Jaime, 3 de febrero de 2003, 0:16:48 CET

Breve elogio de la mezcla


Últimamente he leído más de un artículillo en el que se defiende que se eduque a niños y a niñas por separado. Los defensores de tal propuesta aducen que chicos y chicas maduran de modo distinto y a diferentes ritmos, y que eso es mucho más importante que los posibles beneficios de la educación conjunta de ambos sexos. De hecho, dudan de que sea realmente cierto eso de que es adecuado familiarizarse con el sexo opuesto desde la más tierna infancia. Sin embargo, y aunque no tengo ni idea de pedagogía, yo no acabo de ver claros estos argumentos. Por ejemplo, eso de que las niñas maduran antes es una aseveración que casi todo el mundo da por supuesta, pero a la que no he encontrado fundamento sólido, ni por escrito ni en mi propia experiencia de adolescente inmaduro. Sí que hay diferencias, claro, entre hombres y mujeres -aparte de las físicas, se entiende-, pero son casi todas culturales y no genéticas. Y no sé hasta qué punto tiene que ser positivo que la mayor parte de estas diferencias se mantenga o incluso se intensifique en la propia escuela. O en cualquier parte, vaya. Además, y en todo caso, no tengo muy claro que el hecho de mezclar niños y niñas suponga, por culpa de estas diferencias, que la educación sea más pobre y se adapte menos a las necesidades de los críos. Y es que, aunque sea cierto que niños y niñas crecen a ritmos distintos, tampoco es menos cierto que cada uno de los niños y cada una de las niñas madura a su propio ritmo. Con lo que acabaríamos defendiendo que el mejor modo de educar sería el de poner profesores particulares a disposición del muchacho, obviando la necesidad que tiene toda persona cuerda -incluso los niños- de relacionarse con otra gente. Especialmente, permitidme el apunte, con gente del sexo opuesto (o del sexo deseado, vaya). Y en este tema no puedo dejar de aducir mi propia experiencia, a modo de endeble prueba. Y es que yo he podido comparar ambos métodos, ya que pasé cinco años de mi educación en un colegio sólo para niños. No exagero si digo que fue el lustro más aburrido de mi vida. Además, fueron los cinco cursos que traje peores notas a casa. Nada concluyente, de acuerdo. Pero, al menos, un motivo más por el que separar a niños y niñas en los colegios me parece tan absurdo como comer primero la carne y luego echarse la pimienta y la sal directamente a la lengua. Mezclar suele ser más divertido y acostumbra a dar mejores resultados.


 
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