miércoles, 12. febrero 2003
Jaime, 12 de febrero de 2003, 12:12:46 CET

No


Esta mañana he visto una pequeña pancarta, colgada de un balcón de la calle Badal, que decía: "No". Sólo "no". Seguramente, este vecino es un tipo práctico. Concienciado, sí, pero sobre todo práctico. Hay que tener en cuenta que los vecinos de Sants, como los de todo barrio barcelonés que se precie, no sólo se han unido a campañas catalanas, españolas y mundiales, desde el ochentero "Otan no, bases fuera" hasta el actual "No a la guerra", sino que también han mantenido con firmeza reivindicaciones propias, como la cobertura de la Ronda del Mig o el soterramiento de las vías. O sea, que los vecinos más activos han perdido mucho tiempo confeccionando pancartas y asistiendo a reuniones, plenos, manifestaciones y demás. No sería de extrañar que este señor (o señora, o la familia entera, vaya) se haya hartado de tanta complicación. Normal: no sólo nunca dejará de haber motivos de queja, sino que cada vez aparecen más. Así pues, para ganar tiempo y ahorrarse trabajo sin parecer insolidario, este vecino ha querido dejar claro que, de entrada, no. A todo. Y luego ya veremos.


 
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lunes, 10. febrero 2003
Jaime, 10 de febrero de 2003, 22:34:52 CET

Sentido común


El doctor Palacios encendió la sierra y bajó la vista, cuando se fijó en que el cadáver estaba abriendo los ojos. Paró el aparato y se bajó la mascarilla. Oyó como el muerto murmuraba algunas palabras ininteligibles e intentaba moverse. -Señor José -dijo el doctor-. Esto... ¿está usted... aquí... entre nosotros? -No lo sé... ¿dónde estoy? -Preguntó el supuesto muerto. -Pues en el Hospital Clínico de Barcelona. -¿En el hospital...? ¿Por qué? -No sé. A mí me han dicho que le haga la autopsia, para saber de qué ha muerto. José intentó incorporarse, pero apenas si consiguió levantar un poco el torso y la cabeza, que le dolía como si el cerebro intentase escaparse por los ojos. -Es que yo no estoy muerto, ¿sabe usted? Y, si no es molestia, necesitaría algo de ropa, aquí hace frío. -Lamento estar en desacuerdo, pero... -¿Cómo que en desacuerdo? -le increpó don José-. Aquí hace frío. -No, no -le contestó el doctor Palacios-. Frío hace. Pero yo me refiero a que usted está muerto. -¿Cómo? -Sí, mire, lo pone aquí -y le enseñó su historial clínico, incluido el certificado de defunción-. No hay duda posible, usted ha fallecido. Ahora, si me permite, ¿podría tumbarse, que tengo que... ehem... abrirle?

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viernes, 7. febrero 2003
Jaime, 7 de febrero de 2003, 10:40:54 CET

Por extensión


Los partidarios del ataque a Iraq suelen esgrimir, a modo de reproche, el supuesto antiamericanismo de quienes preferiríamos que no hubiera guerra. Dicen -y me refiero a Jiménez Losantos, César Vidal, Gabriel Albiac..., los de siempre- que más que en contra de la guerra estamos en contra de Estados Unidos. El supuesto argumento también es usado cuando la crítica es hacia quienes detestan (detestamos) las barbaridades que ha perpetrado Sharon en Palestina. Quienes se atrevan a ver con malos ojos el asesinato de palestinos son etiquetados, sin más, de antisemitas. Bastante absurdo, la verdad. Vendría a ser como decir que criticar a Aznar es, por abusiva extensión, ser un enemigo de España. O creer que quien piense que no es bueno que Berlusconi sea primer ministro y al mismo tiempo dueño de cadenas de televisión, está insultando a los italianos, a los telespectadores, a los empresarios y, ya puestos, a todos los calvos. En definitiva, creo que se puede (y no tiene nada de raro) estar en contra de una guerra que va a causar, al menos, decenas de miles de muertos, sin dejar de pensar que Estados Unidos es una democracia en muchos aspectos envidiable. Merece la pena recordar el artículo que ayer firmaba en este sentido Lluís Foix en La Vanguardia: "La cultura política americana tiene muchas carencias. Pero el balance final en la perspectiva de todo el siglo pasado ha sido más positivo que el que haya podido ofrecer cualquier otro sistema". Y añade: "Estados Unidos, con Gran Bretaña y Suecia, son los únicos que no han tenido un régimen totalitario en los últimos doscientos años. Es un dato que está ahí y que no puede ser borrado por las torpezas que se han cometido desde Washington en Chile, Vietnam y otros puntos del planeta, incluso el abrazo del general Eisenhower al general Franco". La cosa no cambia en lo que se refiere a Israel. Me parecen repugnantes los atentados obra de palestinos. Me parecen igualmente repugnantes las represalias. Y no hay por qué tomar partido y escoger entre dos errores, aunque falten aquí los necesarios matices. En todo caso, suponer que alguien que no simpatice con Sharon es un antisemita vendría a ser como suponer que por el hecho de que me guste la cábala, preferiría expulsar a los palestinos de su tierra. O, al contrario, creer que por haber leído el Corán soy un peligroso simpatizante de los fanáticos islamistas. Pero, claro, todo esto no quita que haya antisemitas que detesten a Sharon. O que muchos antiestadounidenses estén en contra de la próxima y probable guerra. Pero ser cualquiera de estas dos tonterías sólo demuestra poca cultura y menos inteligencia, independientemente de si se está en contra o a favor de cualquier cosa.


 
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miércoles, 5. febrero 2003
Jaime, 5 de febrero de 2003, 10:04:46 CET

Almodóvar, Aznar y Gaziel


Almodóvar y la guerra Mucho se criticó a un supuestamente endiosado Pedro Almodóvar por no haber acudido a la entrega de los premios Goya. Al parecer, se temía que la Academia del cine le daría la espalda a la hora de premiar su Hable con ella. Como de hecho sucedió. Aun así, el cineasta publica hoy en El País un artículo en el que no sólo apoya una ceremonia en la que muchos se manifestaron en contra de la guerra, sino que defiende a Marisa Paredes, la presidenta de una Academia que, dicen, Almodóvar cree que le margina. Hasta él ha tenido que saltar. Y no es extraño, porque quienes critican lo que ocurrió en la gala, no entran en lo que allí se dijo, sino que se oponen a que se dijera nada en absoluto. Es decir, no les gusta que unas personas hayan ejercido su derecho a la libre expresión.

Aznar y la guerra Otro que publica un artículo es José María Aznar: Sadam tiene la última palabra. Aznar se dedica a explicarnos que el dictador iraquí es, además de un indeseable, un tipo peligroso. No creo que nadie lo dude. Es más, yo incluiría unos cuantos nombres en esa lista de dictadores repugnantes. El problema, claro, es que, aun así, no parece justificada una guerra. Hay otros métodos para que Estados Unidos derroque a Sadam y controle la zona, incluido su petróleo.

Gaziel y la guerra Ya lo decía el que fuera director de La Vanguardia, Gaziel, en un artículo de 1934 incluido en Cuatro historias de la República: "Todo cuanto con ella [la guerra] aparentemente se hizo, sin ella se habría hecho muchísimo mejor. La inteligencia, el tacto, la constancia gobiernan el mundo". Es decir, hay mejores formas de combatir el terrorismo (o de asegurar que el petróleo no esté en manos de dictadores) que bombardear países. Seguro. En otro artículo de 1935, Gaziel demostró una confianza excesiva en los españoles, aunque cuanto dice me parece trasladable a los ciudadanos de hoy en día, y no sólo a los de este país: "Hemos dejado de creer en que sean ideales verdaderos, ideales nobles e ideales justos, esas indecentes y formidables bellaquerías que los Estados y los estadistas cometen sobre el mapamundi, y por defender las cuales luego se empeñan en que millones de hombres inocentes, honrados y trabajadores, padres o hijos de familia, vayan a romperse mutuamente la crisma". Claro que, apenas meses después de que Gaziel publicara estas líneas, comenzó la Guerra Civil. Y me temo que, por mucho que estemos en contra la mayoría de ciudadanos -incluidos los estadounidenses- e incluso Chirac y Schroeder -o eso dicen: no me fío un pelo-, al final se hará lo que Bush y su equipo decidan. Por supuesto, y al menos de momento, quiero mantener algo de optimismo y recordar que Estados Unidos es una democracia. Al fin y al cabo, en las democracias hay ocasiones en las que los políticos escuchan a los ciudadanos.


 
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martes, 4. febrero 2003
Jaime, 4 de febrero de 2003, 12:54:18 CET

Humo (tercera divagación)


Como no he fumado nunca, veo francamente extraño que haya gente que aspire humo por placer -o por vicio, tanto da. Y aunque comprendo que si estas personas siguen fumando es más que nada por adicción, no acabo de ver qué es lo que les llevó a encender el segundo cigarrillo. El primero, claro, fue por curiosidad. Julio Camba, en uno de los artículos de Esto, lo otro y lo de más allá, explica lo que los no fumadores nos imaginamos y no muchos fumadores reconocen: "Yo empecé a fumar, como creo que hemos empezado todos, por la sencilla razón de que el tabaco me estaba terminantemente prohibido". Es decir, porque "nos costaba grandes palizas y porque nos producía unas náuseas espantosas". Según Camba, además, quienes aún son demasiado jóvenes para comenzar a darle a los cigarrillos, imaginan "que la mayoría de edad consiste, precisamente, en andar locos y desalados buscando cajetillas por el mundo". El escritor propone algo de psicología inversa a los padres que no quieran que sus hijos fumen, y asegura que si a él de niño le hubieran obligado a fumar dos cigarrillos diarios, explicándole que tal costumbre era sanísima, hubiera acabado aborreciendo el tabaco. Quienes ni siquiera fumamos también podríamos usar la psicología inversa en este terreno. Por ejemplo, en lugar de soportar que nos tilden de intolerantes porque de vez en cuando pedimos, con la voz baja y los ojos irritados, que no se fume en nuestros morros, podríamos animar a los fumadores no sólo a que encendieran cigarrillos delante nuestro, sino a que además nos echaran, por favor, el humo a la cara. Incluso podríamos suplicar que nos permitieran conservar las colillas ajenas a modo de reliquias y que nos explicaran paso por paso qué debemos hacer para llegar a ser como ellos, esos artistas que dibujan con humo en el aire. Quizás así los fumadores más molestos renunciarían a encender cigarrillos en nuestra presencia. Simplemente por llevar la contraria.


 
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