Jaime, 19 de julio de 2005, 12:00:37 CEST

El catalán ha sido secuestrado y se teme por su futuro


Adolf Ortiga acaba de secuestrar el catalán en una librería del Paseo de Gracia. Al parecer, el filólogo agarró la lengua propia de Cataluña por el cuello, le puso una pistola en la sien y la metió dentro de la tienda, donde la mantiene retenida desde hace ya unas horas junto a otros tres rehenes. Estos otros rehenes serían personas de carne y hueso, aunque con la confusión de los primeros minutos se especuló con la posibilidad de que el retorromano también se encontrara en la tienda. La policía mantiene un cerco alrededor del comercio y ha hecho públicas las reclamaciones del filólogo: que en la televisión catalana no se oiga más el sucio y mestizo catalán de Barcelona, que se aprueben las selecciones propias catalanas pero sólo de deportes en los que puedan ganar tipo hockey o balonmano, que a la gente le gusten las sardanas, que Boig per tu pase a ser el himno de Cataluña, un pin de Cobi, que Madrid no se presente más como candidata a sede olímpica, un millón de euros en billetes pequeños, usados, no consecutivos y marcados con el "no a la guerra", y un helicóptero como los que utilizan los consellers de la Generalitat. Se teme por el futuro de la lengua, ya que el propio filólogo aseguró ayer que el catalán moriría hoy a las dos de la tarde, hora arriba hora abajo. Algunos sostienen que igual no se trataría de una muerte natural, sino directamente de un asesinato, y que el secuestro y las reclamaciones no serían más que una tapadera.

Actualización Los mossos d'esquadra han entrado en la librería después de haber oído dos tiros. Durante la operación, los policías se han visto obligados a disparar a Ortiga, que ha muerto antes de que llegara la ambulancia. Lo peor: cuando los mossos entraron, el catalán ya había fallecido. Al parecer y en un acto heroico, la lengua propia de Cataluña intentó distraer al secuestrador, sabiéndose el verdadero centro de atención de Ortiga. Así, se puso a discutir sobre la posibilidad de aceptar como correcta en catalán la palabra "bueno" (pronunciada "buenu"), cosa que hizo enfurecer al filólogo. El objetivo del catalán: que los rehenes escaparan. Al catalán le preocupaba especialmente una de las secuestradas, que estaba embarazada de ocho meses y medio, era diabética y no tenía insulina, y necesitaba además sus medicinas para el corazón. A la maniobra de distracción le siguió un forcejeo durante el que se disparó el arma, agujereando el cráneo del catalán.


 
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