Jaime, 26 de septiembre de 2007, 9:03:20 CEST

La cuestión es hacer gasto


Hoy ha salido a la venta un nuevo periódico. La pregunta que todos nos hacemos es: ¿por qué? Hoy en día en las carnicerías y pescaderías usan otro tipo de productos para envolver sus productos y con los diarios gratuitos ya está más que cubierta la demanda de papel para cubrir el suelo cuando se pinta. Recuerdo cuando comencé en esto del periodismo. A finales del siglo 18, Benjamin Franklin y yo hacíamos volar una cometa cuando un viajero en el tiempo le cambió la dentadura postiza de madera a George Washington por una de broma, de estas que no dejan de castañetear, con el objetivo de que pareciera que tenía frío, alguien encendiera la chimenea y ya no recuerdo qué más. Al final los buenos capturaban al tentáculo malvado. Ah, aquello sí que eran juegos y no los Grand Theft Auto cuyo único atractivo es que son absolutamente geniales y divertidísimos. Este nuevo periódico... Veo que alguien creía que había perdido el hilo de mis pensamientos. ¡Ja! Da igual lo largas que sean mis digresiones (podría hacer un chiste verde sobre eso): siempre sé de dónde vengo y adónde voy. Y no sólo por escrito: también conversando. La gente deja la sala y apaga la luz sin que eso me desconcentre en absoluto. Yo, a lo mío. Si no quieren escuchar mis lecciones de sabiduría, ellos se lo pierden. Recuerdo una ocasión, cuando publiqué el tercer libro de mis memorias (Mis romances imaginarios con mujeres famosas), en la que una persona me paró por la calle, como si yo fuera, no sé un guitarrista de rock o un actor de Hollywood, y me dijo, aún recuerdo sus palabras: "Oiga, ¿usted no sabrá por dónde queda la calle Provenza?" A lo que contesté: "Es paralela a ésta: la tercera hacia arriba. O la segunda, que con estas calles siempre me confundo". "Sí --añadió--, es que en el Eixample son todas iguales". "Sí". "Sí". Aquí hubo un silencio incómodo. "Bueno, yo me voy". "¿No me quiere acompañar a Provenza". "Hombre, pues no, la verdad". "¿Y si me pierdo?" "Siempre puede preguntar a un guardia". "Usted me inspira más confianza". "Tengo cosas que hacer, me esperan". "Por favor, no me deje solo. Tengo miedo. Y además creo que me estoy enamorando". Al final tuve que ponerle una orden de alejamiento, no diré más. Este nuevo periódico, decía --ja, lo he vuelto a hacer-- se llama Seguridad Social, o algo así. No estoy muy seguro, pero creo que el nombre tiene algo que ver con los impuestos. El caso es que siendo (yo) una persona cultivada y cuya opinión es seguida y reproducida como propia por varios cientos de miles de personas --es lo que nos ocurre a los aspirantes a tertulianos de Ana Rosa: nos imitan e idolatran--, no podía dejar de comprar este nuevo diario. El problema es que antes de salir de casa me lié --tenía mucho sueño-- y me equivoqué al pensar la frase: en lugar de "no puedo dejar de comprar este nuevo diario" pensé "no puedo no dejar de comprar este nuevo diario". Así que, creyendo que no dejaba de cumplir con mi deber de gurú de la superizquierda, dejé de comprar el diario. Al menos eso creo: estuve un rato pensando en lo que querían decir esas frases y acabé con dolor de cabeza. Aún no lo tengo muy claro: si hay alguien que sepa algo de lógica en la sala que me aclare qué pensé y, por tanto, si compré el periódico o no. Delante mío tengo unas tijeras y una libreta roja, pero creo que ninguno de estos dos artículos es Propiedad, o como se llame esta nueva publicación. Vamos, no creo que hayan innovado tanto. Aunque la idea no es mala: Tributos, el diario que, una vez leído, corta papel y cartulina. A los niños les encantaría. El mercado de los niños es un mercado que no se puede dejar de lado, dado su crecimiento. Cada año, los niños crecen varios centímetros a lo alto y a lo ancho, dependiendo de la cantidad de Colacao y cereales que consuman. Cebad a vuestros hijos: la economía de España lo necesita.


 
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