lunes, 10. enero 2005
Jaime, 10 de enero de 2005 9:54:53 CET

Si sólo cuesta eso, me llevo cuatro


Igual es porque procuro no pisar las tiendas como mínimo del siete al quince de enero, pero el caso es que este año las rebajas me están pareciendo aún más salvajes de lo normal. Casi de chiste. El viernes a última hora de la tarde, l'Illa parecía recién salida de un incendio.
Entramos en Women's Secrets. No, no buscábamos nada para mí. Además, a pesar del nombre, sólo es una tienda de pijamas. Es curioso lo de esta tienda. Esa misma gente que ahora se pelea por comprar pijamas y calcetines, agarraba una rabieta importante si de niños la abuela les regalaba justamente un pijama o unos calcetines. Es como si tuviera éxito un restaurante en el que se sirviera puré de verduras, o como si de repente a todo el mundo le gustaran las matemáticas.
Aunque, claro, ahora todo el mundo come soja y pescado crudo, va a restaurantes vegetarianos y considera que saber de informática está muy bien.
El caso es que los pijamas y los calcetines estaban tirados de cualquier manera por los mostradores y uno tenía que ir con cuidado no fuera a pisar unas bragas fucsia o una camiseta de tirantes a rayas. Vamos, aquello parecía la habitación de mi hermana. Eso sí, cuando la acaba de ordenar, no exageremos, que las pobres dependientas hacían lo que podían por arreglar el estropicio causado tras diez horas de golpes de visa. Lo que podían no era mucho: las pobres ya no podían ni moverse e iban tropezando con las perchas y los armarios, con la vista perdida y arrastrando los pies.
Nos acercamos a una de ellas, con intención de preguntarle por unos pantalones (de pijama). Intentó hacerse la sueca, mirando al techo y haciendo ver que no existíamos, que sólo éramos parte de una pesadilla. Pero finalmente nos atendió. Nos llevó a donde se suponía que tenían que estar los pantaloncitos de marras, agarró una camiseta azul, musitó un "es que esto... lo han dejado... es que" y tras intentar poner algo de orden (sin éxito) nos dijo que sólo quedaba la L.
Nosotros nos fuimos (sin pijama), pero, mientras salíamos, creí oír un sollozo a mis espaldas.


 
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