no se sabe bien qué, porque aquí ya lo hemos recortado todo, y los mercados se vuelven to locos y caen las acciones una barbaridad, oiga.

A partir del próximo 1 de junio, estos nuevos recortes deberán ser efectivos, lo que nos permitirá afrontar lo que queda de 2012 con un 24% menos de regañinas por parte de políticos extranjeros y representantes de bancos internacionales, que nos miran así con los ojos entornados y diciendo que no con la cabeza.

Atentamente,

Luis de Guindos
Ministro de Economía

P.D.: Este es un mensaje del FROM.


 
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