Jaime, 23 de abril de 2012 20:27:51 CEST

Eurovegas nació gracias a una apuesta


Publicado en Diagonal.

Eurovegas es una apuesta. Literalmente. Lo sé porque estaba allí. Suelo viajar mucho a Las Vegas, a las de verdad. Por trabajo: hay muchas ferias, congresos, este tipo de eventos a los que vamos las personas serias con trabajos de verdad.

No por los casinos. Detesto el juego. Apostar va contra mis principios: el dinero se gana trabajando. El caso es que hará ya unos meses, por un incidente en un casino en el que se me acusó de contar cartas, cuando yo creía que estaba jugando a la ruleta, me llevaron al despacho del encargado de seguridad.

Me dijeron cosas muy feas. Se me acusó de ir borracho, por ejemplo, cuando yo aguanto bien la bebida y si vomité encima de esa camarera sólo fue porque la segunda botella de Jameson estaba caducada.

Cuando iban por el decimocuarto puñetazo, entró en el despacho un tipo gordo y con el pelo embetunado.
—Te dije que colaría. Se han creído lo de Eurovegas.
El jefe de seguridad puso cara de ciruela pasa y gruñó tacos muy desagradables, como “carámbanos” y “voto a bríos”.
—Lo quieren en Madrid y en Barcelona. Que son dos ciudades, se ve.
—Yo soy de Bar... –callé a media frase porque por algún motivo (quizá los cuatro dientes que había en el suelo), me dolía mucho la boca al hablar.
—¿Y este quién es? ¿Qué dice de un bar?
—Nada, un borracho que ha quemado los lavabos. ¿Decías?
—Pues que ya puestos, y como se están peleando, voy a forzar, a ver hasta dónde llegan. Les he exigido que se pueda fumar en los casinos, poder edificar rascacielos al lado del aeropuerto y que me rebajen los impuestos. Porque claro, si no, la gente no se divierte y se pone triste.
—¿Y ha colado?
—Y tanto. De hecho, voy a seguir. Les explicaré que es normal que en los casinos haya drogas y que habrá que hacer la vista gorda con este tema. También, que tendremos que comprar un cargamento de señoritas del Este, para proporcionar un buen servicio a las despedidas de soltero y a los turistas solitarios. Por último, que es habitual que una noche de alcohol y juego acabe con algún asesinato y, como los jugadores no vendrán si pueden terminar en la cárcel, asesinar en Eurovegas tendrá que ser legal.
—Pero, pero...
—Bah, les he prometido crear 250.000 puestos de empleo. Ojo: directos e indirectos, que no soy tonto.
—Pero si en Las Vegas y en Reno sólo hay 300.000 empleados en el sector. Y tus casinos tienen unos 35.000 entre Las Vegas, Macao y Singapur.
—Pero yo cuento las generaciones venideras. Escucha, que para el final dejo lo mejor: exigiré una noche de sexo con la señora Aguirre y el señor Mas, unos políticos de por allí, con la promesa de que el mejor se llevará el premio... Er... Se te ha caído un ojo.
—Te mereces los cinco dólares que apostamos –contestó,mientras se lo volvía a colocar–. Pero al final, ¿qué harás?
—Compraré los terrenos que me van casi a regalar, removeré la tierra, alegaré inviabilidad económica del proyecto y venderé los solares por el doble en un par de años.

Los cinco nos reímos mucho.

El gordo, el jefe de seguridad, yo, los dos matones. Luego me pegaron un poco más y me arrojaron a un callejón. Gran noche. Aún me río al acordarme. Y también cuando pienso en Alcorcón. Es un nombre gracioso. Las Vegas en Alcorcón. Te vendo la Giralda. Tengo unas estampitas. Etcétera.


 
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