Jaime, 17 de junio de 2003, 23:10:55 CEST

Vergüenza ajena


La verdad es que el tema de los tránsfugas socialistas me aburre. Pero últimamente estoy un pelín vago y no me apetece ponerme a buscar temitas originales. Así que era eso o las elecciones a la presidencia del Fútbol Club Barcelona. Y teniendo en cuenta que del tema futbolístico sólo sé que los amigos de Joan Laporta le llaman Jan, al más puro estilo pijo de Barcelona, sólo me queda hablar del follón que se ha liado en Madrid. Bueno, sí, también podría escribir sobre los premios a los más estúpidos que ha otorgado Moron, la Main Organization Revealing Obvious Numbskulls, pero la noticia ya es algo vieja y estoy demasiado ofendido por el hecho de que haya ganado la futura estrella de la televisión -eso espero- Mohammed Saeed al-Sahaf. A lo que iba: Madrid. A estas alturas, ya sabe todo el mundo qué ha pasado. Dos presuntos corruptillos, Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez, podrían provocar la repetición de las elecciones madrileñas, al parecer sólo porque les interesa más (económicamente) la política inmobiliaria (y especulativa) del Partido Popular. Todo para espanto y desconcierto de los líderes socialistas, especialmente del avispado (ejem) José Blanco, que parece ser el responsable de que los nombres de esos dos diputados rebeldes figuraran en las listas. El caso es que leyendo muy por encima alguno de los miles de artículos que se han publicado sobre el tema, me han venido a la mente unas palabras que soltó Pasqual Maragall hará ya unas semanitas, palabras que, en principio, no guardan mucha relación con el asunto madrileño. Maragall, líder del PSC, que es algo así como la sucursal catalana del Psoe, aseguró que el Partido Socialista Obrero Español no existe en Catalunya. Él sólo quería afirmar la independencia de su partido frente a Madrid, pero, viendo lo que está ocurriendo, podría interpretarse casi como una manera de avergonzarse. Como diciendo eps, que yo no soy del mismo partido que Tamayo y Sáez. Ni del de Blanco. Y aquí el PP no pinta mucho. Y es que ésta es una ventaja que tenemos los catalanes. Que podemos declararnos independentistas, aunque sólo sea por vergüenza ajena.


 
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