



| marzo 2026 | ||||||
|---|---|---|---|---|---|---|
| dom | lun | mar | mié | jue | vie | sáb |
| 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 |
| 8 | 9 | 10 | 11 | 12 | 13 | 14 |
| 15 | 16 | 17 | 18 | 19 | 20 | 21 |
| 22 | 23 | 24 | 25 | 26 | 27 | 28 |
| 29 | 30 | 31 | ||||
| abril | ||||||

La cifra
"14:49. Las autoridades británicas aseguran que comunicarán el número de muertos en las próximas dos horas."
Lo peor no será el número, sino los nombres.
El cliente siempre tiene razón
Disculpe doctor, pero el que paga manda y si le digo que tengo algún tipo poco habitual de anemia, pues lo tengo y no se hable más. A ver si usted se ha creído que yo pago la cuota de la mutua para acabar con una simple gastroenteritis. Si no le gusta la anemia o no se le da bien, ofrézcame otro diagnóstico, pero haga el favor de no soltar vulgaridades. Una gastroenteritis... Para eso me quedaba en la seguridad social. Creía que aquí se enfermaba con clase.
El famoso 15 por ciento
Hans Adenauer publica en Nature of Science un interesante artículo acerca del origen de ese mito que dice que sólo usamos el 15 por ciento de nuestro cerebro: “En realidad, la frase es mía, aunque la cifra no es exacta”. Al parecer, Adenauer demostró en unos estudios realizados durante los años setenta y ochenta que la única parte útil del cerebro es la amígdala, una pequeña glándula con forma de almendra. "El resto --explica--, la famosa materia gris, a efectos prácticos no es más que un tumor. Un tumor benigno, pero innecesario". Al parecer, Adenauer descubrió además que el mayor peligro para el funcionamiento correcto de la amígdala era el recalentamiento. "Para evitarlo, ideé una cobertura de un material parecido a la gomaespuma, que sustituiría a la materia gris". Las pruebas con ratones resultaron muy positivas: después de vaciarles el cráneo y dejarles sólo la amígdala y esta cobertura, recorrían los laberintos del laboratorio en la mitad de tiempo. Con los conejos y los perros la cosa también fue muy bien. Adenauer explica que el único problema lo encontró con un elefante, "pero sólo porque un paquidermo con dolor de cabeza es más peligroso de lo que uno pueda pensar a priori". El doctor alemán no oculta que realizó experimentos con humanos. "Muy satisfactorios, a pesar de las inevitables muertes y minusvalías. Recuerdo un caso con especial cariño. Se trataba de un hombre ya no joven, pero con problemas de alcohol y drogas. No conseguía centrarse, a pesar de que aseguraba intentarlo. Su padre y su esposa me lo enviaron a la consulta. Después de hacerle las pruebas pertinentes vi que se trataba de un caso clarísimo de recalentamiento de la amígdala y era por tanto un sujeto que se vería muy beneficiado si se le retirara la materia gris para sustituirla por la refrigerante cobertura de gomaespuma. El sujeto accedió y, tras la operación, su vida experimentó un cambio más que positivo. Baste decir que actualmente es presidente de Estados Unidos gracias a su ligero y ágil cerebro, es decir, gracias a su refrigerada amígdala". Sin embargo, la universidad le retiró la beca después de evaluar los resultados de sus experimentos: "No vieron con buenos ojos lo del elefante, ya que destrozó el laboratorio, algunas aulas y la mediateca. Es cierto que debería haber imaginado lo del dolor de cabeza. De todas formas, espero que la situación se aclare definitivamente en unos pocos meses y pueda seguir con mis estudios en este terreno".
El calumnista
Entre el 3 de enero de 1983 y el 15 de junio de 1989, Alberto Pérez del Oso publicó en el desaparecido diario Las mañanas una columna diaria titulada "Calumnia de opinión". En sus Memorias de un maleducado, Del Oso explica que la idea surgió durante un almuerzo con el director del rotativo, Santiago Moreno, y con la escritora María Teresa Redondo. La idea era escribir una columna llena de insultos sólo por el placer de insultar, sin ningún objetivo social o político. Porque sí, vaya. La pena era que, como explica el propio del Oso, "sólo se podía insultar a políticos, ya que están tan pendientes de la opinión pública que supusimos que serían los únicos sin el valor suficiente como para denunciar a nadie". Así, el día del estreno, Del Oso publicó una columna titulada "Pedazo de cabrón", en la que soltaba ladridos como: "El diputado López es imbécil. Sólo hay que verle el bigote para darse cuenta. O, mejor dicho, para no darse cuenta. Porque a pesar de la calva y del mencionado mostacho, el diputado López es la diputada López. Sí, esa cosa entre rosa y morado que se sienta en los escaños de la oposición (ocupa dos) es una señora. No me extraña que su partido se oponga a la igualdad entre sexos, ya que la diputada López tiene hermanas que también son militantes de la formación y que podrían exigir cargos de responsabilidad". No sólo los políticos de segunda fila recibían sus palos. También y por ejemplo el secretario general del extinto PLE: "Menudo cretino. Consiguió su primer empleo gracias a que desgravaba. Trabajó en una gasolinera. Sus jefes fueron muy desconsiderados con él: le despidieron por fumar sin esperar a que saliera de la unidad de quemados". Y los ministros: "Por cierto, la ministra Ramírez le pone los cuernos a su marido. Esto es mentira, pero es lo más agradable que se puede decir de esa mujer. Y de su marido, que le debe varios millones a Hacienda y que anda huido del país. Bueno, esto también es falso: ya está en la cárcel. Y eso que era chivato de la policía". Por supuesto, no se conformó con este paso: "A menudo nos han reprochado --escribía Del Oso el 23 de julio de 1985-- que no insultáramos ni al presidente del gobierno ni al rey. Es cierto, pero esto es sólo por guardar el debido respeto institucional. Porque en realidad pensamos que ambos son unos gusanos despreciables que aprovechan su posición para no pagar ni en los bares ni en las joyerías". El diario recibió una única denuncia, cuando Del Oso llamó "putero y cocainómano" al portavoz del partido del gobierno. Durante el juicio se supo que las acusaciones eran ciertas, aunque, claro, no dejaban de ser constitutivas de delito. La sanción impuesta fue de apenas 50.000 pesetas, que no eran poca cosa en el 87, pero que no dejaban de ser una indemnización simbólica. Y es que, de hecho, la calumnia diaria de Del Oso pasó bastante desapercibida, a pesar de alguna que otra carta del director alarmada ante lo que creía acusaciones ciertas. Del Oso explica en su biografía que esta poca atención recibida "vendría dada porque los políticos preferían mis mentiras a las verdades que nadie se atrevía a publicar. Aunque, claro, esto ya es pura conjetura interesada, ya que siempre me decepcionó la escasa repercusión de mis artículos". La "Calumnia de opinion" desapareció con el diario. Se despidió con un texto en el que explicaba las extrañas costumbres sexuales de Santiago Moreno y María Teresa Redondo, en un emotivo homenaje a los amigos que le ayudaron a crear sus calumnias. Del Oso tenía ya 66 años y se jubiló, para después escribir sus memorias y un par de exitosas novelas policiacas.
Patria
--Me duele España. Mucho. No sabes cuánto. Imagino que por culpa del aire acondicionado. --Perdona, pero eso que señalas es la garganta. --Ah, sí, es verdad. Es que siempre las confundo.
