Tengo varios cuadernos: libretas de tamaño cuartilla, otras de tamaño folio, blocs (con c) pequeños de bolsillo y, además, una pequeña agenda que, tal y como la uso, no es más que otro cuaderno de aspecto más ordenado (cronológicamente).
Los voy atiborrando de palabras escritas con pluma y tinta negra, haciéndome creer a mí mismo que cada uno sirve para una cosa determinada, cuando en realidad, y tras unas cuantas páginas, casi no puedo distinguir entre estos supuestos usos. A esto se le añade que a mí me gusta escribir en folios sueltos, con lo que los cuadernos acaban hinchados por desordenados anexos agarrados con clips.
Entre los usos que les doy a los cuadernos está el de apuntar ideas. Perdón, quería decirlo con comillas: "ideas". Normalmente son estupideces que más tarde me doy cuenta de que no sirven para nada, por muy brillantes que me parecieran en el momento bombilla. Algo así como esos sueños angustiosos que a la luz del día parecen -y sólo parecen- ridículos.
Las apunto más que nada porque odio olvidar esas presuntas ocurrencias: no me puedo quitar de la cabeza la sensación de que igual ésa sí que era una idea que no estaba mal del todo, algo aprovechable. Una idea sin comillas, vaya.
Pero escribir en realidad es la forma más fácil de olvidar: si algo está anotado, no es necesario memorizarlo. Y muchas veces esas palabras en papel nos traicionan. No son suficientes como para evocar su contexto, como para devolvernos el porqué de la precipitada y entusiasmada anotación. De hecho, acabo de leer uno de estos apuntes traidores. La casi-una-frase, anotada en un minibloc de menos de diez centímetros de largo, con portada de Agatha Ruiz de la Prada -lo siento- y con las hojas encuadernadas con goma arábiga, dice así: "Taxista muerto."
Ahora sólo me queda, como siempre, rascarme la cabeza un rato, fruncir los labios y, finalmente, cerrar la libreta. Supongo que la frase acabará, con lo que quede del cuadernito, en la papelera.
Jaime, 23 de mayo de 2002, 21:13:17 CEST
Cuestión de imagen
El Partido Popular ha decidido querellarse contra nueve sociedades vinculadas al BBVA por presuntos delitos de estafa, apropiación indebida, falsedad documental y fraude fiscal. Es decir, se persona como acusación, ejerciendo la acción popular, en el caso de las curiosas y secretas cuentas que la entidad tenía abiertas en Jersey y que podrían estar relacionadas, como mínimo, con delitos fiscales.
Según el PP, los hechos "han contribuido a deteriorar, ante los ciudadanos e instituciones del Estado español la fiabilidad y confianza en el sistema bancario".
La medida me parece ridícula: viene a ser como si un policía se querella contra un ladrón porque el hecho de que robe perjudica la imagen de los cuerpos de seguridad del estado.
Con esto del liberalismo, aquí ya nadie recuerda sus obligaciones.
Jaime, 22 de mayo de 2002, 21:40:29 CEST
Chiringuitos
La
Comisión Nacional del Mercado de Valores se preocupa por quienes piensan en cometer la insensatez de invertir en bolsa y ha publicado, tanto en papel como en su web, una
Guía de los chiringuitos financieros. Vamos, algo así como uno de estos folletos que cada cierto tiempo reparten en el metro, advirtiendo de carteristas y descuideros.
El texto de la guía sirve para bien poco. Recomienda confirmar que la agencia de valores esté registrada en la CNMV. Pero, claro, Gescartera, por ejemplo, tenía los papeles en regla. También aconseja desconfiar de métodos como llamadas telefónicas imprevistas, correos electrónicos no solicitados, ofertas demasiado buenas para ser ciertas... Es decir, en realidad se nos dice que no hay que fiarse de los métodos usados por las más solventes entidades (aquí me ahorro los enlaces).
Pero, ah, cuando llegamos a las impagables ilustraciones. Sin duda ahí la CNMV ha acertado de pleno: nos ofrece retratos robot que nos permitirían identificar el mal en cualquier circunstancia. En esas certeras páginas, que me he permitido desgajar del original, reconocemos
los productos financieros sopechosos, a los (o las, claro)
comerciales sin escrúpulos, al
malvado mafioso que roba el dinero de ingenuos y avariciosos inversores y, por encima de todos (y éste del lado de los buenos), al
aguerrido auditor de la CNMV, a las órdenes (de compra y venta) de su majestad el Íbex. Con información tan cuidada y elaborada da gusto.
Conclusión: quien tenga la suerte de disponer de dinero, que se lo gaste, que gastar es bueno, pero que deje las inversiones a los ludópatas demasiado pusilánimes y con demasiados remordimientos como para ir al casino.
Ah, si yo tuviera dinero para
invertir.
Jaime, 21 de mayo de 2002, 15:54:06 CEST
Falta de consideración
La verdad es que los sindicatos son muy poco considerados. Mira que convocar una huelga general el 20 de junio, la víspera de la Cumbre Europea de Sevilla. No costaba nada llamar a Moncloa y quedar un día que les fuera bien a todos. Hubiera sido bien fácil poner la fecha de la huelga unos días más tarde. Total, si hacer huelga es no hacer nada, qué más dará un día que otro. Es más, ¿por qué no la convocan de noche? Así seguro que nadie les acusa de pretender únicamente molestar. Una noche de domingo a lunes. Con servicios mínimos del cien por cien. Y sin decírselo a nadie. Así, en plan discreto. Si es que no cuesta nada.
Jaime, 21 de mayo de 2002, 1:28:02 CEST
Esto de las obras
Ya es oficial, y da un poco de penita, pero dejo Blogger y me mudo a este hueco del hormiguero, con mejores vistas y armarios empotrados. Además, como dice Txema, los austriacos son gente seria.
Aún estoy pintando y comprando muebles (¿podré traerme mis archivos?), pero mejor será ir abriendo las puertas. Porque, como dijo la ínclita Marina Castaño, con esto de las obras sabes cuando comienzas, pero no cuando acabas.
Ah, y muchas gracias, señor Blogger.