Jaime, 25 de mayo de 2006, 17:21:12 CEST

Este trabajo acabará conmigo


No sé si es la astenia o las ganas de quemar la oficina, pero el caso es que estoy hecho polvo. Serán las ganas de quemar la oficina, digo yo. Porque este trabajo es duro. El sueldo es bueno, pero la faena te acaba matando. No debí aceptar este puesto de donante de órganos profesional. Jamás creí que echaría tanto de menos parte del hígado, un riñón, un pulmón, el ojo izquierdo, dos litros de sangre semanales, algo de médula ósea cada mes y la pierna derecha entera. Es... sacrificado. Exacto. Sacrificado es el adjetivo que define a la perfección este trabajo. Lo peor son los rechazos. Me siento tan humillado cuando alguien rechaza mis órganos. Son de primera calidad. O casi. Vamos, que el alcohol no puede haberlos dañado tanto como dicen. Supongo que tarde o temprano tendré que cambiar de empleo. Aunque lo cierto es que este se me da bien. Sólo hay que tumbarse y dejar que le duerman a uno. Sí, eso lo hago de maravilla. Cielos, me llaman. Espero que no sea el otro pulmón. Últimamente, con el calor, me cuesta mucho respirar y, si me quitan el que me queda, voy a pasar un verano malísimo.


 
Menéame Envía esta historia a del.icio.us