Jaime, 7 de septiembre de 2011, 19:55:08 CEST

Perseguidos y oprimidos


Me llegan mensajes de preocupación por la situación de opresión que vivimos los castellanoparlantes en Cataluña. Así que antes de nada debo aclarar que sigo vivo y que aunque los mozos de cuadras me buscan, el búnker desde el que escribo es prácticamente ilocalizable. Se encuentra justo detrás de la parada de metro de Santa Eulalia, línea roja, debajo del puente, donde hay como una portezuela que apenas se ve. Pues ahí. No me encontrará nadie. Desventajas: el Mercadona pilla lejos. Ventajas: cruzo el puente y estoy en la mítica coctelería Tirsa. De todas formas, no pienso engañar a nadie: la situación es muy preocupante. No hace mucho fui a un bar y se produjo la siguiente conversación, que da buena fe de los problemas de marginación por los que pasamos los castellanoparlantes, que somos HÉROES de nuestro tiempo. --Hola, un café. --Li agrairia que es dirigís a mi en català. El bar quedó en silencio. Todo el mundo me miraba. Decidí no hacerme el héroe y me pasé al catalán. --Hola, un cafè. Lo peor es lo que ocurre en los colegios. Como todo el mundo sabe, en Cataluña se ha optado por la inmersión, cuando es evidente que los niños más pequeños NO SABEN NADAR. Jajaja... Qué bueno... Jajaja, qué doble sentido más bien traído. Pero no, en serio. Resulta que los padres no pueden escoger la lengua en la que quieren que sus hijos estudien. Ni tampoco las asignaturas. Hay niños por ahí haciendo matemáticas cuando NO LES GUSTAN. Eso por no hablar del horario. Muchos padres preferirían no madrugar y llevar a su niño a eso de las once, y sin embargo todos los colegios abren entre las ocho y las nueve. Esto es una DICTADURA. Lo que sí que hay que reconocer es que el catalán se halla al borde de la extinción. Hoy en día apenas lo hablan correctamente dos familias de Vic que además se llevan muy mal entre ellas. Y si bien es cierto que los catalanoparlantes nos oprimen a nosotros, no deja de ser verdad que nosotros también los oprimimos a ellos. De hecho, en mi búnker tengo a mi propio catalanoparlante al que oprimir los días pares. Él me oprime los días impares. Tenemos una tabla de madera que usamos para este fin. Yo me tumbo en el suelo, él coloca la tabla sobre mi cuerpo y luego se sienta encima, y así me oprime. Bastante. Y al día siguiente, lo mismo, pero al revés. Hay que decir que él también pasó por una situación similar a la que me ocurrió en la cafetería: -Bon dia, un cafè, sisplau? -Entschuldigung? Sprechen Sie Deutsch? Englisch, vielleicht? La convivencia en Mallorca es cada día más complicada. Y así es como vivimos en Cataluña: todos escondidos en nuestros búnkeres, con nuestros opresores particulares, esperando el momento en que nos ejecuten por hablar en español o nos torturen hasta la muerte porque el catalán es una lengua tan perseguida que inspiró los dibujos del Coyote y el Correcaminos. Y mientras tanto, los alemanes van comprando tierras. Que esto acabará mal. Yo aviso. Ahí lo dejo. Luego no vengáis llorando. Habláis de los chinos, pero mira a los alemanes. Comprando tierras. Anda que no. Se está viendo venir. Como lo de Amy Winehouse.


 
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