viernes, 30. octubre 2009
Jaime, 30 de octubre de 2009 19:39:35 CET

La mariposa y el tornado


Es muy popular el llamado efecto mariposa, que explica cómo pequeños cambios pueden dar lugar a escenarios completamente diferentes; es decir, cómo causas pequeñas podrían provocar grandes efectos.
El caso es que hace poco di con una historia que ilustra de manera precisa cómo las cosas más tontas pueden cambiarnos la vida. Todo comenzó el 1 de septiembre de 1939, cuando Hitler invadió Polonia. Esto llevó a que Churchill declarara la guerra a Alemania. Un joven inglés llamado Anthony Stevenson decidió entonces alistarse para defender Europa del peligro nazi. Murió en Francia en 1942, dejando una prometida en Londres, que se casó con James Smith. La prometida de Stevenson nunca pudo superar la muerte de su primer novio y se casó sin estar realmente enamorada, cosa que llevó a la separación del matrimonio en 1954. El hijo pequeño de la familia, traumatizado por el divorcio de sus padres, se convirtió en un joven rebelde que nunca llegó a la universidad, aunque consiguió un buen trabajo en una fábrica de cerveza. Allí conoció a Edward Hays, a quien animó a venir de vacaciones a España a mediados de los setenta. Hays pasó dos semanas en Málaga con su mujer y sus dos hijos. Las vacaciones sólo tuvieron una pega: la esposa de Hays, Margaret, se rompió una pierna. Al no poder bañarse en la piscina, pasó varias tardes en la terraza del hotel, donde conoció a una catalana llamada Judith Martínez, quien gracias a la inglesa probó por primera vez el alcohol. Cuando Martínez volvió a su casa ya era una adicta que en unos años moriría de cirrosis. Algo antes, en 1981, su marido se divorció de ella y se casó con la prima de un amigo, con quien tuvo un hijo. Este chico tuvo un accidente de moto en 2002, del que le quedaron secuelas en el oído interno. Estas secuelas fueron en forma de vértigos, mareos y un equilibrio deficiente. A pesar de estos problemas, el 30 de septiembre de 2009 se ofreció a traer a todos los compañeros del departamento unos cafés. A mí me tiró el mío encima. Me quemé y tuve que llevar la camisa al tinte.
Es realmente curioso lo del efecto mariposa. Algo en apariencia trivial y sin importancia, como la invasión de Polonia, provoca una reacción en cadena que acaba conmigo gritando de dolor durante cuatro segundos y luego yendo a casa en metro con toda la mancha encima, qué vergüenza. Parece increíble cómo hechos irrelevantes acaban causándonos terribles desgracias. Es algo que todo el mundo debería tener en cuenta antes de liarse a bombardear ciudades. Unas pocas décadas más adelante, las camisas de vuestros nietos peligran.


 
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