lunes, 14. mayo 2012
Jaime, 14 de mayo de 2012 20:17:36 CEST
Buenas maneras
Algunos consejos de buena educación y saber estar.

En la mesa:
-No se deben apoyar los codos mientras se está comiendo.
-Hay que masticar con la boca cerrada.
-Escupir en el plato de otros comensales no está bien visto.
-Se suele considerar una falta de educación el hecho de clavar el tenedor en el ojo de otros comensales mientras se grita "Y TÚ QUÉ COÑO MIRAS".
-Tampoco es aconsejable romper botellas en la cabeza de otros comensales porque "estaban mirando a mi novia", aunque hay países donde esto está bien visto, como L'Hospitalet de Llobregat.
-Nunca se debe propinar una patada en los genitales al camarero que intenta detener una pelea.
-La sopa no se come con los dedos.

En el ascensor:
-Es de muy mala educación mirar fijamente a nuestra acompañante.
-Sobre todo a las tetas.
-Resulta muy desagradable añadir: "JODER, VAYA TETAS".
-Está muy mal visto bajarse los pantalones y guiñar un ojo repetidamente.
-Nunca se debe uno tocar mientras observa el escote de la acompañante.

A tener en cuenta en una boda:
-Por mucho que lo pensemos, no se debe dar el pésame a los novios.
-No, en las bodas no se llora por eso.
-Llamar "tanatorio" a la iglesia sólo tiene gracia las primeras diecisiete veces.

Con la gente mayor:
-Nunca le pregunte a una persona mayor si nota "el gélido aliento de la muerte en la nuca".
-Está muy bien que deje pasar a alguien mayor en la cola del súper. Pero no añada: "Pase, pase, que no es buena idea desperdiciar lo poco que le queda de vida sujetando una lata de tomate triturado".
-Ceda su asiento a las personas mayores cuando vaya en transporte público. No comente que le parece una vergüenza que la gente de su edad "no vaya en todas partes en ambulancia, por si pasa algo. Lo de los recortes es una vergüenza".

-Tampoco es recomendable llegar demasiado temprano. Puede que no le estén esperando.

Conduciendo:
-Está muy feo acelerar cuando hay peatones cruzando por un paso de cebra.
-Sí, es gracioso, pero está feo.
-Si va en elefante por ciudad, tenga cuidado al aparcarlo. Suelen sentarse sobre coches ajenos.
-Si su coche es marrón, no lo deje en una zona azul, que queda feísimo.

La puntualidad:

Cenas en casa:
-"Colocar a los invitados" no tiene nada que ver con divertidos estupefacientes.
-Invente un complicado sistema para sentar a los comensales: separando parejas, alternando hombres y mujeres, ordenándolos por edad y por signo del horóscopo... ¡A todo el mundo le encanta que le digan dónde hay que sentarse y perder media hora haciéndolo!
-Si tiene invitados vegetarianos, no se pase la noche preguntándoles si quieren ver "un buen trozo de carne, ¿eh? Tengo un salchichón que igual sí que te lo comes, ¿eh? ¿Quieres ver mi bratwurst, eh? ¿Te gustan los animales? ¿Es eso? ¿Eh? Pues yo soy muy cerdo, y tú tienes pinta de zorra".
-Si usted es el invitado y no podrá asistir, no rechace la invitación con un "¿pero tú estás loco? ¿En serio quieres que vaya a eso? ¿Qué quieres? ¿Que me pegue un tiro? ¿Es eso lo que quieres? ¿Eh? ¿Que me pegue un tiro? Me odias y quieres que me pegue un tiro, ¿no? ¿Es eso?"

-Llegar tarde es una falta de respeto.
 
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domingo, 13. mayo 2012
Jaime, 13 de mayo de 2012 20:41:39 CEST
A punto de estar a punto
Ya falta poco:

El secreto de mi éxito

Nota: es FICCIÓN.
 
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jueves, 10. mayo 2012
Jaime, 10 de mayo de 2012 18:06:41 CEST
Crítica de cosas
Los Seventh Floor: Lingerie demostraron en su concierto de anoche que hay vida más allá de Sudden Death, ese segundo disco que parecía insuperable por el crescendo de emociones y la perfección de los arreglos. Sin duda, el trabajo que presentan en esta gira, llamado simplemente Three, no hace sombra, ni mucho menos, a su anterior entrega, pero la parte positiva es que no lo pretende. Es un disco para ser tocado en directo. No en vano muestra influencias de Keyhole y por supuesto de sus admirados Grey Underpants, creadores del llamado Sonido Toronto.

Sin embargo hay que decir que la segunda hora del concierto se hizo más larga que la primera. El personaje que interpreta Jean Turandot no acaba de hacernos creer su romance con el hipopótamo robado, a pesar de que la dirección del siempre estimulante Antonie Girodeau nos mantiene completamente pegados a la pantalla. Claro que tampoco hay alternativa, ya que los cines cada vez son más pequeños.

Fueron los platos doce y trece del menú degustación los que llamaron mi atención. "¡Sebastián! -le grité a nuestro camarero- ¡Estos nidos de papagayo en salsa de piña rota! ¡Estos nidos!" No podía pasar del sujeto y a modo de predicado le di un beso húmedo y largo, con entrechocar violento de lenguas e hilillo de saliva al separarnos. El maridaje era además excelente, sobre todo el vino que acompañó la última parte de la cena, un australiano cuyo episodio piloto prometía, pero que no acabó de despegar a lo largo de la temporada. Así pues, no tuvo nada de extraño que la Fox decidiera cancelarla. Y eso a pesar de que este escritor también es autor de una tortilla de patatas decente, porque es muy apañao.

No podemos (nosotros) dejar de mencionar que este viaje en metro está siendo algo previsible. Eso sí, la conducción se puede calificar como mínimo de notable, sin frenazos bruscos y con una buena aceleración, además de una media casi perfecta de tiempo de puertas abiertas por parada. Lástima que la colección primavera verano, con unos tonos pastel poco apropiados, no tenga unas letras tan buenas como ese Sudden Death del que ya hemos hablado y que está formado por una sugerente colección de retratos con influencias de Francis Bacon.

Así, apreciamos tonos intensos que nos recuerdan a la carne, a la sangre, a esta caja. Esta caja está muy bien. Es práctica porque se pueden guardar cosas. Además, es lo suficientemente grande como para guardar una cosa grande, dos medianas o varias pequeñas. Por ejemplo, cabría un reloj de cuco. O dos despertadores. O cuatro relojes de pulsera. La escena de cama entre el protagonista y el hipopótamo es sugerente hasta incomodar. Yo me toqué. Un poco. Me gustan mis calzoncillos de Bob Esponja. Les pongo tres estrellas y media. Sobre cinco. Hace calor. Dos estrellas. Sobre siete.
 
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sábado, 5. mayo 2012
Jaime, 5 de mayo de 2012 9:24:31 CEST
Esto es la guerra
(Publicado en Diagonal).

Como el Gobierno no se ha atrevido, lo he tenido que hacer yo: le he declarado la guerra a Argentina, por habernos robado YPF a todos y cada uno de los españoles, representados por los accionistas de Repsol.

Como todo el mundo sabe, el mejor motivo para ir a la guerra es el petróleo. Es decir, todos los adultos sanos deberíamos estar ya embarcando en acorazados y fragatas. Pero claro, este Gobierno no tiene valor y así estamos, llorando de rodillas frente al Íbex 35, como si fuéramos franceses.

De todas formas, sé que sólo soy una persona, ya que me he contado en más de una ocasión, así que me tuve que limitar a declararle la guerra a Argentina a pequeña escala. Es decir, a mi vecino Gastón. Sí, se llama así. Los argentinos tienen un problema con el santoral. ¿Qué hay de malo con nombres cristianos como Westfalia y Anatolia, por ejemplo?

Gastón es un argentino muy majete, capaz de lograr que un viaje en ascensor de cuatro plantas dure tres horas y media: su animada charla provoca una curvatura en el espacio-tiempo. Así convenció a su novia de que fuera su novia. Por erosión. Esta señorita (un 7, tirando bajo) es española (de Lisboa, creo, o de otra ciudad también extremeña), por lo que intenté expropiarla anoche, cumpliendo con mi deber patriótico. Me presenté en su casa, aporreé la puerta (uno no puede expropiar tocando el timbre como si fuera, no sé, inglés), y en cuanto Gastón abrió, exigí compensación y justiprecio por el robo a los españoles del petróleo argentino. Haciendo caso omiso de mis bien argumentados gritos e insultos, Gastón intentó explicar que era de Uruguay y no de Argentina. Ni mentir saben, estos bonaerenses: ¡Paraguay! ¡El país se llama Paraguay! El miedo no le dejaría ni pensar.

Incomprensiblemente, su novia no se levantaba a por sus cosas, como hubiera hecho cualquier español con un mínimo de dignidad, sino que se limitaba a mirarme desde el sofá, mostrando cierta sorpresa (así: o_O). Insistí en que hiciera el favor de comportarse como una española o, en caso de sentirse catalana, como una catalana, dado que La Caixa (¡nada menos!) posee el 10,5% de las acciones de Repsol y de YPF. Pero claro, vivimos en un país de acomplejados. La chica (7,5, incluso) llamó a la policía, que en lugar de ponerse de mi parte y, ya puestos, invadir el piso en una primera avanzadilla de la guerra hispanoargentina, se me llevó esposado. Indignante.

Incluso tenía preparada una cena romántica para recibir a la que ya sería exnovia del argentino, con sus velas, un violinista rumano que había secuestrado en el metro y platos típicos catalanes (espagueti a la boloñesa y vino de La Rioja). Cuando pude volver a casa, el rumano se había desatado y se había llevado mis espagueti. El vino no, a pesar de ser uno de los mejores Tetra Bricks de marca blanca que hay en el mercado. Por supuesto, quise presentar una queja formal ante la embajada rumana, pero no se tomaron a bien que entrara preguntando por el conde Drácula, entre carcajadas.

Es muy difícil ser español hoy en día. No nos toman en serio. Claro, como somos negros. Pero en fin, tampoco está mal que no haya guerra, ya que Argentina está en el hemisferio sur y no creo que los soldados españoles estén acostumbrados a caminar boca abajo mucho tiempo.
 
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lunes, 23. abril 2012
Jaime, 23 de abril de 2012 20:27:51 CEST
Eurovegas nació gracias a una apuesta
Publicado en Diagonal.

Eurovegas es una apuesta. Literalmente. Lo sé porque estaba allí. Suelo viajar mucho a Las Vegas, a las de verdad. Por trabajo: hay muchas ferias, congresos, este tipo de eventos a los que vamos las personas serias con trabajos de verdad.

No por los casinos. Detesto el juego. Apostar va contra mis principios: el dinero se gana trabajando. El caso es que hará ya unos meses, por un incidente en un casino en el que se me acusó de contar cartas, cuando yo creía que estaba jugando a la ruleta, me llevaron al despacho del encargado de seguridad.

Me dijeron cosas muy feas. Se me acusó de ir borracho, por ejemplo, cuando yo aguanto bien la bebida y si vomité encima de esa camarera sólo fue porque la segunda botella de Jameson estaba caducada.

Cuando iban por el decimocuarto puñetazo, entró en el despacho un tipo gordo y con el pelo embetunado.
—Te dije que colaría. Se han creído lo de Eurovegas.
El jefe de seguridad puso cara de ciruela pasa y gruñó tacos muy desagradables, como “carámbanos” y “voto a bríos”.
—Lo quieren en Madrid y en Barcelona. Que son dos ciudades, se ve.
—Yo soy de Bar... –callé a media frase porque por algún motivo (quizá los cuatro dientes que había en el suelo), me dolía mucho la boca al hablar.
—¿Y este quién es? ¿Qué dice de un bar?
—Nada, un borracho que ha quemado los lavabos. ¿Decías?
—Pues que ya puestos, y como se están peleando, voy a forzar, a ver hasta dónde llegan. Les he exigido que se pueda fumar en los casinos, poder edificar rascacielos al lado del aeropuerto y que me rebajen los impuestos. Porque claro, si no, la gente no se divierte y se pone triste.
—¿Y ha colado?
—Y tanto. De hecho, voy a seguir. Les explicaré que es normal que en los casinos haya drogas y que habrá que hacer la vista gorda con este tema. También, que tendremos que comprar un cargamento de señoritas del Este, para proporcionar un buen servicio a las despedidas de soltero y a los turistas solitarios. Por último, que es habitual que una noche de alcohol y juego acabe con algún asesinato y, como los jugadores no vendrán si pueden terminar en la cárcel, asesinar en Eurovegas tendrá que ser legal.
—Pero, pero...
—Bah, les he prometido crear 250.000 puestos de empleo. Ojo: directos e indirectos, que no soy tonto.
—Pero si en Las Vegas y en Reno sólo hay 300.000 empleados en el sector. Y tus casinos tienen unos 35.000 entre Las Vegas, Macao y Singapur.
—Pero yo cuento las generaciones venideras. Escucha, que para el final dejo lo mejor: exigiré una noche de sexo con la señora Aguirre y el señor Mas, unos políticos de por allí, con la promesa de que el mejor se llevará el premio... Er... Se te ha caído un ojo.
—Te mereces los cinco dólares que apostamos –contestó,mientras se lo volvía a colocar–. Pero al final, ¿qué harás?
—Compraré los terrenos que me van casi a regalar, removeré la tierra, alegaré inviabilidad económica del proyecto y venderé los solares por el doble en un par de años.

Los cinco nos reímos mucho.

El gordo, el jefe de seguridad, yo, los dos matones. Luego me pegaron un poco más y me arrojaron a un callejón. Gran noche. Aún me río al acordarme. Y también cuando pienso en Alcorcón. Es un nombre gracioso. Las Vegas en Alcorcón. Te vendo la Giralda. Tengo unas estampitas. Etcétera.
 
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