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Deudas respetables
Hasta que se puso de moda pagar a plazos, lo honroso era no deberle ni un euro a nadie. Los hombres de bien no tenían deudas y los morosos que huían del sastre o de los amigos a los que habían dado un buen sablazo eran unos indeseables, unos parásitos. Hoy en día, en cambio, para ser alguien respetable tienes que estar pagando la hipoteca de un piso y el préstamo del coche, como mínimo. Si puede ser, te tienen que quedar pendientes algunas letras de la lavadora y del frigorífico, y hay que estar negociando con el banco un nuevo crédito para renovar el mobiliario o, quizás, para comprar un apartamento en la playa. Ah, y resulta imprescindible contar con una de esas tarjetas de crédito que permiten fraccionar los pagos. Actualmente, si no debes dinero es porque eres un vago. O un jubilado. Y cuando tienes deudas ya no te persigue el sastre, sino que en el banco te llaman de usted y te regalan un juego de maletas.