viernes, 5. febrero 2010
Jaime, 5 de febrero de 2010 17:00:52 CET

Los problemas de verdad


Los políticos no se preocupan de los problemas reales de la gente. El otro día por ejemplo llegué a casa y me di cuenta de que me había olvidado las llaves. ¿Dónde estaban los políticos? Yo no vi a ninguno. Lo único que saben es estrechar manos y hablar de sus cosas y repartirse sus sillones. Pero de los problemas de verdad, nada. Si los políticos se preocuparan por estos temas, nada más enfilar mi calle hubiera aparecido un senador o el secretario general de algún partido y me hubiera dicho, "Jaime, te has olvidado las llaves, pero no te preocupes, que traigo una copia".
Pero nada. O como ayer. Se me cayeron las gafas y se salió el cristal. Por suerte, no se rompieron, pero vamos. Total, que tuve que ir yo personalmente a la óptica a que lo volvieran a poner. Yo. Solo. ¿Y por qué? Porque los políticos no se preocupan de los problemas reales de las personas de verdad. Allí no había ningún diputado que me dijera, "no te preocupes, ya las llevo yo, que tú vas muy liado y tienes que pasar por el súper".
Los políticos están a sus cosas. ¡A sus cosas! Y lo que nos pase a nosotros los ciudadanos y votantes les trae sin cuidado. Lo único que les interesa es el cargo y temitas tontos que les hacen ganar puntos entre ellos, como las cumbres que no sirven para nada y los estatutos europeos y bla bla bla. ¡A sus cosas! Pero de lo que verdad nos importa y nos preocupa, nada.
La semana pasada, por ejemplo, me asaltaron dos matones de una mafia búlgara y me pegaron una paliza por no recuerdo qué historia de una deuda de siete mil euros. Pero eso a los políticos no les interesa. Les preocupa el nuevo logo de su partido. Las cosas normales de la vida, no. Porque hablar de la afición a las timbas ilegales de póker no es importante, qué va, lo importante es ir a la inauguración de un centro cívico, dándole la espalda a los ciudadanos a los que se golpea repetidamente en el abdomen y en la cara, ¡no, en la cara no! ¡Calla, haber pagado! ¡Ah, no, por favor, sólo necesito una semana más! ¡Se te acabaron las semanas! ¿Dónde estaban los políticos cuando Boris y Hristo saltaban sobre mis costillas? ¿Por qué no había ningún concejal poniendo paz y orden, y trayendo un sobre con siete mil ridículos euros? Pues muy sencillo: porque los sobres se los quedan para ellos; al ciudadano de a pie se le ignora, se le ningunea y si debe cuatro duros, se le da una paliza yo diría que exagerada. En serio. Se pasaron un poco. No hacía falta morder. Creo que les caigo mal. Y eso que les he pagado más de una cerveza.
Luego, claro, como los políticos ignoran los problemas comunes de la gente normal de la vida, me tuve que acostar magullado, vendado y con puntos, sin que el presidente de una comisión parlamentaria me trajera un vasito de leche caliente y me arropara y me dijera ea, ea, los hombres malos no te volverán a hacer daño, intenta descansar, cierra los ojitos, ya verás cómo sueñas con cosas bonitas.


 
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